Find the latest bookmaker offers available across all uk gambling sites Bets.Zone Use our complete list of trusted and reputable operators to see at a glance the best casino, poker, sport and bingo bonuses available online.

09 – Prensa

/09 - Prensa

Las muertes por suicidio duplican a las de accidentes de tráfico

Noviembre 29th, 2016|

Extractos del artículo publicado por Jessica Mouzo Quintáns en “El País” el 21 de octubre de 2016. Y reflexiones propias.

Más de 10 personas fallecen cada día en España por suicidio. Con 3.910 muertes al año el suicidio continúa por tercer año consecutivo marcando récord, situándose como primera causa de muerte no natural en nuestro país, más del doble de los fallecidos en accidentes de tráfico. Aunque con menos repercusión en los medios.

Y puede que sean más, porque hay un tabú al respecto y muchos suicidios se disfrazan bajo el eufemismo de “accidentes”, como el atropello mortal de una persona en las vías del tren sin que nadie parezca preguntarse por qué estaba allí.

El número de hospitalizaciones por tentativas de suicidio también se ha incrementado en los últimos años.

Desde el inicio de la crisis, los suicidios aumentaron un 48% y se mantienen como la primera causa de muerte prematura entre personas de 15 a 45 años. “La falta de ocupación se asocia con problemas de salud físicos y mentales que incluyen depresión, ansiedad y el aumento de las tasas de suicidio”. Aunque algunos expertos creen que: “Más allá de la influencia del aumento de paro, no se ha podido demostrar que la crisis económica provoque más suicidios. No hemos visto una asociación muy importante, aunque sí algunos casos”, matiza el doctor Diego Palao, jefe del servicio de salud mental del hospital Parc Taulí de Sabadell.

 

Hay más tentativas de suicidio en mujeres, pero más hombres fallecidos.

Aunque la mayoría de las tentativas de suicidios las realizan mujeres, un 74% de las muertes consumadas son hombres.

Más del 80% de las personas que intentan suicidarse tienen (…) algún trastorno mental, psiquiátrico o psicológico, como la depresión, otros trastornos afectivos (Trastorno Bipolar, distimia), trastornos de personalidad (fundamentalmente el Trastorno Límite de Personalidad o TLP), psicosis (esquizofrenia, paranoia, trastorno delirante persistente).  Cuando se asocia al consumo excesivo de alcohol el rieso es mayor. Trastornos psicológicos que en su mayoría no han sido debidamente atendidos por psiquiatras, psicólogos o psicoterapeutas.

El grueso de los fallecimientos se concentra en la edad adulta: entre los 45 y los 64 años, pero también es preocupante la incidencia en los más jóvenes, menores de 25 años. “En adolescentes son comunes las tentativas, pero son menos frecuentes los suicidios consumados”, apunta el Dr. Palao.

Suelen ser chicas, que no necesariamente padecen un trastorno mental grave, pero que pueden tener una reacción autodestructiva ante situaciones emocionales que las desbordan, y que no han consultado previamente a un psicólogo psicoterapeuta o han abandonado la psicoterapia.

Nunca debemos minimizar una tentativa de suicidio. Muchas veces no hay una auténtica voluntad de matarse, pero el riesgo existe. En ocasiones se interpreta que han querido “llamar la atención”. Mejor que sea así. Pero si han puesto en riesgo su vida para llamar la atención, debemos prestársela.

Lo más importante es la prevención del riesgo suicida, y ante una depresión, un trastorno afectivo, o cualquier otra perturbación psicológica, emocional o del estado de ánimo acudir al psicólogo psicoterapeuta.

¿Cómo saber si mi hijo tiene anorexia o bulimia?

Noviembre 8th, 2016|

Reelaboración de un artículo publicado en El País el 10-10-2016

Alicia era una adolescente de 15 años de edad, muy bien parecida, brillante en los estudios y muy sociable. Desde que alcanzó la pubertad se siente acomplejada porque dice que tiene demasiado pecho. Su madre dice que “ahí empezó todo”.

Toda su familia sospechó que algo ocurría porque, pese a que comía opíparamente, comenzó a perder peso. Se alejó de su grupo de amigas porque le insistían en que se estaba metiendo en un callejón sin salida. En varias ocasiones escucharon cómo vomitaba en el baño del instituto después de haber comido el bocadillo de media mañana.

Desde aquello han pasado tres años. Su índice de masa corporal es muy bajo, pero comienzan a advertirse las primeras señales de control de la enfermedad. Está en seguimiento en una consulta de psicología y con un endocrinólogo”.

El estereotipo clásico es la adolescente o mujer brillante en el plano profesional o en los estudios, muy perfeccionista, muy interesada por el mundo de la nutrición y preocupada por su imagen personal.” dice Iván Carabaño Aguado, jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles y del Hospital General de Villalba.

La anorexia no es sólo cosa de chicas

Entre el 4% y 6,5% de mujeres con edades comprendidas entre los 12 y 21 años, y del 0,2% al 0,9% de varones adolescentes padecen trastornos de la conducta alimentaria en España.

En los varones el estereotipo es un adolescente obsesionado por la musculatura, que pasa horas en el gimnasio, preocupado por su imagen, con riesgo de vigorexia, y antecedentes de sobrepeso u obesidad.

Las personas anoréxicas suelen ser obsesivas con el orden, de gran responsabilidad y auto exigencia. Además pueden existir antecedentes de sobrepeso o “la participación en disciplinas donde la valoración corporal es muy exigente, como el ballet o la gimnasia deportiva”, valora el psiquiatra infantil Carlos González Navajas.

Cada vez se declaran más casos, pues las familias y los propios adolescentes disponen de más información. A su vez, los pediatras estamos más concienciados sobre este tema, y tomamos cartas en el asunto antes. Pero qué duda cabe, no hemos de olvidar que los estereotipos sociales de la delgadez tienen también su cuota de culpa en este aumento”.

La prevención es la mejor defensa: atajar el problema antes de que esas conductas se fijen , o en sus primeras fases. Cuanto más precoz es la detección, más favorable es el pronóstico”.

¿CÓMO DETECTAR SI MI HIJA O HIJO PADECEN SÍNTOMAS ANORÉXICOs?

