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11 – Psicoterapia de Pareja

/11 - Psicoterapia de Pareja

¿Por qué asistir a una terapia de pareja puede ser la mejor solución ante una crisis de pareja?

marzo 29th, 2017|

Hay momentos en que las crisis de pareja parecen un laberinto sin solución. Discusiones sin fin que se repiten y que, lejos de aclarar, sólo conducen a más sufrimiento, prejuicios, malentendidos y una interminable lista de reproches que impide que se escuchen el uno al otro. Cuando se llega a la conclusión de que con los recursos propios no basta, es el momento de pedir ayuda.

¿Qué se puede esperar de un terapeuta de pareja? 

El analista de parejas es un interlocutor que debe ser objetivo, no se trata de un juez que reparte culpas. La tarea consiste en ayudar a cada uno a comprender mejor la naturaleza de su propio reclamo para que también pueda ser escuchado por el otro. El conflicto de pareja es una madeja anudada con hechos tristes, discusiones feas y todos los anhelos, explícitos o no, que no se cumplieron. Hay que desenredarlos y volver a construir sobre esa base.

Existe el mito de que las parejas que consultan terminan separándose.

Es cierto que puede ocurrir porque, en ocasiones, aunque sea una mala solución, no existe otra y en esos casos el objetivo será ayudar a que puedan hacerlo de un modo menos traumático.

Sin embargo, la mayoría de las veces no es así. Lo que separa son las peleas estériles, el desgaste del dolor inútil y la convicción de no ser comprendido. Esto es lo que puede y debe revertirse.

La psicoterapia de Pareja como apuesta

La terapia de pareja es una experiencia incómoda y, por momentos, dolorosa porque no es fácil salir del reproche para pensar en los errores propios y aceptar, con honestidad y valentía, que las crisis son siempre una responsabilidad compartida.

Aún en medio de las asperezas, la terapia es una apuesta por lo que alguna vez soñaron juntos, por todo lo que lograron y por la oportunidad que necesitan volver a tener. Después de todo, el enfado no es lo contrario del amor, sino sólo una de sus formas".

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

¿EN QUÉ CONSISTE LA PSICOTERAPIA DE PAREJA?

octubre 14th, 2013|

El objetivo de la psicoterapia de pareja es generar un cambio en la relación. Cuando una pareja consulta es porque desean mejorar su relación y no han conseguido hacerlo solos. Generalmente la acción de uno provoca una reacción en el otro que, a su vez, provoca una nueva conducta en el primero, generándose una espiral conflictiva aparentemente sin salida. Para cortar esa espiral destructiva es necesaria la intervención de un tercero, un profesional formado y experimentado para realizar un trabajo conjunto.

El terapeuta ofrece un espacio que facilita la interacción de la pareja, invita a un trabajo de investigación que permite una mejor comprensión del funcionamiento de la pareja y pone al descubierto aspectos de la relación que permanecían ocultos para ellos mismos.

La terapia cumple así diversas funciones: favorece una mejor relación de pareja, produce un mejor conocimiento de cada uno de sus integrantes, y permite valorar si el cambio es posible o no. En este sentido la terapia de pareja puede terminar con una mejor relación o una separación mutuamente aceptada y un enriquecimiento de ambos que impida que en el futuro, en futuras relaciones, repitan las mismas experiencias.

Nuestros objetivos terapéuticos son

–          Generar un cambio terapéutico en la relación.

–          Alcanzar un mejor conocimiento personal de cada uno de los miembros de la pareja y un conocimiento más profundo de cómo actúan en su relación.

–          Alcanzar un mejor conocimiento de la otra persona con la que conforma una pareja

–          Encontrar perspectivas y proyectos realistas respecto del otro y de su relación.

–          Tolerar y respetar los espacios personales de cada uno

–          Detectar e interpretar lo que funciona patológicamente en la pareja.

 

Indicaciones para realizar terapia de pareja

 

–          que presenten un problema de pareja, no sólo problemas individuales.

–          que ambos estén de acuerdo en realizar la terapia, aunque muchas veces predomina el deseo de uno y el otro se suma después de las primeras entrevistas.

–          Que busquen una  mejora en la comunicación para la mejora de la vida en común.

–          que acuerden en la necesidad de un tercero con formación y experiencia, el terapeuta, para producir el cambio.

 

Límites para realizar terapia de pareja

 

–          que uno de los dos venga forzado por la insistencia del otro y que después de las primeras entrevistas este forzamiento no cambie.

–          Que la psicoterapia sea utilizada por uno o ambos exclusivamente para agredir al otro.

