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16 – Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)

/16 - Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)

http://vertele.eldiario.es/noticias/Cardenas-TVE-Tendeis-juntaros-TOC_0_1972602748.html?_ga=2.12804786.48219970.1515060645-1601332089.1496062622

enero 4th, 2018|

Javier Cárdenas ha convertido su primer Hora Punta de 2018 en trending topic con críticas de algunos espectadores. 

El programa de TVE ha tratado el tema de los Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC) entrevistando al paciente Manel Atserias y Blanca Bueno, psicóloga clínica.

El primer Hora Punta del año se convertía en trending topic con comentarios negativos por las preguntas del presentador a un abogado y paciente con Trastorno Obsesivo Compulsivo

03.01.2018

Javier Cárdenas ha convertido su primer Hora Punta de 2018 en trending topic con críticas de algunos espectadores. 

El programa de TVE ha tratado el tema de los Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC) entrevistando al paciente Manel Atserias y Blanca Bueno, psicóloga clínica.

Cárdenas: “Increíble lo que estás explicando porque eres una persona formada”

El presentador preguntaba por las consecuencias que sufrían las personas que los padecen y se sorprendía al descubrir lo que contaba su invitado: “Dios mío, increíble lo que estás explicando porque eres abogado, eres una persona formada y porque mucha gente puede pensar que esto a gente con un cierto nivel intelectual o formación no le ocurre, que está a salvo. Y el TOC no entiende de eso”. (Minuto 9:25 del vídeo)

A lo que Atserias bromeaba con que en su profesión ya conocía “a algunos”

“¿En serio Cárdenas acaba de hacer esa pregunta? “

En otro momento de la charla, Cárdenas pidió al resto de colaboradores que le dejaran un segundo para hacer la siguiente cuestión: 

“Una pregunta, el otro día trajimos a esta mesa a un grupo de superdotados que nos decían que se atraen entre ellos. Y las chicas se habían casado con otros superdotados y los hijos eran también superdotados… ¿sabéis por dónde voy, no?, ¿te entiende más otra persona que tiene otro TOC? Me refiero, ¿tendéis a juntaros más las personas que tenéis TOC o es otra historia? o al contrario, es peor?”. (Minuto 16:05 del vídeo)

Atserias aseguró que al ser diagnosticado lo pregonó a todos aquellos que le conocían pero no acabó de responder a lo que Cárdenas le había preguntado, por lo que el presentador volvió a insistir, esta vez dirigiéndose a la terapeuta: 

“Una pregunta Blanca: cuando os he hecho la pregunta de si las personas con TOC se atraen más te has callado y has dejado que hablara Manel, pero he tenido la sensación de que querías decir algo. 

Ella soltaba una risa nerviosa diciendo que le había parecido “curioso el dato de las parejas superdotadas pero no conozco estudios que valoren eso”. 

Dos preguntas del presentador que algunos espectadores consideraron inapropiadas. Así lo transmitieron en las redes: 

Tengo TOC desde los seis años y no puedo creerme la pésima entrevista que acaba de hacer @_javiercardenas. Vacía, superficial. Ha sido frustrante, ni el tono adecuado ni profundidad. Una estupidez #horapuntatve


El TOC y su tratamiento

septiembre 27th, 2017|

“Abre los ojos y mira por la ventana: ya amaneció. El despertador ha estado sonando desde las siete de la mañana. El reloj ahora marca las ocho. Es momento de iniciar otra vez, desde cero. Baja los pies con cuidado para no tocar el suelo. Coloca primero el pie derecho en la sandalia respectiva y luego el izquierdo. Se levanta y se dirige al baño. En el camino se topa con Camilo, el perro de la familia. La angustia irrumpe sorpresivamente. Camilo no debería estar adentro -pues anda en la calle y camina por lugares donde habitan gérmenes, bacterias, virus (…) No puede pasar por donde él está. Es imposible seguir. Se pregunta si Camilo habrá estado también en el baño, la cocina, la sala -¡seguramente lo ha ensuciado todo! -. Se acelera su ritmo cardíaco. Tiene que regresar a su habitación hasta que todo esté limpio nuevamente. Su padre le ayudará a sacar a Camilo de la casa y a limpiar, piensa. El padre considera que aquello es una exageración, pero lo hace. Una vez hecha la “descontaminación”, reanuda su recorrido hacia el baño. Mientras toma una ducha, limpia las sandalias y sus pies una y otra vez porque nunca es suficiente. Cree que veinte veces no son suficientes y a veces pierde la cuenta y debe empezar desde el principio. Cuando termina, limpia el baño hasta que no queda mancha alguna porque, si no lo hace, podrían proliferar hongos e infectarle. Sale del baño. Son las 11:11 de la mañana. Las horas se han ido volando y ella también piensa a veces que su vida y su energía se evaporan entre los múltiples rituales que obligadamente debe cumplir para prevenir una catástrofe evitable. Así no pasará nada. Así podrá mantener el equilibrio. Así seguirá viviendo porque la enfermedad y la muerte acechan en cualquier momento, atacando a los desprevenidos. Ahora tiene que descubrir a qué muebles se subió el perro… “
Siempre en mi mente“, El siglo de Torreón –
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1381207.siempre-en-mi-mente.html

“Llamamos ideas obsesivas a las ideas, pensamientos, impulsos e imágenes intrusos y persistentes en la mente del ser humano, que se repiten constantemente. Aun cuando se trate de evitar pensar en ellos, ahí están y una vez presentados no van a desaparecer solos.
El sujeto que los padece muchas veces valora estos pensamientos e imágenes como absurdos, ajenos a él y sus principios, pero no puede deshacerse de ellos”, explica la psicoterapeuta Mª del Rosario Aldaba González,

Los pensamientos obsesivos producen una irrupción de ansiedad y/o angustia. Para defenderse de esta agresión; que les viene desde dentro; suelen recurrir a compulsiones o rituales que les permiten disminuir la ansiedad y angustia generadas por la obsesión.
La compulsión se manifiesta en rituales que se vuelven repetitivos y que el paciente realiza para conjurar un peligro (muchas veces consciente) que podría imaginariamente suceder de no realizarlos. Esto puede mitigar la ansiedad, pero sólo temporalmente porque el ciclo de obsesiones y rituales reaparece en cualquier momento.
“Por ejemplo, si una persona va manejando y piensa que puede chocar, recurre a su razonamiento conduciendo con precaución y eliminando el pensamiento, pero si ese pensamiento surge en la mente de una persona obsesiva, podría repetirse constantemente”1, con el riesgo de accidentarse realmente

Manifestaciones:
“El trastorno puede manifestarse en cualquier terreno, pero hay obsesiones que se repiten con frecuencia: obsesión desmedida por la limpieza, el orden; la comprobación (“¿cerré con llave?”), la repetición de acciones o pensamientos, las normas rígidas, la enumeración, las preocupaciones religiosas, etc.,
“Hay personas que al vestirse tienen un orden específico para hacerlo… Si no siguen este orden experimentan ansiedad y angustia”
El Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) puede llegar a ser incapacitante para el estudio, el trabajo o las tareas del hogar. Al levantarse comienza su “via crucis”, como dice un paciente, un camino jalonado de enumeraciones, comprobaciones, pensamientos negativos etc.
Incluso personas que no llegan a cumplir los criterios diagnósticos del TOC, o lo hacen sólo parcialmente, pueden padecer un Trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad (TOCP) con manifestaciones disfuncionales de la personalidad.