  • Pérdida de peso excesiva e inexplicada (No es lo mismo si un jóven o adelescente quiere bajar unos kilos y hace dieta)
  • Ausencia o pérdida de menstruación (más de tres ciclos consecutivos).
  • Preocupación excesiva por perder peso.
  • Sensación frecuente de frío.
  • Cambio en la vestimenta: ropa muy amplia.
  • Modificación de los hábitos alimentarios.
  • Distorsión de la imagen corporal.
  • Miedo exagerado a subir de peso.
  • Obsesión con las calorías de cada alimento que ingiere.
  • Evita comer en público.
  • Bebe líquidos excesivamente.
  • Práctica compulsiva de gimnasia o deportes.
  • Perfeccionista. muy brillante, con excelente rendimiento académico.
  • Baja autoestima.

¿Qué hacer ante la sospecha?

Lo primero es no negar estas conductas o desestimarlas como “un capricho pasajero”Los casos más leves, en sus comienzos, se pueden recuperar simplemente con ayuda familiar y social, fundamentalmente del grupo de amigas o amigos.

Si las conductas (obsesión con la autoimagen, rechazo a la comida, vómitos reiterados o abuso de laxantes) persisten, es conveniente consultar a un psicoterapeuta especializado en el trabajo con niños y adolescentes.

El ingreso sólo es conveniente cuando hay riesgo severo para la salud física. Generalmente, aunque durante el ingreso se lo fuerce a recuperar peso, al salir del hospital se ve horrible y reincide en esas conductas.

Eduard Serrano Coordinador de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, dice: “Un 50% de los pacientes anoréxicos consigue una curación total (en tres años) y alrededor de un 20% más se recupera de forma parcial, es decir, siguen con una preocupación excesiva por la ingesta de comida, pero mantienen un peso saludable.”

En el caso de la bulimia se recuperan totalmente alrededor del 85% de lo pacientes.

El 70 % de los niños que sufre acoso escolar desarrollará un trastorno mental

Noviembre 5th, 2016|

Entre un 5% y un 10% de los alumnos de EGB y ESO es víctima de acoso escolar, la mayoría sin que ningún adulto lo sepa.

Estos datos podemos leerlos en un artículo publicado en La Vanguardia el 27/10/2016 con motivo de la realización en Palma de Mallorca del XIX Congreso Nacional de Psiquiatría con la asitencia de más de 1.400 profesionales .

Afirma en ese reportaje la doctora Marina Díaz-Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y psiquiatra del Hospital Clínico San Carlos. “Se da fundamentalmente en los últimos años de Primaria y en los primeros de Secundaria, que es cuando los niños pasan a la adolescencia y se sienten más inseguros e inestables, y el agresor busca la seguridad siendo agresor”

¿Cualquiera puede ser víctima?

Suele decirse que cualquier niño puede ser víctima de acoso escolar para no estigmatizar al agredido, pero esta afirmación no es totalmente cierta. Las víctimas suelen ser niños “diferentes”: inmigrantes, pertenecientes a una etnia minoritaria o con color de piel diferente, con alguna discapacidad intelectual o un trastorno mental manifiesto, “empollón”, más tímido o más inhibido que otros o, simplemente, que no responde golpe por golpe, “con tendencia a callar y baja autoestima”. Pero siempre diferente, para crear la ilusión de que somos todos iguales… menos uno.

¿Está creciendo el acoso escolar? ¿Por qué?

La respuesta de la Dra. Díaz-Marsá es afirmativa. Y da algunas razones: “La generalización de la violencia y la no repercusión de los actos violentos -explica- hace que estas conductas se estén incrementando, pero también la banalización de la agresividad y las conductas agresivas”.

¿Cuáles son los trastornos mentales más frecuentes entre las víctimas y victimarios de “bullying”?

Buena parte de los agresores (no todos) terminarán desarrollando (si es que ya no lo padecen) algún trastorno mental: falta de control de impulsos, adicciones o trastorno de personalidad antisocial. Pero son pacientes en los que una psicoterapia preventiva no es eficaz si no hay sentimiento de culpa.

Los agredidos suelen manifestar ansiedad, depresión, trastornos psicosomáticos u otros trastornos.

En la unidad de psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos constatan que el 70 % de las pacientes con trastorno de conducta alimentaria manifiestan antecedentes de haber padecido acoso escolar.

Pero, a diferencia de los victimarios, las víctimas de acoso escolar sí pueden beneficiarse de una psicoterapia

¿Deben realizar una psicoterapia los niños y niñas víctimas de acoso escolar?

Ésta es una pregunta con dos filos. Parece que al sugerir psicoterapia para la víctima se la estuviera culpabilizando. Pero la sugerencia de los beneficios de una psicoterapia en esos casos no es porque el joven tenga una dificultad que lo hace merecedor de la agresión. Sino porque necesita elaborar esa experiencia y elevar su autoestima. Además la psicoterapia en esas edades, en las que se está terminando de formar la personalidad que los acompañará toda su vida, puede tener eficacia preventiva.

¿Cuándo tiene que acudir al psicólogo infantil un menor que sufre este maltrato?

Según la Dra. Díaz-Marsá “cuando repercuta psíquica y físicamente; es decir, cuando el niño no quiera ir al colegio, se le note más triste o irritable, con más ansiedad, cuando se reflejen en él trastornos psicosomáticos -que le duela el abdomen frecuentemente o tenga cefaleas- o no pueda conciliar bien el sueño.”

“Un porcentaje de ellos, si no se trata, continuará con problemas a largo plazo y entonces puede aparecer depresión crónica, fobia social, ansiedad generalizada y comportamientos auto-destructivos”.

Por eso muchos psicólogos, psicoanalistas y psicoterapeutas sugerimos que los niños y adolescentes que sufren acoso escolar y sienten un malestar psicológico como lógica consecuencia, acudan a una psicoterapia de niños y/o adolescentes.

Si queréis leer más sobre el tema: http://www.persona-psi.com/wp/acoso-escolar-2-las-situaciones-de-acoso-suelen-permanecer-ocultas-para-los-adultos/

DESDE EL 03/11/2016 FUNCIONA EL TELÉFONO CONTRA EL ACOSO-ESCOLAR

900 018 018

LA MAREA BLANCA PROTESTA POR LA FALTA DE MEDIOS EN SALUD MENTAL “Hay más de diez suicidios al día que no constan y que están sujetos a todas estas desgracias”

Octubre 18th, 2016|

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que sin salud mental no hay salud. La OMS especifica que la salud mental no es sólo la ausencia de trastorno mental sino un estado de bienestar psicológico en el cual “el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.”