–          que los cónyuges presenten un frente unido que boicotee la terapia y cualquier posibilidad de cambio.

–          Que después de las primeras entrevistas se considere más conveniente una psicoterapia individual.

 

Características y particularidades de un tratamiento conjunto:

Del lado del terapeuta lo fundamental es una escucha activa. Es decir que sepa escuchar las dificultades conscientes e inconscientes de cada miembro de la pareja, sus preocupaciones  y ansiedades. La función del terapeuta es la de facilitar la comunicación entre los cónyuges, despejando los malentendidos y facilitando la posibilidad de llegar a conclusiones y acuerdos, aunque sean parciales.

 

El comienzo del tratamiento

Es conveniente que la pareja tome la iniciativa explicando espontáneamente las dificultades por las que atraviesan. El psicoterapeuta no debe precipitarse en intervenir, excepto para estimular el diálogo, hasta que no se haya hecho una composición de lugar y entendido los conflictos en profundidad, para permitir expresarse a la pareja, ya que ellos son los que saben, consciente o inconscientemente, cuáles son sus conflictos. Toda precipitación del terapeuta puede desviar la conversación y condicionarla. Tampoco debe realizar intervenciones muy directivas, porque sería una falta de respeto hacia dos personas adultas.

Si el terapeuta empezara proponiendo un tema, forzaría a responder a las preguntas que él propone, forzando a hablar de cuestiones que probablemente por sí solos no hubieran tratado, dificultando así que emerjan los motivos de angustia de esa pareja en particular.

 

Delimitación de la terapia

La psicoterapia de pareja es una terapia focalizada y de tiempo limitado, trabajamos con la relación de pareja, no tenemos los mismos objetivos que en una psicoterapia individual. El foco es la relación y las transferencias, ansiedades y defensas que se han de interpretar son las de la pareja.

Por eso debemos tener cuidado de no realizar interpretaciones a uno de los dos que afecten a su intimidad, a su zona individual, por decirlo así. Esto no quiere decir que no aceptemos los comentarios sobre áreas individuales, pero debemos reconducirlos hacia la pareja y favorecer que participen los dos. Uno de los cónyuges, por ejemplo, puede comenzar a hablar de su trabajo, que es un área individual, pero puede manifestarse cómo ven ese trabajo los dos integrantes de la pareja y en qué medida afecta a su relación.

Toda sesión tiene la finalidad de aumentar la comprensión sobre sí mismos y su relación. El terapeuta puede hacerles ver con mayor claridad qué es lo que sucede entre ellos y facilitar que se vayan realizando pactos de convivencia.

Hay que desmitificar las discusiones. Pueden enfadarse entre sí a lo largo de la sesión, siempre conservando cierto respeto. El enfado puede en determinados momentos ser beneficioso para el trabajo, porque pone de manifiesto los conflictos en el espacio de la sesión.

Es conveniente que no tomen decisiones definitivas sobre su relación hasta que no concluya el tratamiento.

 

La transferencia de trabajo

Es tan importante lo que dice el terapeuta como su modo de expresarlo. No pretendemos de ningún modo que el terapeuta sea un modelo para los pacientes, pero es indudable que expresa un modo de diálogo y expresión.

El terapeuta ha de ser capaz de reconocer si puede hacerse cargo del caso o no. Si decide aceptar a la pareja en tratamiento es porque considera que podrá configurar una relación de trabajo favorable.

Debe aceptar a los dos miembros de la pareja, sin ejercer juicios de valor hacia ninguno de ellos, conocer profundamente los conflictos de la relación, pero sin involucrarse personalmente en éstos.

Debe ser capaz de estimular la comunicación y remover los obstáculos que se presenten, diferenciar entre los sentimientos específicos de los integrantes de la pareja y sus propios sentimientos personales.

 

El interés por la pareja

El principio fundamental es que ha de prevalecer siempre el absoluto respeto del terapeuta hacia los dos miembros de la pareja. Este interés y respeto empieza por cumplir los horarios acordados ya que el terapeuta no debe hacerse esperar, prestar atención a las explicaciones de ambos, esforzarse por recordar los detalles (muchas veces los pacientes se sorprenden con la memoria del terapeuta, sobre todo si éste es experimentado).

El terapeuta debe mostrarse flexible y tolerante, acoger la libre expresión. No debe manifestar opiniones personales, impacientarse, o desaprobar las confidencias que le realizan.

La situación terapéutica es asimétrica, pero el terapeuta no es superior en ningún sentido a los miembros de la pareja que vienen a solicitar su ayuda. Sólo tiene formación y experiencia para proporcionarles esa ayuda.