Cuestión de empatía:
A las familias de las personas que padecen TOC, por lo general les resulta difícil comprender esta enfermedad, piensan que es exagerado y que esos pensamientos obsesivos se pueden controlar fácilmente. “La familia no entiende que la persona está sufriendo tanto; que para esa persona realizar los rituales es importantísimo para que su ansiedad disminuya y pueda volverse un poco funcional”, explica la psicoterapeuta Rosario Aldaba.

Tratamiento:
Si la persona manifiesta una ansiedad generalizada a causa de sus obsesiones (las compulsiones suelen ser rituales de defensa) puede beneficiarse de ciertos antidepresivos y ansiolíticos. Pero así como desconocemos la causa del TOC sabemos por experiencia que el tratamiento psiquiátrico no suele ser suficiente y es necesario realizar una psicoterapia.
En esos casos se trabaja conjuntamente con un psiquiatra y un psicólogo o un médico psicoterapeuta que reúna en sí ambas formaciones. “Ya que si combinamos el tratamiento psiquiátrico con psicoterapia podemos ayudar más al paciente”.
Otros pacientes puedan mejorar esas ideas, pensamientos e imágenes repetitivos con psicoterapia solamente.
Si el paciente acude primero a un psicólogo, excepto que la ansiedad sea extremadamente intensa y generalizada, puede intentarse el tratamiento psicoterapéutico sin recurrir a la medicación.
Si, por el contrario, acude primero a un psiquiatra, éste puede, después de medicar los síntomas más agudos, sugerirle que acuda a un psicólogo para realizar una psicoterapia que puede ser tanto o más eficaz que la medicación y tiene menos efectos secundarios.
Fuente: http://tocmexico.com.mx/

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

10 BUENAS RAZONES PARA CONSULTARA UN PSICÓLOGO

octubre 1st, 2016|

¿Cuándo debo considerar que mis dificultades son parte del sufrimiento común de la vida? ¿Cuándo debemos pensar que ocurre algo más y consultar a un psicólogo?

Cuando existen trastornos mentales precisos la respuesta es sencilla: siempre. Pero con otras dificultades no tan definidas la frontera puede ser más confusa.

No podemos dar una respuesta general a estas preguntas que algunas personas nos han realizado en el blog, pero sí mencionar 10 situaciones (hay más) en las que la mayoría de las personas no suelen consultar, y deberían hacerlo:

1-Una emoción negativa que dura demasiado.

Todos sufrimos ansiedad de vez en cuando. Por ejemplo presentarnos a un examen, sufrir un accidente, tener que entregar un trabajo en determinada fecha, son hechos que provocan estrés y ansiedad en casi todas las personas.

Una mudanza, una separación, la pérdida de un ser querido, producen aun más estrés, ansiedad y/o depresión. Hay emociones negativas que no pueden evitarse porque forman parte de la vida y son consecuencia natural de algunos de sus avatares. ¿Pero qué pasa cuando duran más de lo esperable?

Estar un año, o incluso dos, deprimido por una separación puede ser normal; pasarse seis meses sin salir de casa es preocupante.

Estar preocupado por haber tenido un accidente o padecer una enfermedad es normal; “torturarse” porque “podría” sufrirse un accidente o contagiarse una enfermedad podemos considerarlo no tan normal.

Estar intensamente triste, ansioso o angustiado continuamente sin motivo aparente implica que ese motivo es desconocido para la persona que lo padece.

Ante estos síntomas es conveniente consultar a un psicoterapeuta.

(Nota: Como hemos explicado en otro artículo, la psicoterapia es el tratamiento de los problemas psicológicos y emocionales por medio de la palabra, y psicoterapeuta el profesional que la realiza. Psicólogo es un título universitario que, en su especialidad clínica, habilita al ejercicio de la psicoterapia. En el presente artículo utilizamos indistintamente los términos psicólogo y psicoterapeuta)

2- Haber padecido más de un ataque de pánico.

Los ataques de pánico se caracterizan por sensaciones de asfixia, ahogo, palpitaciones y, sobre todo, impresión de muerte inminente.

Cuando una persona sufre un ataque de pánico consulta a un médico o acude a urgencias hospitalarias. Si los médicos no encuentran ninguna causa orgánica para estos síntomas diagnostican ansiedad y recetan algún ansiolítico.

Si la crisis se repite vuelven a acudir a urgencias con el mismo resultado o la soportan estoicamente. Lo que casi nunca hacen es consultar a un psicólogo, porque difícilmente aceptan que esos síntomas físicos puedan ser de origen psicológico.

Si ese es su caso y no quiere vivir permanentemente en una espiral de temor a padecer un ataque, conductas evitativas de lugares en los que no sea fácil acceder a una atención médica inmediata (espacios cerrados o abiertos, supermercados, cines, salas de espectáculo…) y miedo a la enfermedad y la muerte, necesita consultar a un psicólogo.

3- Padecer de enfermedades psicosomáticas

Cuando uno padece de uno o más síntomas en el cuerpo debe consultar a un médico. Pero si, después de una revisión clínica y algunos estudios, no se encuentran causas en el cuerpo, no hay más remedio que buscarlas en la mente.

Esto es así porque mente y cuerpo están íntimamente relacionados y se afectan mutuamente. Ciertas enfermedades orgánicas pueden producir síntomas y trastornos mentales. Del mismo modo muchos problemas psícológicos originan síntomas en el cuerpo.

Si ha acudido al médico, éste ha considerado su malestar de posible origen psíquico y los síntomas persisten o se reiteran, consulte a un psicólogo.

4- Ciertos rasgos de personalidad producen sufrimiento en sí mismo o en terceros.