España invierte menos en salud mental que la media de la UE: 5,5 euros por cada 100 que destina al gasto total sanitario. La media de la UE (incluyendo a los países del este) es de 7 euros, más en los países desarrollados de nuestro entorno. Y eso a pesar de que se calcula que en España 1 de cada 4 personas tendrá algún trastorno mental a lo largo de la vida.
La consecuencia es la falta de recursos y que las las personas con problemas mentales o psicológicos no tengan cubiertas sus necesidades elementales.

LA MAREA BLANCA SE MOVILIZA CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DE SERVICIOS DE SALUD MENTAL

La Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (MEDSAP) Marea Blanca, un conjunto de colectivos de profesionales y usuarios en defensa de la sanidad pública y en protesta contra los recortes y los planes privatizadores, se manifestó este domingo 16 de octubre para protestar por la falta de medios destinados a la prevención de la salud mental por parte de la Comunidad de Madrid. En su declaración sostiene que la Salud Mental “es  la gran olvidada de todos los planes sanitarios, la hermana pobre de la Sanidad española y uno de los servicios peor tratados por las Administraciones Públicas”.
Denuncian
“el reducidísimo número de profesionales de salud mental que intervienen en nuestros centros públicos, a pesar de la altísima demanda”. También la falta de “terapias de intervención temprana sin tener que recurrir a la medicación” y la falta de continuidad de cuidados tras un episodio psicótico” y el posterior alta hospitalaria. Esto último hace que los pacientes queden “abandonados, a merced de nuevos ingresos, y con el consiguiente sufrimiento para ellos y sus familias”.

La portavoz de la MEDSAP-Marea Blanca, Carmen Esbrí, ha afirmado que: Hay más de diez suicidios al día que no constan y que están sujetos a todas estas desgracias”.

Del conjunto de denuncias presentes en la manifestación de este domingo nosotros reflexionaremos hoy sobre dos.

Las largas listas de espera y el reducido tiempo de atención

Nel A. González, presidente de la Confederación Nacional de Salud Mental, denuncia en las páginas de “El Mundo” que debido a la “exigua inversión”, las listas de espera para que los pacientes sean atendidos son “extraordinariamente largas”.

Esto es así porque desde hace un par de décadas no se repone el total de los psiquiatras que causan baja por jubilación u otros motivos, al mismo tiempo que aumenta la demanda. En promedio se está citando a los pacientes cada 3 meses o más. Es evidente que una persona en crisis aguda no puede esperar tanto tiempo. Si existe riesgo suicida es probable que no se presente a su próxima cita porque se haya quitado la vida. Pareciera que para las autoridades sólo fuera un dato estadístico que ni siquiera se difunde: Se producen 10 suicidios diarios en España,.

El número de suicidios duplica al de las muertes en accidentes de tráfico, pero con menos difusión.

Existe también un problema añadido: el tiempo que pueden dedicar los profesionales de la Seguridad Social a los pacientes es muy breve desde la “racionalización” del servicio en 1994. 20 minutos cada 3 meses es un tiempo insuficiente para cualquier tratamiento psiquiátrico que merezca ese nombre.

El presidente de la Confederación de Salud Mental dice, en el mismo artículo periodístico, que “en los casos que a priori parecen más leves hay deficiencias graves, porque si no se les dedica el tiempo necesario la situación se puede escapar de la mano y la recuperación ser mucho más lenta”.

La falta de alternativas psicoterapéuticas sin tener que recurrir siempre sólo a la medicación

Si es exigua la oferta de la Seguridad Social en psiquiatría es prácticamente inexistente en psicoterapia, pese a que está comprobado que en la mayoría de los trastornos la psicoterapia es más eficaz que la medicación (como en los Trastornos de Personalidad), y que la combinación de psiquiatra y psicólogo es siempre más eficaz que la atención exclusivamente farmacológica.

El reducido número de psicólogos presentes en los centros de Salud Mental se justifica porque es más económico, requiere menos frecuencia y menos tiempo de atención (y consecuentemente menos profesionales) recetar una pastilla que realizar una psicoterapia, como si en un tema tan sensible como la salud primaran siempre criterios económicos. Pero además este pretendido ahorro es falso: el Estado gasta ingentes sumas de dinero en medicamentos cada vez más costoso (sin que esté demostrado en todos los casos que son más eficaces que la medicación más antigua y económica) al mismo tiempo que ahorra en personal. La razón es muy sencilla: no es igual la presión que ejercen usuarios y profesionales que la que pueden ejercer los lobbies de las grandes empresas farmacéuticas.

No es esa la única razón. También es decisiva una concepción estrechamente biologicista de la psiquiatría que desvaloriza en la práctica la participación de los factores psicológicos en la enfermedad y salud mental y, consecuentemente, los tratamientos psicoterapéuticos.

Pero eso será tema de otro artículo.

Ver más en:

http://www.persona-psi.com/wp/cuando-consultar-a-un-psicologo-o-a-un-psiquiatra/

http://www.persona-psi.com/wp/10-buenas-razones-para-consultara-un-psicologo/

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

Octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

“La psiquiatría está en crisis”

Febrero 10th, 2016|

Extractos del reportaje realizado por Joseba Elola al periodista norteamericano de investigación Robert Whitaker publicado  en “El País”

7 FEB 2016 – 00:03 CET

http://elpais.com/elpais/2016/02/05/ciencia/1454701470_718224.html

Robert Whitaker escribió una serie de artículos sobre el tema en el Boston Globe —finalista en el Premio Pulitzer al Servicio Público— y dos polémicos libros. “Anatomía de una epidemia”, que ahora edita Capitán Swing en España, fue galardonado como mejor libro de investigación en 2010 por editores y periodistas norteamericanos.

Nota: El hecho de que difundamos esta entrevista no implica que necesariamente estemos de acuerdo con todas sus afirmaciones, pero nos parecen importantes para la  reflexión sobre el abuso de la medicación psicofarmacológica y sus consecuencias.

R. A finales de los ochenta se vendían (en Estados Unidos) 800 millones de dólares al año en psicofármacos; 20 años más tarde se gastaban 40.000 millones

P. Y ahora afirma usted que hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos.

R. Si se estudia la literatura científica se observa que ya llevamos 50 años utilizándolos. En general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos.

P. ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, mal entendido, puede ser peligroso.

R. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarlas puede tener efectos severos. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?