A la pareja ha de valorársele la sinceridad y el valor que supone el reconocimiento de las propias dificultades y el afán por vencerlas y superarlas demostrado en la misma decisión de acudir a la terapia.

 

Neutralidad

La neutralidad del terapeuta es fundamental para no perturbar el desarrollo de la transferencia. El terapeuta sabe, o debe saber, por su propia formación, que sus creencias no son mejores ni peores que las de cualquiera de los dos miembros de la pareja, el saberlo le permitirá evitar emitir juicios descalificatorios. El terapeuta debe comprender equilibradamente a los dos cónyuges.

Comprensión y comunicación son necesarias para el buen desarrollo de la terapia. El derecho que tienen los dos consultantes de sostener sus propias opiniones, permite que el vínculo entre pareja y terapeuta sea una verdadera relación terapéutica en la que cada uno, terapeuta y pareja, pueda desarrollar la función que le corresponde.

Neutralidad no es frialdad, indiferencia ni distancia, todo lo contrario, es la capacidad de escuchar los puntos de vista de los dos consultantes sin tomar partido por uno de ellos para facilitar un acercamiento.

 

Intervenciones del terapeuta

Generalmente cuando la pareja decide acudir al tratamiento es porque lleva algún tiempo intentando solucionar sus conflictos sin encontrar respuestas apropiadas y repite conductas inadecuadas que producen malestar. Las intervenciones del terapeuta deben estar orientadas a facilitar  la ruptura con las conductas repetitivas y la apertura de nuevas perspectivas.

El trabajo del terapeuta de pareja se caracteriza por:

1) disponibilidad y atención;

2) escucha activa,

3) intervenciones verbales

 

(continuará)

PSICOTERAPIA DE PAREJAS II: Parejas y Familias

abril 25th, 2008|

INTRODUCCION
El bebé humano, a diferencia de otros animales, nace al mundo en una situación de total indefensión y dependencia para sobrevivir, indefensión y dependencia que se prolongan más que en cualquier otro ser viviente. Esto hace que, desde el inicio, su vida esté ligada a la de otros, otros que le brinden los cuidados imprescindibles para seguir con vida.
Pero no son otros anónimos, son Otros con nombre y apellido, habitualmente los padres, Padre y Madre que, a su vez, antes que nada han sido hijos y han recibido un modelo de pareja y de familia en los que han forjado sus primeras experiencias. Modelos que intentarán repetir y/o modificar en las suyas.
Ya antes de que naciera, esos padres han decidido tener un hijo, deseado o temido, le han adjudicado un nombre y han imaginado expectativas que el niño por nacer cumplirá o no. Nuestras primeras experiencias y las primeras palabras que oiremos estarán así condicionadas por los padres que nos tocaron en suerte, el momento en que nacimos, sus expectativas y frustraciones.
La familia (cualquier familia) es el lugar en que el niño deberá ubicarse en relación a una trama de deseos de Otros que no son anónimos, y transmiten rasgos, identificaciones y una serie de condiciones que influirán en la futura elección de pareja (y no olvidemos que en la familia de origen uno siempre es hijo, con lo que no deja nunca de ser niño, en la forma en que lo ven los padres y en la que se representa para sí mismo. Uno crece y se desarrolla, pero nunca deja de estar habitado por el niño que fue).
Así, desde el comienzo, no hay yo sin tú, no hay vida sin relación con otros en el marco de una cultura y una historia familiar dadas. En los lazos familiares y de pareja se despliega cotidianamente la manera en que cada persona se sitúa frente a los otros.

 

PSICOTERAPIA DE PAREJA.
La psicoterapia de pareja trabaja el vínculo entre el yo y el tú. No lo que ocurre en la subjetividad de cada uno sino lo que circula entre los dos. En la pareja no siempre uno más uno es dos, más frecuentemente es 2+, donde el signo + representa un plus, una combinatoria propia y  singular de cada pareja.  
Los lazos estables crean la ilusión de una complementariedad que anularía toda vivencia de soledad. Sólo cuando se conmueve esa ilusión es posible que una pareja demande una entrevista conjunta.

singular de cada pareja.