La personalidad y el carácter suelen ser estables a lo largo del tiempo. Un cambio radical (irascibilidad, impulsividad, agresividad con otros o consigo mismo, celos desmedidos, llanto inmotivado y muchos otros) puede ser síntoma de depresión encubierta, inestabilidad emocional, un trastorno de personalidad o, incluso, los primeros síntomas de una psicosis. Es preferible no esperar a que la enfermedad se desencadene en toda su virulencia.

Hay personas que viven con un sentimiento crónico de vacío. Necesitan mucho afecto pero sin darse cuenta alejan de sí a la gente, por lo que se sienten rechazados. No toleran la frustración, pero son presa fácil de ella. Idealizan a su pareja o amigos y ante la menor decepción los desvalorizan. Pasan del amor extremo al odio cuando se sienten decepcionados. Tienden a consumir alcohol u otras sustancias, asumen riesgos innecesarios, viven al límite, en un continuo sobresalto.

En un sentido opuesto hay personas perseverantes, obstinadas, preocupadas por detalles, exageradamente críticas consigo mismo y con los demás y, al mismo tiempo, dubitativas. En la mayoría de los casos la obsesividad excesiva afecta a la eficiencia en el trabajo; la alteración de normas o hábitos produce ansiedad y/o agresividad; las relaciones de parejas y con amigos están perturbadas por la frialdad afectiva y las “manías”. Y lo peor es que les es difícil experimentar placer ya que la obsesividad no descansa ni en tiempo de ocio.

Otras personas muestran una emotividad intensa y un exceso de emoción expresada. Necesitan ser siempre el centro de la atención. Esto puede hacer que sean seductoras y dramáticas, con relaciones intensas y conflictivas.

Los nombrados sólo son algunos ejemplos de comportamientos que pueden producir mucho sufrimiento sin que la persona piense que tiene una dificultad por la que debería consultar a un psicólogo, porque los experimenta como parte de su carácter o personalidad, y cree que no pueden cambiarse; o, al contrario, teme que una psicoterapia le haga perder su personalidad. No es así, hay métodos terapéuticos para intentar solucionar lo que no funciona, o funciona mal, respetando la individualidad de la persona.

5- No dormir bien es un problema más serio de lo que mucha gente cree.

Dormir un mínimo de seis horas diarias es necesario para la salud física y mental. Un insomnio prolongado puede alterar sensiblemente la estabilidad psíquica y emocional.

Si le cuesta conciliar o mantener el sueño, se despierta reiteradamente y tiene dificultad para volver a dormirse, debería consultar a un neurólogo o a un psiquiatra para remediarlo.

6- ¿Está aislado socialmente?.

Si usted en situaciones sociales manifiesta una gran inhibición que impide expresarse, sentimientos de inferioridad y mucha sensibilidad a posibles juicios negativos, es probable que padezca fobia social, un trastorno que tiene tratamiento psicológico.

¿Es vergonzoso, tímido, solitario y aislado? ¿No está contento con esta soledad y aislamiento? ¿En realidad desea tener más y mejores relaciones con otros y sufre por su soledad? ¿Pero a la vez evita las situaciones sociales por la ansiedad o malestar que le producen? En ese caso puede padecer un trastorno de personalidad por evitación, un trastorno más resistente pero que, como todo trastorno de personalidad, puede tratarse con psicoterapia.

7- Tener dificultades serias con el estado de ánimo.

Tanto la intensa tristeza en una persona que anteriormente se mostraba alegre, como la euforia excesiva e imprevista, o la alternancia entre esos estados de ánimo extremos en personas que supieron ser más estables, pueden ser señales de que se puede estar experimentando un trastorno del estádo de animo.

Las personas que sufren trastornos del humor muchas veces consultan al psiquiatra, pero raramente consultan a un psicólogo. Hacen mal, porque la medicación puede atenuar los síntomas más acuciantes, pero no puede resolver estos problemas en profundidad como sí puede hacerlo una psicoterapia.

8 – Infancias poco felices

El diagnóstico más frecuente con el que los niños vienen a consulta es el Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH), quizás porque es el que más habitualmente se realiza en niños. Muchos padres consultan al psicólogo o psicoterapeuta especializado en niños porque se resisten a medicar a sus hijos o no quieren que dependad indefinidamente de la medicación.

Pero pueden presentarse muchas otras dificultades psicológicas en la infancia a las que se da menos importancia porque son menos conflictivas para padres y docentes: encopresis (defecación involuntaria de un niño de más de tres años sin causas orgánicas) o enuresis (orinarse en la cama); síntomas obsesivos y compulsivos precoces; pesadillas, temores y angustias infantiles; sentimientos de impotencia y falta de confianza en sí mismos; omnipotencia temeraria; ánimo triste sostenido; rabietas intensas; etc. Signos todos ellos de perturbaciones emocionales tempranas.

Los padres no suelen consultar a un psicólogo de niños porque atribuyen erróneamente las causas de estas dificultades a faltas disciplinarias o educativas. Pero la infancia no siempre es ese paraíso que el adulto rememora cuando lo ha perdido.

Otro motivo por el que no se suele consultar a un psicoterapeuta es el prejuicio de que “es demasiado pequeño para ir al psicólogo”. En la práctica clínica ocurre todo lo contrario: cuanto más precoz es una psicoterapia más probabilidades tiene de ser más breve y más eficaz, tanto en los beneficios terapéuticos rápidos como en la prevención a largo plazo de problemas mayores.

9 – Adolescencias difíciles.

El psicólogo Aníbal Ponce decía que dos sentimientos caracterizan a la adolescencia: la ambición y la angustia. Ambición de los adolescentes porque aún no se ha topado con las inevitables frustraciones que impone la dura realidad y, por lo tanto, todo es posible; y angustia de los adolescentes porque, si todo es posible, también lo es lo peor.

Conflictos familiares; abuso de alcohol, dorgas o internet; una actitud “pasota”ante los estudios y obligaciones, irresponsabilidad y rebeldía; inhibición, retraimiento social y depresión, son algunas de las manifestaciones más frecuentes.

Cuando de nada sirve nuestra experiencia, porque la experiencia es, por definición, intransferible; cuando de nada sirven nuestros consejos, que a veces bastan para que el adolescente haga exactamente lo contrario; cuando de nada sirven el exceso de rigor ni el exceso de comprensión, cuando asistimos impotentes al proceso autodestructivo de un hijo; ha llegado la hora de consultar a un psicoterapeuta.

10 – Instatisfacción con la propia vida y el modo en que se está desarrollando

Mucha gente se siente insatisfecha con su vida, imposibilitada de disfrutarla, sin entusiasmo ni motivación. Han vivido mejor o peor, alcanzado más o menos sus objetivos, pero llega un momento en que no se reconocen a sí mismos y se preguntan “¿Quién soy yo?”. Quisieran cambiar su vida pero no saben como hacerlo.