En 2010, sus postulados eran vistos, dice, como una “herejía”. Desde entonces, nuevos estudios han ido en la misma dirección y apunta que el prestigioso British Journal of Psychiatry ya asume que hay que repensar el uso de los fármacos—. “Las pastillas pueden servir para esconder el malestar, para esconder la angustia, pero no son curativas, no producen un estado de felicidad”.

P. ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?

R. En los ochenta se promocionó la idea de que si estabas deprimido no era por el contexto de tu vida sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.

Si nos sentimos infelices, pensamos que algo nos pasa. Con los niños, si no se portan bien en el cole o no tienen éxito, se les diagnostica déficit de atención y se dice que hay que tratarlos.

P. ¿La industria o la APA (Asociación de Psiquiatras Americanos) están creando nuevas enfermedades que en realidad no existen?

R. Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Así que, si se mira desde el punto de vista comercial, el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una entelequia. Antes de los noventa no existía.

P. ¿La ansiedad puede desembocar en enfermedad?

R. Hay gente que experimenta estados avanzados de ansiedad, pero estar vivo es muchas veces estar ansioso. Empezó a cambiar con la introducción de las benzodiacepinas. La ansiedad pasó de ser un estado normal de la vida a presentarse como un problema biológico. En los ochenta la APA coge este amplio concepto de ansiedad y neurosis, que es un concepto freudiano, y empieza a asociarle enfermedades como el trastorno de estrés postraumático. Pero no hay ciencia detrás de estos cambios.

Todos los niños tienen talento

Noviembre 16th, 2015|

Eduardo Azumendi. El Diario 06/11/2015

“La educación debe estar por encima de todos los gobiernos y de las ideologías”. Esa es una de las máximas de César Bona, que cree que cada niño es un universo y que todos son extraordinarios, con un talento especial. Tan solo es cuestión de descubrirlo y sacarlo. Esa es la principal misión de un maestro, según Bona, quien ha desgranado en una conferencia en Vitoria las claves de su libro “La nueva educación. Los retos y desafíos de un maestro de hoy”.

Para Bona, ser maestro no implica encajonar a los alumnos dentro de un plan de estudios y obligar a seguir los contenidos que puede establecer el currículo educativo de una manera inflexible. “Los educadores deben adaptarse a los niños y no al revés. Hay que motivarles y estimular su creatividad para que hagan que este mundo sea mejor. Los niños no son solo los adultos del mañana: son habitantes del presente. Subestimamos constantemente a los niños y su creatividad, pero todos tienen un talento; solo hay que saber abrir la puerta para que lo saquen. Y ahí es donde intervenimos los maestros, viendo lo que los demás son incapaces de ver”.

La característica que debe definir a un maestro (entendido como el educador que enseña a niños desde Primaria hasta la universidad) es, sobre todo, actitud. “El maestro tiene que ser cada día un ejemplo para sus alumnos, debe ofrecer su mejor versión para así obtener lo mejor de los niños. Los profesores tienen que ser los primeros en dar el máximo y no poner como excusa de sus posibles limitaciones al sistema. Los docentes somos los primeros en ponernos límites”.
Valentía, mente abierta, humildad, curiosidad y amar el medio ambiente son los debates recurrentes en educación. “Si se carga a los niños con deberes, ¿con qué motivación van al día siguiente a la escuela?”, se pregunta Bona, quien subraya la idea de que “los niños no tienen opción de dejar los estudios. Por eso tenemos que lograr que les guste ir a la escuela. Si después de un día largo en el colegio, salen y se encuentran con más deberes los estímulos decaen. Debe haber tiempo para todo”.

Por ejemplo, para alguien que debe inspirar para la vida. Yo no hago nada extraordinario en el aula, solo me divierto y aplico el sentido común. Debemos educar en proyectos y experimentar, sin miedo a lo que digan los inspectores” Para Bona, el gran reto de la educación es hacer a los niños “mejores individual y colectivamente”, pero no más competitivos. “Cuando llegas a un colegio conflictivo como maestro tienes dos opciones: o deprimirte o tomar los problemas como retos. Eso es lo que me paso en mi primera experiencia, en un colegio ubicado en un barrio conflictivo de Zaragoza. Todo cambió cuando les propuse a los alumnos que me enseñaran lo que les gustaba lo que sabían hacer. Se convirtieron en maestros del maestro”.

Bona cree que si un maestro cree que algo es bueno para sus alumnos debe hacerlo, “aunque alguien diga lo contrario. Los obstáculos y la incomprensión que se va a encontrar para poner en marcha nuevos proyectos pueden ser muy grandes, pero es fundamental perseverar”. El tema de cuánto tiempo deben dedicar los niños a los deberes es uno de la lectura, pero no impuesta. “La lectura es un placer, pero se ha convertido en una obligación para los niños. Cuando a mí me obligaban a leer un libro y después hablar de él perdía su atractivo”.

Sobre la idea de si hay que pagar a los profesores en función del éxito o el fracaso escolar de los centros, Bona es contundente. “Yo cobraría lo mismo porque lo importante es el factor humano por encima de los números. Da igual la educación que recibas, las buenas notas que saques si no sabes respetar al que tienes a tu lado”.

Sobre los castigos, también tiene claro lo que hay que hacer. “En mis primeros años he castigado a muchos niños como maestro y no ha funcionado; solo ha servido para proyectar mi frustración. Hay que hablar con ellos, empatizar y convencerlos de que pueden ser un ejemplo para los demás”.

http://www.eldiario.es/norte/euskadi/talento-saber-abrir-puerta-saquen_0_449355473.html

EL ESTIGMA DE LA LOCURA

Junio 27th, 2007|

Tenemos la fortuna de vivir en una sociedad democrática. Hace ya tiempo que el concepto de democracia no se reduce a la elección de las autoridades por el voto de los ciudadanos. ¿Cómo medir entonces el grado de democracia de una sociedad

Quizás uno de los mejores indicadores del humanismo y democracia de una sociedad sea el modo en que trata a los más desfavorecidos y su capacidad para integrarlos. Cuando pensamos en minorías solemos pensar en minorías económicas, étnicas, de género…, difícilmente pensemos en que quienes padecen una enfermedad que limita sus posibilidades de integración constituyen una minoría, y sin embargo es así, singularmente en el caso de quienes padecen de una enfermedad mental.

