El TLP, aunque pueda parecerlo, no es un problema de educación sino un trastorno de personalidad, y no requiere medidas educativas sino un tratamiento adecuado. Además, ni sus padres ni el propio sujeto pueden poner límites; si el sujeto tuviera límites no sería un TLP (se trata de un trastorno límite, que desborda todos los límites), y si sus padres hubieran podido ponérselos puede que no se hubiera llegado a la situación que motiva la consulta, ¿no tiene más sentido tratar de descubrir qué es lo que imposibilita la existencia de esos límites que indicar a los padres que hagan algo que manifiestamente no pueden hacer, y no por falta de voluntad ni ignorancia?. Si una persona nos consulta por una escoliosis no se nos ocurriría decirle que caminara derecho, sino qué buscaríamos la causa de que no pueda hacerlo. Sigue leyendo →