Generalmente no se les ocurre consultar a un psicólogo porque no ven de qué modo podría ayudarlos. Y, sin embargo, estar insatisfecho y querer cambiar puede ser el mejor motivo para realizar una psicoterapia. Son esas personas, con esos conflictos, las que mejor provecho sacan de ella.

TRAUMA y MÉTODO EMDR

febrero 8th, 2016|

La palabra trauma en griego significa “herida”. El trauma al que nos referimos es una “herida psicológica” que puede ser provocada por diversas situaciones.

La importancia de las causas del trauma no determina la calidad del daño que éste produce. Hay personas que han sobrellevado con bastante entereza psicológica y emocional grandes catástrofes y otras que parecen sucumbir ante traumas de menor envergadura aparente. Porque los efectos de los traumas dependen de cada persona, de su historia y entorno afectivo, del momento en que se hayan producido y de su reiteración a lo largo del tiempo.

UN APUNTE SOBRE SU ORIGEN

En 1987 la psicóloga Francine Shapiro descubrió que ciertos movimientos oculares reducían la angustia producida por pensamientos negativos. Inició entonces una investigación con sujetos traumatizados que concluyeron comprobando que el EMDR reducía de manera significativa los síntomas del Trastorno por Estrés Post Traumático.

En 1994 recibió el Premio a la Destacada Consecución Científica en Psicología otorgado por la Asociación Californiana de Psicología por este método terapéutico.

Desde entonces la práctica EMDR no ha dejado de extenderse a diversos países (especialmente anglosajones) y los más amplios problemas psicológicos: duelos, fobias, trastornos de ansiedad, depresión, TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), Trastornos alimentarios (anorexia y bulimia), trastornos somatomorfos (fibromialgia, cefaleas y otros trastornos psicosomáticos), adicciones, dificultades psicológicas en personas adoptadas, trastornos de conducta, TDA (trastorno por déficit de atención), TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).

¿CÓMO SE TRABAJA EN EMDR?

El abordaje empleado en EMDR se focaliza en tres aspectos:

  • 1) experiencias desagradables de la vida temprana
  • 2) experiencias estresantes del presente
  • 3) pensamientos y comportamientos deseados para el futuro

Psicoterapeuta y paciente conjuntamente identifican un problema específico, el más acuciante, en el que se focaliza el tratamiento. El paciente describe el acontecimiento traumático y es ayudado por el terapeuta a seleccionar los aspectos más significativos y angustiantes del acontecimiento.

El psicólogo o psiquiatra adiestra al paciente a realizar  determinados movimientos oculares rápidos u otra estimulación cerebral bilateral. Mientras los realiza afluyen a su conciencia otros aspectos del recuerdo traumático (algunos aparentemente ya olvidados, pero que continúan ejerciendo un efecto negativo desde el subconsciente) u otros recuerdos. El psicoterapeuta guía el procedimiento para asegurarse que el paciente esté procesando adecuadamente.

La estimulación cerebral bilateral puede ser:

  • a) Visual:el paciente mueve los ojos de un lado al otro guiado por el terapeuta
  • b) Auditiva:el paciente escucha sonidos alternados en ambos oídos
  • c) Kinestésica:el psicoterapeuta golpetea suavemente y en forma alternada sobre las manos o los hombros del paciente.

Una vez localizado el estímulo más adecuado a cada paciente, este estímulo  facilita la conexión entre los dos hemisferios cerebrales permitiendo un nuevo procesamiento de la información almacenada y produciendo la disminución de la carga emocional que acompaña al recuerdo traumático.

El psicoterapeuta guía clínicamente el proceso y orienta hacia la dirección que debe seguir la intervención para ser eficaz. La meta es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático  llevándolo a lo que la Dra. Francine Shapiro llama una “resolución adaptativa”:

  • a) una reducción de los síntomas
  • b) un cambio en las creencias
  • c) la posibilidad de funcionar mejor en la vida cotidiana.

RECONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS DEL EMDR

  • EMDR ha sido reconocida como abordaje eficaz para el TEPT (trastorno de estrés postraumático) por la APA (Asociación Americana de Psicología)
  • Los departamentos de Saluddel Reino Unido, Irlanda del Norte, Holanda, Francia han declarado al EMDR como abordaje de elección para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático
  • El NICE(Instituto Nacional para la Excelencia Clínica) de Gran Bretaña declara al EMDR como uno de los tratamientos de elección con apoyo empírico para el TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático) en adultos.
  • SAMHSA (administración de servicios de uso de sustancias y salud mental) y NREPP (registro nacional de programas y prácticas basados en evidencia) citan a EMDR como una práctica basada en la evidencia para el tratamiento del TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático), la ansiedad y la depresión.
  • LA OMS(Organización Mundial de la Salud) reconoce el impacto mundial de EMDR indicando que este tratamiento psicológico debe ser considerado “para adultos con trastorno de estrés postraumático (TEPT)”

 

El terror de los diagnósticos

octubre 25th, 2013|

Un diagnóstico, pongamos como ejemplo el de Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), uno de los más frecuentes hoy en día, puede tranquilizar a un sujeto, porque le pone nombre a los problemas que tiene y les otorga una causa supuesta, una enfermedad.

Pero luego esa misma persona se pone a consultar por internet y encuentra comentarios de todo tipo, se siente identificado con muchos de ellos, se ve ante una enfermedad sin cura (eso es lo que dicen muchos comentarios y notas sobre el TLP) y lo inunda la angustia. Los efectos pueden ser devastadores.

No es esto lo que muestra nuestra experiencia clínica. Al contrario, en esa ya larga experiencia nos hemos encontrado con muchas personas distintas, también con muchos diagnósticos diferentes, y la mayoría de ellas, con un tratamiento adecuado y mucho trabajo por su parte, han progresado, evolucionado y desarrollado una vida que podemos llamar “normal” (palabra que no nos gusta porque implica una sujeción a la norma y nosotros trabajamos con personas, no con diagnósticos, personas que deben crear una solución personal y singular a los problemas que las aquejan).

Hay una diferencia significativa entre el ser y el tener. Muchas personas se presentan en nuestras consultas diciendo “Soy un TLP” o “Soy un TOC”, o “Soy un bipolar”, etc. Nadie es un TLP, nadie es un diagnóstico, sino una persona con determinados problemas que le han valido ese diagnóstico. La esencia de las personas no suele variar, pero las enfermedades, trastornos o diagnósticos sí pueden cambiar trabajando con ese fin.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC) Y NEUROSIS OBSESIVA: ¿cuál es la diferencia?

febrero 20th, 2008|

En muchas webs encontrará que neurosis obsesiva y TOC son sinónimos, pero no lo son.