Sería un error creer que el psicótico está condenado por naturaleza a la marginación y segregación social. Podemos recordar la presencia de muchos psicóticos en la sociedad antigua, de predominancia rural y localista, en un lugar marginal, sí, pero no por ello un no lugar de total segregación. ¿Quién que tenga cierta edad no recuerda al “loco del pueblo”, del barrio o al “loco de la guerra”?

La sociedad occidental moderna ha progresado mucho en la comprensión y tratamiento de las enfermedades mentales, incluso aquellas consideradas más graves y difíciles de tratar. Pero pese a los avances de la psiquiatría en el conocimiento de las psicosis a lo largo del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, el destino de la mayoría de los psicóticos (siempre han habido excepciones) era el encierro en los manicomios o la más absoluta marginación y segregación social.

Las cosas empezaron a cambiar a partir de la posguerra europea. Por un lado, en los años 50 Laborit descubre el primer neuroléptico, es decir: el primer medicamento eficaz en las psicosis, con lo que la psiquiatría empieza a contar con una herramienta para tratarlas. Desde entonces no dejan de crearse nuevos antipsicóticos, cada vez de mayor eficacia no sólo en cuanto a los síntomas más llamativos sino respecto a la potenciación de habilidades y capacidades sociales.

Por otro lado, la extrema crueldad hacia los enfermos mentales manifestada por el nazismo (que exterminó a 300.000 psicóticos y disminuidos psíquicos) hizo tomar conciencia a Occidente del trato inhumano que les venía dispensando. En los años de post – guerra en Europa y Estados Unidos se produjeron diversos movimientos encabezados por psiquiatras y personal de salud mental con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los enfermos mentales, primero, y liberarlos de sus tan prolongados como injustificados encierros, luego.

Pero estas reformas, que lograron liberar a centenas de miles de personas de sus encierros[i], no fueron acompañadas por los recursos necesarios para su implementación y desarrollo, descargando sobre las familias un peso que debía ser compartido por el conjunto de la sociedad.  

Otro de los inconvenientes de que la reforma se cerrara en falso, cuando aún estaba lejos de concluir su tarea, es el progresivo aislamiento de psiquiatría y sociedad. Mientras por un lado psiquiatras y tratamientos prosiguen su evolución, la sociedad, que ha depositado en sus manos el tratamiento de los enfermos mentales, no recibe información suficiente sobre la realidad de las enfermedades mentales y quienes las padecen.

Ese no saber es ocupado por prejuicios e ideas distorsionadas. Ésta es una sociedad narcisista que se regodea en la admiración de su propia tolerancia, pero cuando se siente amenazada por lo que no comprende suele volcar esa amenaza en los “otros”, chivos expiatorios de sus temores.

Por esa razón se realizan constantes campañas por la tolerancia e integración y contra la discriminación por causa de nacionalidad, grupo étnico o religioso, opción sexual o de género… pero no en defensa de aquellos que son discriminados por su trastorno mental. En este terreno la sociedad queda librada a sus fantasmas.           
 

Locura y Cultura

Leemos en una crítica cinematográfica sobre “El dragón rojo” (un nuevo film, uno más, que narra las hazañas del célebre Hannibal Lecter) y otras películas recxientes de terror que: “Pese a sus perspectivas artísticas diferentes (…) novelas y versiones cinematográficas tratan de un hombre esquizofrénico cuyo desorden mental le lleva al crimen  Nada nuevo, muchos otros films desde el ya mítico “Psicosis” y aún antes, pero singularmente en los últimos años, remiten a la psicosis, esquizofrenia o paranoia del “malo” para justificar lo inexplicable de sus inclinaciones criminales. Es un recurso fácil para los guionistas de Hollywood y sus seguidores: remite al coco y a los terrores infantiles irracionales y, como todos hemos sido niños, conecta fácilmente con los espectadores.

Desterrados
 vampiros, fantasmas y muertos vivientes al cine gore y de humor por el avance de un discurso racional y científico en la sociedad, el recurso a la psicosis y la esquizofrenia permite investir de “racionalidad” a lo irracional, revestir con el ropaje de la ciencia a estas figuras tan temidas de lo irracional y oscuro (casi nunca falta en estas novelas y films el personaje del “psiquiatra” que explica “científica y racionalmente” los “traumas” que habría padecido el loco – criminal y la “locura” que sería el fundamento de sus crímenes).

Ocasionalmente aparecen películas que dan una versión más benévola de la psicosis, como “Una mente maravillosa” o “Mr. Jones”, pero en la mayoría de las expresiones culturales contemporáneas el psicótico aparece bajo el signo del crimen irracional y la peligrosidad.

Tampoco contribuye a mejorar la imagen de los psicóticos la forma en que los refleja la prensa. Suelen aparecer más a menudo en las páginas de sucesos que en las de salud. Así, cuando una persona no psicótica comete un delito o un crimen es sólo un delincuente o un criminal, y su crimen no criminaliza al conjunto de los no psicóticos, es decir, al conjunto de la sociedad.

En cambio, basta con que un esquizofrénico cometa un crimen (algo no muy frecuente) para que la prensa impresa y televisiva se vea invadida por el término esquizofrenia. Ni siquiera eso, basta con que exista la sospecha de que un delincuente o criminal pudiera padecer un trastorno mental, o simplemente haber recibido algún tipo de tratamiento psiquiátrico, para que términos como esquizofrenia, locura o psiquiatría se utilicen con liviandad, como si bastaran para explicar el crimen, y sin que los periodistas parezcan reparar, la mayoría de las veces, ocupados como están en producir sensaciones fuertes para “vender” la noticia, en que están criminalizando a un conjunto de personas que nunca han delinquido ni cometido crimen alguno.

No es sorprendente que, con esa imagen distorsionada, muchas personas se pregunten y pregunten (incluso en consultas a nuestra web) si al ser los locos, psicóticos o esquizofrénicos penalmente no responsables de sus actos y “potencialmente peligrosos” no deberían estar preventivamente controlados, cuando no encerrados en una institución adecuada a ellos.
Y sin embargo la historia nos demuestra que los psicóticos han sido frecuentemente víctimas de la crueldad ajena, ejercida por instituciones y personas consideradas normales, y sólo excepcionalmente han llegado a ejercer la violencia. ¿Por qué cuando se difunde la noticia de un crimen cometido por un esquizofrénico no se hace mención al hecho de que la prevalencia criminal en la esquizofrenia es menor que en la población general?
 

¿Qué es en realidad la esquizofrenia?

El CIE 10 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades de la OMS) la incluye como un trastorno mental. En el prólogo en español al Capitulo V – Trastornos Mentales y del Comportamiento, el Dr. Juan J. López-Ibor Aliño aclara el por qué de la elección del término trastorno (y no enfermedad o cualquier otro): porque “conserva la ambigüedad indispensable para incorporar los avances del conocimiento” (…) “con independencia de que en su día se conozcan mejor los fundamentos biológicos, psicológicos o sociales que condicionan su etiopatogenia. Trastorno es la única palabra que tolera ambigüedad…”[ii]

Al decir que el trastorno es mental tampoco se prejuzga la participación relativa de factores cerebrales y psíquicos (o psicológicos).

En lo que respecta a la esquizofrenia, ésta “se caracteriza por distorsiones… de la percepción, del pensamiento y de las emociones” (embotamiento o inadecuación de las emociones).

En general, se conservan tanto la claridad de la conciencia como la capacidad intelectual, aunque con el paso del tiempo pueden presentarse déficits cognitivos.

El enfermo puede creer que sus pensamientos, sentimientos y actos más íntimos son conocidos o compartidos por otros y se siente el centro de todo lo que sucede.

Son frecuentes las alucinaciones, especialmente las auditivas que pueden comentar la propia conducta o los pensamientos propios del enfermo. Es frecuente la perplejidad y puede acompañarse de la creencia de que situaciones cotidianas tienen un significado especial, por lo general siniestro y dirigido contra el propio sujeto.

La expresión verbal a veces es  incomprensible, pero no siempre. Pueden haber bloqueos e interpolaciones en el curso del pensamiento.

La afectividad suele ser superficial, caprichosa o incongruente. Es frecuente la ambivalencia afectiva (sentimientos positivos y negativos hacia una misma persona). La voluntad puede verse afectada por inercia, negativismo o estupor. En algunos casos hay síntomas catatónicos (ausencia  de movilidad y de voluntad, o voluntad férrea de permanecer inmóvil).

Frecuentemente es un trastorno crónico, muchas veces se desarrolla episódicamente (en brotes) con estados asintomáticos entre los episodios. En su evolución puede producir deterioro. Algunos casos (en distinta proporción en las diferentes culturas y poblaciones) evolucionan hacia una recuperación casi completa. 

No se han identificado síntomas patognomónicos, pero ciertos fenómenos psicopatológicos, sobre todo cuando se dan asociados entre sí, pueden llegar a tener valor diagnóstico.

Dentro de la esquizofrenia se reconocen diferentes tipos, en los que no abundaremos en este artículo, pero los desarrollaremos más adelante si algunos lectores así lo solicitan.

Locura y Sociedad

Probablemente este breve resumen aclare pocas cosas al lego. Una idea que seguramente le será más próxima es que el “loco” es una persona irrazonable, que vive fuera de la realidad o en conflicto con ella.

¿A qué realidad nos referimos? No a la realidad natural, sin duda, ya que los psicóticos pueden llegar a llevarse muy bien con la naturaleza y los objetos, sino a la realidad social. Para decirlo de una vez: la sociedad y la cultura se fundan en un cúmulo de acuerdos que constituyen el acervo común, en el que se basan nuestras relaciones y vínculos sociales y que se presentan a nuestros ojos como “naturales” aunque no lo sean. Vamos a intentar explicarnos.

Una persona perteneciente a una cultura que llamamos primitiva posee creencias, hábitos, modos de relación y expresión totalmente adaptados a su cultura y funcionales en ella. Trasladado a una sociedad moderna, esas mismas creencias y conductas se vuelven disfuncionales y aparecen como locas a los ojos de los otros (lo mismo le ocurriría a cualquier sujeto moderno transplantado a una cultura totalmente extraña). El creciente flujo de personas ha hecho que muchos psiquiatras estén familiarizados con este trastorno por trasculturización y lo distingan con facilidad de un trastorno mental.  

Por razones no culturales esto puede ocurrirles también a ciertos sujetos, que llamamos psicóticos, que imprevistamente se han separado de las convicciones compartidas en su propia sociedad y grupo para reemplazarlas por otras que les son propias.
 

Un caso célebre

“…Las cosas en mi universidad, el Instituto de Tecnología de Massachussets, y después todo Boston, estaban comportándose de una forma extraña… Comencé a ver comunistas en todos lados… Empecé a creer que era un hombre de una gran importancia religiosa y a escuchar voces todo el tiempo. Escuchaba algo como llamadas telefónicas en mi cabeza, hechas por gente opuesta a mis ideas… El delirio fue como un sueño, del cual parecía que nunca iba a despertar…”[iii]

Son palabras de John Forbes Nash, brillante investigador en lógica matemática, por lo que ha recibido el premio Nóbel de Economía entre otros reconocimientos, extraordinariamente popular gracias a una película sobre su vida y su enfermedad (“Una mente maravillosa”).

En abril de 2006, en el marco del Congreso Centenario ‘Juan J. López Ibor’ de la Asociación Mundial de Psiquiatría celebrado en Madrid, John Nash realizó una interesante exposición sobre el estigma que genera la esquizofrenia, con el valor de provenir de una de sus víctimas a lo largo de más de 20 años.

Uno de los datos más llamativos de su testimonio es el hecho de que parte del trabajo que le valió el reconocimiento internacional lo realizó mientras su esquizofrenia se manifestaba con gran virulencia:

“Conozco expertos en lógica matemática que entran y salen de clínicas y en los periodos intermedios hacen un trabajo magnífico. A comienzos de los 60 entré y salí varias veces de clínicas. No me gustaba rechazar mis delirios, pero en esos periodos trabajaba normalmente

Es más, Nash llega a insinuar que en ciertos casos, como el suyo, la locura y el talento podrían estar interrelacionados:

«Una persona con enfermedad mental podría resolver perfectamente un teorema válido, y posiblemente haya ocurrido ya. De hecho, los grandes matemáticos han tenido intuiciones que parecían absurdas y que tras verificarlas dieron lugar a grandes descubrimientos”.

Estamos lejos de pretender establecer una relación causal entre locura y talento, pero tampoco parece válido afirmar que el talento y la creación en los psicóticos responden exclusivamente “a la parte sana de su personalidad”, lo que equivaldría a “descuartizar” a la persona dividiéndola en fragmentos sanos y enfermos.