¿Qué es la Neurosis Obsesiva? 

En el siglo XIX, Falret, un alienista francés, introdujo el término obsesión para definir una patología por la que “el sujeto es asediado por ideas patológicas, una falta que lo acosa y obsesiona“. El término fue traducido por la psiquiatría alemana como “Zwang”, compulsión. Fue Freud el primero en ubicar la enfermedad, que él llamó Neurosis Obsesivo – Compulsiva, en el registro de las neurosis y dotarla de contenido.

“En su forma más típica, el conflicto psíquico se expresa por los síntomas llamados compulsivos: ideas obsesivas, compulsión a realizar actos indeseables, lucha contra estos pensamientos y tendencias, ceremoniales conjuratorios, etc., y por un tipo de pensamiento caracterizado especialmente por la rumiación mental, la duda, los escrúpulos, y que conduce a inhibiciones del pensamiento y de la acción”. Pero esta concepción permite también “relacionar con la neurosis obsesiva ciertos cuadros clínicos en los que los síntomas obsesivos [y compulsivos], propiamente dichos, no son evidentes a primera vista” (“Diccionario de Psicoanálisis” de Laplanche y Pontalis).

El cuadro fue tomado por toda la Psiquiatría Psicodinámica y gran parte de la Psiquiatría Biológica, aunque con diferencias teóricas con el psicoanálisis, tanto respecto de su causa probable como de su clínica.

La neurosis obsesiva así definida permite diferenciar entre formas egodistónicas, es decir que producen conflictos a la persona que las padece, y formas egosintónicas (las llamadas “neurosis de carácter”), en las que la persona convive con su personalidad obsesiva sin que esto implique mayor conflicto. El psicoanálisis va más allá. Cuestiona que exista salud psíquica y considera que todas las personas somos mentalmente un poco patológicas, lo que variaría entre las personas consideradas mentalmente sanas y las consideradas enfermas sería la patología y su grado. Así habría personas que requerirían tratamiento y otras que no, no personas sanas y enfermas. Para esta disciplina las neurosis egosintónicas serían lo más parecido a lo que otros consideran salud mental

¿Neurosis o Trastorno? 

Cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) decidió realizar una Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (conocida como CIE y que va ya por su décima revisión), se encontró con que en el campo de la Salud Mental existía una enorme dispersión diagnóstica entre corrientes de pensamiento diversas. Esta dispersión obstaculizaba toda posibilidad de realizar estudios cuantitativos. Decidió entonces homologar la clasificación respetando las diferentes concepciones (La Asociación de Psiquiatría Americana, poco proclive a aceptar clasificaciones internacionales, desarrolló su propio manual, el DSM, que es el más conocido por el público aunque, excepto en USA, los profesionales deban utilizar las categorías diagnósticas del CIE. Ambos manuales se aproximan cada vez más en las sucesivas revisiones).

Un comité de psiquiatras expertos llegó a un acuerdo de mínimos que pretende englobar los síntomas mentales manifiestos en un conjunto (bastante grande) de cuadros diagnósticos. Al ser esta clasificación de uso obligatorio para los psiquiatras, independientemente de su corriente psiquiátrica, ha acabado por popularizarse. Es más, se ha terminado por suponer que a cada uno de estos diagnósticos, acordados y sometidos a revisión periódica, le corresponde una causa y un tratamiento común, mientras que los manuales diagnósticos no suponen ninguna de las dos cosas, ya que su función es la de servir a investigaciones, tanto de sus causas probables como de los tratamientos más eficaces.

Puesto que no todos los psiquiatras están de acuerdo en categorías diagnósticas como neurosis o psicosis, se decidió prescindir de ellas y se optó por un término más ambiguo: “disorder” (literalmente: desorden o disturbio), que en castellano, y en el ámbito de la salud mental, se traduce como trastorno.

Así, los diagnósticos de neurosis, clásicos en psiquiatría, se han dispersado en diversos trastornos. En el caso de la neurosis obsesiva u obsesivo-compulsiva, su forma típica, la que incluye ideas obsesivas y compulsiones nítidas, ha quedado encuadrada en el Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC, como un trastorno neurótico en el CIE 10 y como un trastorno de ansiedad en el DSM IV; mientras que “ciertos cuadros clínicos en los que los síntomas obsesivos [y compulsivos], propiamente dichos, no son evidentes a primera vista”, pero que se reconocen por los profesionales como relacionados con ellos, se encuadran en el Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad (DSM IV) o Trastorno Anancástico de la Personalidad (CIE 10).

En ambos casos se trata de trastornos egodistónicos, que producen malestar en quien los padece. Las neurosis egosintónicas, aquellas en los que la persona se siente totalmente identificada con sus síntomas y no los considera ajenos a su ser ni le producen especial malestar, no pueden considerarse trastornos ni desórdenes, por lo que no se incluyen en las clasificaciones, con algunas excepciones. Las excepciones se refieren a aquellos casos que, sin que la persona lo viva como un trastorno, afectan a terceros. Un ejemplo típico sería el Trastorno de Personalidad Antisocial, pero también podríamos incluir en este registro egosintónico el Trastorno Negativista Desafiante (DSM IV) o algunos casos de Trastorno por Déficit de Atención, con o sin hiperactividad. La diferencia esencial es que en el caso de una persona adulta es muy difícil que consulte por un trastorno egosintónico y, en caso de hacerlo (porque se enfrenta a problemas con terceros o con la ley, por ejemplo), es difícil que el tratamiento prospere. En el caso de niños y otras personas dependientes, sus familiares o cuidadores pueden conducirlos a un tratamiento aunque el niño no lo viva como un trastorno, y el tratamiento puede ser igualmente eficaz.

En resumen:

– La Neurosis Obsesiva puede corresponderse al Trastorno Obsesivo Compulsivo, al Tr
astorno Obsesivo Compulsivo (o Anancástico) de la Personalidad o, incluso, a otros trastornos de los manuales diagnósticos (por ejemplo: algunos trastornos del humor en los que la coloración afectiva depresiva predomina como principal manifestación de lo que podría considerarse una neurosis obsesiva).

– La Neurosis Obsesiva admite casos egosintónicos, no así los trastornos obsesivos que figuran en los manuales. Podemos decir que una persona tiene una Personalidad Obsesiva, pero no podemos clasificarla como Trastorno de Personalidad si las características de su personalidad no le producen desórdenes o “disturbios” a él mismo o a terceros.