Sin duda el caso de  Nash es tan excepcional como su talento, pero ese tipo de talento es igualmente excepcional en personas sanas. Y el caso de Nash, siendo excepcional, no es único.

De hecho, los psicóticos parecen estar sobre representados en la historia del arte. ¿Podríamos afirmar con certeza que la innovación radical de la pintura llevada a cabo por Van Gogh no tenía relación alguna con su locura y sólo estaría vinculada a sus “partes” sanas? ¿No hay algo “loco” en pintar, como él, contra toda la pintura de su tiempo y persistir en su pintura pese a la total ausencia de reconocimiento económico y social?

Estamos hablando de casos excepcionales, ¿pero no deberían hacernos reflexionar sobre cuántas personas pueden no estar desarrollando sus potencialidades a causa de la marginación y el desprecio que reciben por su trastorno?
 

Otro testimonio:    

“…yo iba a un hospital de día, comía en un comedor del Ayuntamiento, me iban a dar 40.000 pesetas, que es una ridiculez, por parte del Estado y me iban a meter en un albergue, porque yo no tenía casa, e iba a acabar siendo una de estas personas que depende de todo lo que sobra en la sociedad en la que vive, ¿no?”

“Entonces yo, viendo que esa era la solución que se me ofrecía, yo decidí…: “no, no, no, un momento, yo voy a ver si, por mi propio pie, puedo funcionar yo de una manera mejor””[iv].

Y lo hizo, luego de largos años de vivir de la caridad estatal al margen de la sociedad

No todos los pacientes tienen los recursos psíquicos e intelectuales con los que cuenta esta paciente, es cierto. Pero también lo es que cuando era “una de esas personas que depende de todo lo que sobra en la sociedad en la que vive”, nadie hubiera creído, ni ella misma, que contaba con esos recursos. Y que de no haber aparecido, en un momento determinado, los recursos económicos necesarios para que pudiera realizar una psicoterapia privada con la frecuencia y dedicación que necesitaba, continuaríamos sin saberlo.

No desconocemos que en muchos otros casos no parecen existir recursos suficientes frente a psicosis que se resisten a todo tratamiento (¿cómo no saberlo trabajando con psicóticos?) pero estamos seguros de que hay muchos otros que quedan muy lejos de alcanzar los máximos resultados posibles.

La reforma psiquiátrica acometió la tarea de liberar a los psicóticos de la condena del encierro, y estuvo bien. Pero no proveyó a las familias ni a la sociedad de los recursos que necesariamente debían acompañar este acto.
 

Los psicóticos y sus familias

“La llamada Psiquiatría Comunitaria prometió a los familiares del enfermo mental suficientes recursos. Hoy sigue prometiendo. Mientras las familias soportamos presiones y responsabilidades excesivas (…). A menudo nos toca pagar con dinero (los que pueden) las insuficiencias de una “reforma” precaria, incompleta y que ha descargado sobre la familia a un sector de la sociedad demasiado complejo para que encuentre ahí su solución”[v].

Entre estas promesas incumplidas figuran: “estancias de corta duración”, “visitas psiquiátricas domiciliarias de urgencias”, “una dotación suficiente de viviendas asistidas”, “una infraestructura para la integración socio-laboral de los enfermos psicóticos”, “dotación asistencial.”[vi]

“Antaño los familiares de los enfermos mentales, especialmente si se trataba de esquizofrénicos, eran culpabilizados por el “discurso psiquiátrico””[vii]. Ahora ya no, pero sigue exigiéndose de ellos que carguen en exclusiva con las consecuencias.

¿Y si el psicótico no cuenta con el apoyo familiar? El peso recae sobre el estado, transformándolos, las más de las veces, en “una de esas personas que depende de todo lo que sobra en la sociedad en la que viven”.

Combatir la estigmatización

Nash no se conforma con comunicar su experiencia y sus reflexiones sobre ella, se aventura a dar un consejo:
«Si las personas que han padecido episodios de enfermedad mental o locura fuesen tratadas como casos nuevos cada vez que los sufren, tal vez los superarían con mayor ánimo»[viii].

No creemos escuchar en esas palabras una crítica al conocimiento sobre la enfermedad, sino un reclamo al reconocimiento de su singularidad. Es más, creemos que si las personas que padecen una enfermedad mental grave fueran tratadas, no sólo por el personal sanitario sino por sus familias y el conjunto de la sociedad, como personas y no solamente como enfermos mentales, sus perspectivas serían mejores.

Nash señaló en el mismo Congreso que la discriminación hacia las personas que padecen una enfermedad depende mucho de los  tratamientos posibles para su cura: “… un amigo psicólogo que trabaja en un hospital me confirmó que la actitud hacia quienes padecen de úlcera de estómago ha cambiado radicalmente desde que se descubrió que estaba causada por una bacteria” (…) “los afectados han pasado de ser considerados individuos con malos hábitos y mal carácter a personas con una afección que se trata con antibióticos”[ix].

Aún no hemos encontrado una cura eficaz para la mayoría de los enfermos mentales graves, pero sí sabemos que en casi todos los casos, con los recursos farmacológicos y psicoterapéuticos adecuados, puede llegar a lograrse una estabilización que les permita vivir una vida digna de ese nombre.

¿Y en los que no? Nash nos dio su opinión: “…los seres humanos cuyos cerebros no funcionan convenientemente como para ser trabajadores, sí pueden ser apreciados por sus relaciones familiares, si no por toda la sociedad. De este modo, son comparables a las mascotas domésticas, y pueden ser aceptados, especialmente por sus familias, si no son capaces de crear «productos» valiosos de los que se espera que cree el trabajo de los
humanos»
[x].

No compartimos su comparación con “mascotas”, ni los criterios rabiosamente economicistas y productivos que su discurso trasluce por el mismo hecho de combatirlos, pero es indudable que hay casos (como en otras enfermedades, por ejemplo las que se acompañan con retraso mental profundo) que no son socialmente recuperables. Esos casos requieren potenciar los recursos asistenciales (incluidos lugares de estancia adecuadamente atendidos) para que el peso no recaiga íntegramente en las familias, cuando las hay.

También somos concientes de que, como declaró el mismo John Nash, «una cierta cantidad de estigmatización es inevitable. Alguien que sufra un accidente y pierda un brazo tendrá siempre una cierta cantidad de estigmatización sobre él».