¿CUÁL ES LA OPINIÓN DE PERSONA-PSI AL RESPECTO?:

– Creemos que existe un amplio espectro de trastornos o neurosis obsesivas que no siempre encajan en una clasificación diagnóstica forzosamente rígida, por lo que hay que estudiarlos caso por caso.

– No existe una causa común científicamente demostrada para todo el espectro. Hay hipótesis fundadas que les atribuyen una causa biológica, otras causas psicológicas o ambientales. Probablemente porque interviene más de un factor.

Estudios estadísticos sugieren cierta predisposición genética; la eficacia relativa de los inhibidores de la recaptación de serotonina la participación de algunos neurotransmisores; la eficacia psicoterapéutica la de factores específicamente psíquicos.

Parece lógico pensar que existe predisposición biológica (genética o de otro tipo), probablemente necesaria, pero no suficiente para desencadenar el trastorno. Sobre la predisposición orgánica actúan experiencias de la infancia y adolescencia (que es cuando se forja la personalidad) y los modos en que el niño y el adolescente han experimentado esas experiencias y respondido a las exigencias que la vida les planteó. Y finalmente, pero no menos importante, participan factores desencadenantes actuales. 

¿Quiere decir esto que nos oponemos a los tratamientos biológicos?

No, de ningún modo. La medicación puede ser necesaria si la gravedad del caso así lo sugiere.

Pero, con o sin medicación, es necesario un tratamiento psicoterapéutico para remover los conflictos psíquicos en juego y que el sujeto adquiera un mejor manejo (es decir: más saludable) de su herencia biológica y sus condicionamientos infantiles.

¿Quiere decir que la psicoterapia debe remontarse a la infancia? 

No necesariamente. Lo que se haya torcido en la infancia se repite y se actualiza en el presente, y es el presente y no el pasado lo que se trata de resolver.

Luis Teszkiewicz – Psicoterapeuta
Dra. Marina Averbach – Médico Psiquiatra

DOS TRASTORNOS OBSESIVOS: EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Y EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO DE LA PERSONALIDAD

marzo 15th, 2006|

Decíamos en otro artículo en esta misma web (”¿Qué es el Trastorno Obsesivo Compulsivo?”) que los manuales diagnósticos distinguen dos trastornos obsesivos: un trastorno ansioso y un trastorno de la personalidad (también llamado Trastorno Anancástico de la Personalidad). Comenzaremos por este Trastorno de Personalidad:

Trastorno Obsesivo Compulsivo de La Personalidad

Las personalidades obsesivas son, en principio, fáciles de reconocer. Todos conocemos a alguien (o nosotros mismos) excesivamente preocupado por las reglas, el orden o el control. Alguien al que le cuesta expresar sus emociones. Perseverante, obstinado, preocupado por detalles, exageradamente crítico consigo mismo y con los demás y, al mismo tiempo, dubitativo.

En principio, estos rasgos de personalidad no son malos, pueden incluso usarse para mejorar la eficacia laboral o en los estudios (si se elige una actividad adecuada a la propia persona), y pueden favorecer la estabilidad en la pareja. Así nos encontramos con muchos obsesivos exitosos profesionalmente, con familias “bien constituidas” y una vida satisfactoria (dentro de los límites que a todos nos impone la realidad).

Pero, lamentablemente, en la mayoría de los casos no es así. La obsesividad suele afectar a la eficiencia en el trabajo, la alteración de normas o hábitos produce ansiedad (y, muchas veces, agresividad), las relaciones de parejas y con amigos pueden estar perturbadas por lo que ellos (pareja o amigos) consideran frialdad afectiva y manías. Y aún cuando son exitosos, los obsesivos casi siempre se sienten insatisfechos con sus logros, tanto profesionales como personales, y, lo que es peor, les es difícil experimentar placer, ya que la obsesividad no descansa ni en tiempo de ocio.

Esto es lo que nos parece más importante, más que cualquier definición diagnóstica sintomática (que ahora pasaremos a ver), porque de lo que se trata es de evitar el exceso de sufrimiento por causas psicológicas. Si una persona funciona “satisfactoriamente”, no requiere de nuestra intervención. Si hay exceso de sufrimiento, es preferible buscar ayuda que someterse a un padecimiento tan excesivo como innecesario.

Si las características de su propia “personalidad” producen este sufrimiento, no dudemos que estamos ante lo que la psiquiatría clásica llamaba Neurosis y lo que los manuales diagnósticos actuales llaman Trastorno de Personalidad, aunque para ello requieran el cumplimiento de ciertos criterios (siempre a juicio del profesional).

Criterios Diagnósticos de Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad

Seguiremos los criterios diagnósticos del DSM IV (Manual Diagnóstico de la Asociación de Psiquiatría Americana), aunque usando nuestras propias palabras y acompañándolos de ejemplos comunes, para hacerlos más fácilmente comprensible:

“Una persona con una excesiva preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental sobre sí mismo y sus relaciones con los otros” (la personalidad obsesiva que definíamos antes), “con al menos 4 de los siguientes síntomas” (que serían los que autorizan a hablar de Trastorno y no sólo de características de la personalidad):

 

1. Preocupación por los detalles, las normas, las listas, el orden, la organización o los horarios, hasta el punto de perder de vista el objeto principal de la actividad (p. ej.: repasar una y otra vez una tarea ya terminada para comprobar posibles errores)
2. Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas por quedarse pendiente de detalles (p. ej.: un estudiante que “pierde el tiempo” pasando los apuntes “en limpio” en lugar de concentrarse en el estudio, o una vendedora que ofrece tantas alternativas al cliente que lo lía y ya no compra nada). Nota: una personalidad narcisista también es perfeccionista, pero suele quedar conforme con sus logros, mientras que al obsesivo toda perfección le parece insuficiente.
3. Dedicación excesiva al trabajo en perjuicio de las actividades de ocio y las amistades (p. ej:, postergar indefinidamente una salida con amigos; sensación de estar “perdiendo el tiempo” en una actividad no productiva, aunque podría ser placentera; planificar meticulosamente una actividad cuyo objetivo supuesto es pasárselo bien).
4. Terquedad, escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores (p. ej.: respeto obsesivo a las normas o a la autoridad).
5. Incapacidad para tirar objetos inútiles, incluso cuando no tienen un valor sentimental (lo que puede dar lugar a fuertes discusiones si quien los tira es su pareja o un familiar).
6. Resistencia a delegar tareas o trabajo en otros, a no ser que éstos se sometan a su manera de hacer las cosas (p. ej.: rechazar ayuda que podría ser útil, incapacidad para aceptar otros puntos de vista o, como dice el ICD, “resistencia poco razonable a dejar a los demás hacer lo que tienen que hacer”).
7. Estilo avaro en los gastos propios y de los otros (el dinero es algo que hay que acumular en previsión de posibles catástrofes futuras).
8. Rigidez y obstinación. A lo que añadiríamos ira contenida, especialmente cuando le llevan la contraria (cuando falla la contención, puede dar lugar a estallidos desproporcionados, incluso para el propio sujeto).

 

 

El ICD (Manual Diagnóstico de la Organización Mundial de la Salud) coincide en la mayoría de criterios, pero incorpora otros que nos parecen fundamentales: 

a) Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda inseguridad personal (ver “Los obsesivos, esos grandes incomprendidos”, en esta misma web).
Esta indecisión puede ser un síntoma de severos efectos inhibitorios. Algunos profesionales la llamamos procastinación (del inglés, procrastination: postergación o dilación), para designar la tendencia obsesiva a “postergar para nunca” una tarea necesaria, una declaración amorosa o un simple llamado telefónico.

e) Limitación para expresar emociones.

h) Irrupción no deseada e insistente de pensamientos o impulsos (obsesiones y compulsiones).

No deja de ser llamativo que en el DSM no figuren los dos síntomas que dan nombre al trastorno: las obsesiones y las compulsiones. Esto es así porque los psiquiatras americanos han preferido reservarlos para un trastorno de ansiedad, el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

 

Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)

Las obsesiones son ideas, deseos, o preocupaciones que no se pueden apartar de la mente, y que suelen producir ansiedad. Son pensamientos que invaden la conciencia, imponiéndose a la voluntad de quien los padece, al que pueden parecerle absurdos, opuestos a sus deseos o, incluso, provocarle rechazo (po
r ejemplo, un niño al que se le impone la idea de que su madre, enferma o no, va a morir). El sujeto intenta resistirse a estos pensamientos ignorándolos o tratando de suprimirlos mediante un acto de voluntad, un pensamiento opuesto o un gesto.

Las compulsiones son comportamientos o pensamientos que se repiten y que pueden aliviar temporalmente la ansiedad. Son actos o conductas destinadas a provocar un suceso que se desea o a prevenir uno que se teme (siguiendo con el ejemplo anterior, el niño comenzó a sentir la necesidad de tocar determinados objetos, “mis dedos parecían atraídos por un impulso irresistible”. Con el tiempo esta persona descubrió que eran actos mágicos destinados a evitar la muerte de la madre, pero no siempre es tan sencillo descifrar el sentido de un acto compulsivo).

La actividad compulsiva no está ligada coherentemente al efecto que se propone producir (no diríamos lo mismo de un acto mágico realizado con el mismo fin en determinada tribu porque, en este caso, sería coherente con un conjunto de creencias compartidas; ni del acto trivial de “tocar madera” que responde a una superstición común, aun cuando se haga sin autentica convicción).

El acto es realizado compulsivamente, por lo que, sobre todo al principio, uno puede desear resistirse, aunque es probable que, con el tiempo, se acostumbre y experimente alivio al realizarlo. La persona siente subjetivamente que el acto es absurdo (no necesariamente en niños pequeños), y tampoco le proporciona placer, pero sí un alivio de ansiedad por descarga de tensión.

Estas obsesiones y compulsiones producen malestar y suelen interferir en la vida.

 

¿Dos Trastornos?

Cuando se presentan obsesiones y compulsiones claramente definidas, los manuales nos indican diagnosticar T.O.C. No es por tanto difícil diferenciar ambos trastornos, y así lo entienden la mayoría de los profesionales. Por ejemplo: la compulsión a acumular objetos puede presentarse en ambos trastornos, pero no es lo mismo una “manía” (indicio de un Trastorno de Personalidad) que cuando esta acumulación de objetos inútiles llega a dificultar circular por la casa (lo que nos hará sospechar la presencia de un TOC). Siendo una diferenciación relativamente fácil de establecer, no podemos dejar de señalar que establece sólo una diferencia cuantitativa. ¿Implica también una diferencia cualitativa?.

Si obsesiones y compulsiones sólo se presentan en uno de los trastornos, ¿por qué llamar al trastorno de personalidad “Obsesivo Compulsivo”?. ¿No será porque los profesionales encargados de realizar los manuales diagnósticos reconocen un parentesco, una afinidad entre ambos trastornos, pese a mencionar síntomas diferentes en cada uno de ellos?

Para complicar más las cosas, los mismos manuales nos dicen que, si se cumplen los criterios para ambos trastornos, hay que diagnosticar los dos. En la práctica es frecuente que un Trastorno de Personalidad como el que hemos definido, más tarde o más temprano, puede llegar a desarrollar obsesiones y compulsiones inequívocas, con lo que debemos diagnosticar un TOC, sin que por ello el trastorno de personalidad haya desaparecido. Por otro lado, la mayoría de quienes padecen un TOC tienen características de personalidad obsesivo compulsivas.

Más significativo aún, los antidepresivos que tienen cierta eficacia en uno de los trastornos (siempre relativa y dependiendo de la persona), suelen ser igualmente eficaces en el otro.

Tampoco hay diferencias significativas en el encuadre de la mayoría de las psicoterapias (probablemente con la excepción de ciertas terapias conductuales).

¿No es más lógico, entonces, pensar a los Trastornos obsesivos como un continuo que se extiende desde las personalidades afectadas por “una excesiva preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control” hasta las personas seriamente incapacitadas por sus obsesiones y compulsiones, reconociendo una extensa variedad de tonos intermedios?. Todas ellas requieren atención en la medida en que todas padecen por causas psíquicas.

Caemos entonces en la cuenta de que ese amplio espectro era precisamente lo que englobaba la psiquiatría clásica bajo la denominación común de Neurosis Obsesiva y lo continúa guiando la práctica de muchos profesionales. Pero eso será tema de un próximo artículo.

¿QUÉ ES EL TRASTORNO OBSESIVO – COMPULSIVO?

febrero 23rd, 2006|

Freud fue el primero en proponer la Neurosis Obsesiva como entidad clínica, clasificándola como una neurosis, según la terminología de la época, para establecer así su origen psicológico, en oposición a las Psicosis a las que se suponía de origen orgánico. Si bien sus síntomas más representativos ya eran conocidos, nunca antes se la había considerado una entidad clínica independiente y el campo de las neurosis aparecía dominado por la histeria.

En realidad, el nombre que Freud le dio fue el de Zwangneurose. El termino alemán Zwang significa tanto obsesión como compulsión, por lo que su traducción más correcta sería la de Neurosis Obsesivo – Compulsiva, y estos dos síntomas siguen siendo considerados los más característicos de estos trastornos.