Pero aún así, en la mayoría absoluta de las psicosis se puede llegar mucho más allá en la integración social que en la actualidad. Eso requiere del trabajo del estado, los profesionales de salud mental, las familias y los psicóticos, y de la colaboración del conjunto de la sociedad. ¿Para qué? Para mejorar la calidad de vida de los pacientes, de sus familias, y de la sociedad en la que todos vivimos; y para no “ser cómplices del no derecho, de la desigualdad, de la muerte cotidiana del hombre”[xi].

Luis Teszkiewicz – Psicoterapeuta
Marina Averbach – Psiquiatra


 

[i] En Gran Bretaña, última de las grandes naciones de la UE en cerrar sus antiguos manicomios, es fácil reconocer a los pacientes así liberados y que hoy deambulan por territorio británico por las cazadoras y mochilas con que han sido provistos.

[ii] . Juan J. López-Ibor Aliño,  CIE 10 Prólogo a la edición española del Capitulo V – Trastornos Mentales y del Comportamiento.

[iii] y citas siguientes: John Forbes Nash, intervención en Congreso Centenario ‘Juan J. López Ibor’ de la Asociación Mundial de Psiquiatría celebrado. Madrid – 2.006

[iv] Testimonio de una paciente esquizofrénica del CSM Centro de Madrid.

[v] Declaración de familiares de pacientes psicóticos del CAP de Salut Mental de Sarriá-Sant Gervasi

[vi] Ídem

[vii] Ídem.

[viii] John Forbes Nash, intervención en Congreso Centenario ‘Juan J. López Ibor’ de la Asociación Mundial de Psiquiatría celebrado. Madrid – 2.006

[ix] John Forbes Nash, intervención en Congreso Centenario ‘Juan J. López Ibor’ de la Asociación Mundial de Psiquiatría celebrado. Madrid – 2.006

[x] John Forbes Nash, intervención en Congreso Centenario ‘Juan J. López Ibor’ de la Asociación Mundial de Psiquiatría celebrado. Madrid – 2.006

[xi] Franco Basaglia, psiquiatra italiano fundador del movimiento por una Psiquiatría Democrática

El psicoanálisis puede ser un arma para ayudar a transformar la educación y vehículo para que muchos conflictos puedan suavizarse.

Noviembre 18th, 2006|

Expertos defienden el psicoanálisis para resolver conflictos en el aula
Oviedo
Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, dijo una vez que sólo hay tres oficios imposibles: el de curar, el de gobernar y el de enseñar. El profesor de Psicología de la Universidad de Oviedo José Luis Atienza sacó ayer a colación esta anécdota en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, en una mesa redonda que abordó la conflictividad en las aulas, el fenómeno de moda en las últimas semanas, desde una perspectiva poco conocida por la mayoría de la gente: la psicoanalítica. El coloquio fue organizado por el Foro Psicoanalítico de Asturias y contó con la intervención, además de Atienza, de tres psicoanalistas: Santiago Castro, Marta Caseo y Claudine Blanchard-Laville, esta última investigadora de la Universidad de París X, en Nanterre.

El hecho de que los encuentros y desencuentros entre el psicoanálisis y la pedagogía moderna no hayan tenido mucha trascendencia mediática no significa que no hayan existido, recordó Atienza. Freud ya hablaba de la importancia de esta conexión y muchos de sus seguidores han continuado esa línea bajo la creencia de que el psicoanálisis puede ser un arma para ayudar a transformar la educación y de que muchos conflictos podrían suavizarse, si no resolverse, con esta herramienta.

Claudine Blanchard-Laville, experta en el análisis de las prácticas profesionales, señaló que cada profesor tiene una firma singular, una manera propia de vincularse a lo que enseña y de relacionarse con los alumnos: «Es muy importante tener en cuenta esta huella psíquica y la manera en la que el docente crea un espacio psíquico para sus estudiantes». «Cada vez que un profesor va a hablar o tomar una decisión en clase», añadió Blanchard-Laville, «hay un gran número de microdecisiones y esas instancias psíquicas están en movimiento sin que él lo sepa».

“La Nueva España” – Editorial Prensa Asturiana – 16 de noviembre de 2006.

La mayoría de las pacientes anoréxicas le atribuyen significado al trastorno.

Noviembre 18th, 2006|

FUENTE: INTERNATIONAL JOURNAL OF EATING DISORDERS. 2006 NOV; 39(7):556 – 564.
www.psiquiatria.com
Resumen

? Los pacientes con anorexia nerviosa tienden a atribuir un valor positivo a sus síntomas. Muchos especialistas creen que esto juega un papel esencial en el mantenimiento del trastorno. Los tratamientos de esa conducta que subestiman el significado que los pacientes le atribuyen a la enfermedad tienden a causar rebrotes del trastorno Investigadores del Instituto Noruego de Salud Pública, en Oslo llevaron a cabo un estudio cualitativo dirigido por Ragnfrid H. Nordbo y que se publica en la revista International Journal of Eating Disorders.

18 mujeres con anorexia nerviosa, de 20 a 34 años, se sometieron a entrevistas focalizadas y exhaustivas. Los autores identificaron ocho constructos básicos con funciones centrales en el refuerzo de la anorexia nerviosa: seguridad, evasión, fuerza mental, auto confianza, identidad, atención, comunicación y muerte.

El constructo de seguridad le atribuye a la anorexia una vía para obtener una estructura, estabilidad y organización, mientras que el constructo de evasión facilita un camino para escapar de las emociones negativas y dañinas.

Los constructos de fuerza mental, autoconfianza e identidad están interrelacionados y alimentarían el comportamiento anoréxico. Del mismo modo, el constructo de atención considera a la anorexia como una forma de recibir cuidados y atención de los demás. Evocar la atención es también una de las características del constructo de comunicación (comunicar dificultades).

El octavo constructo, la muerte, es decir el deseo de morirse de hambre, es de alguna manera nuevo, indicaron los autores, en cuanto a que “la investigación sistemática no logró aún describir la anorexia nerviosa como un método intencionado de muerte”. Los psicólogos que no toman en cuenta esas intenciones son propensos a obtener resistencia y, tarde o temprano, fallar con el tratamiento, señalaron los investigadores.

Para acceder al texto completo es necesario suscribirse en la fuente original: http://www3.interscience.wiley.com/cgi-bin/jhome/34698

?

Comentario:

Si en 18 casos se identificaron 8 constructos básicos, ¿cuántos podrán identificarse en una muestra más amplia?