Empecemos por definir estas palabras. ¿Qué nos dice el diccionario?:

Obsesión: Idea, deseo, preocupación, que no se puede apartar de la mente. Por ejemplo: “tiene una auténtica obsesión con la eficiencia”.En la vida cotidiana a las obsesiones suele llamárselas .

La palabra compulsión tiene tres acepciones:
Compulsión: 1 – Amenaza o intimidación.
2 – Impulso irresistible u obsesivo a la repetición de una acción determinada. Por ejemplo: “siente compulsión por la comida”.
3 – (en derecho): Obligación de hacer algo por haber sido compelido por una autoridad legal.
Obviamente, cuando hablamos de compulsiones en el marco de los TOC nos referimos a la segunda acepción del diccionario, pero el sujeto que padece este trastorno actúa como si lo hiciera realmente bajo una “amenaza” o estuviera “compelido por una autoridad”, aunque en este caso no sea una autoridad legal.

En psiquiatría, siguiendo al DSM-IV (Manual de Clasificaciones diagnósticas), las obsesiones se definen como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes persistentes, que se imponen al sujeto fuera de su voluntad y generándole ansiedad.
Las compulsiones se definen como comportamientos o pensamientos repetitivos, y su propósito es aliviar la ansiedad producida por las obsesiones.

La neurosis descripta por Freud, a diferencia de otras de sus invenciones, fue rápidamente aceptada por la psiquiatría, incorporándola a sus clasificaciones diagnósticas.Hoy en día la neurosis ha sido eliminada de las clasificaciones psiquiátricas, y sus cuadros se han repartido entre Trastornos y Trastornos de Personalidad.

Esto se presta a confusiones, porque tanto el DSM IV como el ICD 10, los dos manuales diagnósticos al uso, incluyen dos trastornos obsesivos – compulsivos diferentes: el TOC o Trastorno Obsesivo Compulsivo propiamente dicho (que el DSM incluye en los Trastornos de Ansiedad) y el Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad (Trastorno Anancástico de la Personalidad en el ICD).

Ambos requieren tratamiento (y muy similares, por cierto), pero su “gravedad” y pronóstico son muy diferentes.

LOS OBSESIVOS, ESOS GRANDES INCOMPRENDIDOS

febrero 17th, 2006|

Vistos desde fuera, sin comprensión de sus mecanismos ni, menos aún, de sus padecimientos, los obsesivos se prestan fácilmente a la ironía, cuando no a la burla de los otros. Vistos desde fuera, “dan risa”.

Y así, en “Mejor Imposible”, Jack Nicholson hizo reír a millones de personas con las dificultades de su personaje para llevar una vida “normal” y placentera, forzado por un impulso desconocido a caminar por las calles sin pisar las separaciones entre baldosas (algo, por cierto, nada fácil), a oprimir un número determinado de veces el interruptor para poder encender una luz, incapacitado para relacionarse amorosa o afectivamente con los otros personajes de la película.

O podemos reír en TV Digital con las desgracias de “Monk”, un detective capaz de resolver los casos más difíciles con su asombrosa inteligencia, pero incapaz de no contar los postes junto a los que pasa corriendo tras un criminal, o de estrechar una mano sin tener que lavarse inmediatamente, mientras lo asaltan múltiples fobias y lleva una vida social empobrecida, rechazado por el cuerpo de policía al que desea volver a pertenecer.

O recordar cómo nos hemos divertido, viendo la ya clásica “La extraña pareja”, con las tribulaciones de Jack Lemmon para mantener limpio e impoluto el piso de solteros que comparte con Walter Matthau.

Pero ¿de qué nos reímos? En esas películas está claro que el personaje sufre, y en la vida real la Neurosis Obsesiva no resulta para nada graciosa.

?

Marcelo necesita trabajo. Le ofrecen un puesto que le interesa y para el que está muy capacitado. Su curriculum ha gustado y el jefe de personal es amigo de la familia. No falta más que pasar la entrevista. Y ahí empiezan los problemas.

Está ansioso desde la mañana. Comienza a vestirse con mucha anticipación, pero el traje que había elegido de pronto le parece inadecuado. Revisa el armario probándose todo su contenido. Por una razón o por otra nada le convence y opta por volver a ponerse el primer traje, aunque con disgusto.

Ya en la calle, duda entre coger el bus o el metro. El metro es más rápido, pero lo deja más lejos y quizás el tiempo total sea mayor. Ayer había decidido coger el bus, pero ya perdió mucho tiempo vistiéndose. También podría ir en coche, aunque ¿dónde estacionarlo?…

Llega corriendo, tarde y sudoroso. Su aspecto le parece deplorable. Ya en la entrevista, todas las frases ensayadas se le antojan absurdas, no sabe cómo responder, duda, balbucea…

Cuando, por excepción, logra realizar una entrevista en condiciones, aún así, sale de ella atacado por lo que los franceses llaman “espíritu de escalera” y, mientras baja en ascensor, comienza a repasar los errores cometidos, a pensar en lo que debería haber dicho, rehaciendo una y otra vez la entrevista en su imaginación, corrigiéndola. Le espera otra noche de insomnio.

¿Es graciosa esta historia real? Seguramente no para Marcelo.

?

Pablo se ha casado con la muchacha que ama. A los pocos meses ella lo deja. Dice que no soporta su manía de orden, su costumbre de reordenar lo que ella ya ha ordenado, su furia contenida cada vez que ella guarda el salero en el sitio que, según él, no le estaba destinado.

Mónica se pasa el día limpiando. Limpiando la casa, sus manos, su cuerpo. Llega a la noche agotada y frustrada por todas las cosas que hubiera querido hacer y no ha hecho. Y, lo que es peor, desesperada porque sabe que mañana le ocurrirá lo mismo.

No, el Trastorno Obsesivo Compulsivo no es gracioso, es muy triste. Porque, aún en casos menos extremos que los citados, siempre hay algo de vida desperdiciada, de posibilidades de placer desaprovechadas, de exceso de esfuerzo en el trabajo o los estudios. Siempre dudando, sin llegar siquiera a saber qué es lo que desea, siempre forzado a realizar pequeños actos inútiles, condenado a la angustia o la ansiedad por cualquier alteración en su rutina. Los obsesivos padecen, y mucho.?

Pero, pese a su padecimiento, el pronóstico, con un tratamiento adecuado,? es optimista, porque, a diferencia de otros trastornos de personalidad, las personas con personalidad obsesivo compulsiva suelen ser conscientes de su sufrimiento y pueden aceptar ayuda más fácilmente.

L. Luis Teszkiewicz
Dra. Marina Averbach