 

PAREJAS TÓXICAS
Este es el nombre que se le suele adjudicar actualmente a parejas cuyo funcionamiento es manifiestamente perjudicial para uno o los dos miembros de la pareja. A este tema le ha dedicado dos páginas el periódico El País en su edición del domingo 13 de abril.[i]
En este artículo se atribuye el carácter patológico de la pareja al carácter patológico de uno de sus miembros y a la “ingenuidad” del otro. Lola, sin saberlo, se enrolló con un novio  celoso que la martirizó. Finalmente el novio la abandona (subrayemos el hecho de que es él quien la deja y no ella, pese al martirio que dice haber padecido). Aun no sabe que su próxima pareja será aun peor, estableciendo una relación de dominio que la reducirá a ella a una nada carente de valor. Todavía hoy ignora qué la enamoró de ese hombre.
¿Qué es lo que no sabía?, ¿qué lo que ignoraba?  Algo en sí misma que la impulsa hacía hombres posesivos y dominantes a los que se siente sometida. Al ignorar qué es lo que la impulsa, porque esa causa es opaca para sí misma, es inconsciente, queda sometida a una repetición con resultados frustrantes.
Así no es inhabitual escuchar comentarios del tipo “no se por qué siempre me enamoro de alguien que no me conviene”. De un o una narcisista que sólo se ama a sí mismo y la reduce a una nada, de un celoso patológico, de alguien que exige una atención y sumisión constante, de un controlador compulsivo, de alguien que alterna la pasión intensa con el violento rechazo, de una persona fría e indiferente, o de un maltratador.
En estos casos, si la terapia les permite saber qué es lo que los impulsó hacia esa elección, la conclusión lógica de ese saber es  la ruptura de la pareja. Pero la mayor parte de las parejas no son tan patológicas, por lo que el tratamiento de sus crisis no lleva a la misma solución.

celoso que la martirizó. Finalmente el novio la abandona (subrayemos el hecho de que es él quien la deja y no ella, pese al martirio que dice haber padecido). Aun que su próxima pareja será aun peor, estableciendo una relación de dominio que la reducirá a ella a una nada carente de valor. Todavía hoy qué la enamoró de ese hombre. Algo en sí misma que la impulsa hacía hombres posesivos y dominantes a los que se siente sometida. Al ignorar qué es lo que la impulsa, porque esa causa es opaca para sí misma, es inconsciente, queda sometida a una repetición con resultados frustrantes.la ruptura de la pareja. Pero la mayor parte de las parejas no son tan patológicas, por lo que el tratamiento de sus crisis no lleva a la misma solución.

 

CUANDO DOS FAMILIAS SE MEZCLAN
Para muchos antropólogos el nacimiento de la cultura se produce con la exogamia, es decir: cuando la prohibición del incesto fuerza al intercambio de mujeres (lamentamos que este comentario antropológico pueda sonar hoy tan machista, pero es un hecho histórico, no un juicio de valores).
Este intercambio, el hecho de que el matrimonio se produzca entre dos personas provenientes de familias diferentes, tiene efectos imposibles de ignorar hoy en día.
El matrimonio incluye en la vida de cada cónyuge la emergencia de nuevos familiares y nuevas denominaciones: suegros, cuñados, nuevos tíos y sobrinos “políticos” (o “legales”, en la lengua inglesa). Nuevas relaciones, nuevos compromisos, nuevas normas.
Incluso cuando las dos familias provienen de la misma cultura y hablan la misma lengua, es indiscutible que cada familia habla un “dialecto” diferente; que, más allá de las diferencias que se manifiesten en su seno, existen muchos acuerdos explícitos e implícitos; que las familias originales, aun con sus contradicciones, están hechas de sobreentendidos.
En el momento de constitución de la pareja, estos sobreentendidos pueden pasar desapercibidos, entre otras cosas porque en la adolescencia y la juventud, que es cuando suelen constituirse las parejas, cada uno busca su propia identidad subrayando las diferencias con su familia de origen. Y porque el enamoramiento, con su resplandor, vela las diferencias subyacentes.
Pero, cuando la pareja ya se ha constituido, lo habitual es que emerjan diferencias propias de diferentes orígenes familiares y experiencias vitales igualmente diferentes. Así en la nueva familia se manifiestan muchos malentendidos provenientes del hecho de que cada uno de los partenaires da por supuesto que existen muchos aspectos indiscutibles en la relación con el otro.
Es más, muchos de los conflictos de pareja se producen en relación o referencia a las familias de origen, ya sea porque él (o ella) rechaza a la familia de su pareja o porque ella (o él) considera a su pareja demasiado subsumida a su propia familia. Éste es un dato de la clínica que ningún psicoterapeuta de parejas puede ignorar.
Muchos de los sobreentendidos y certezas que d?
?bamos por inamovibles, aun no estando de acuerdo con ellos, se ven conmocionados por el hecho de que nuestra pareja viene de otras experiencias y aportas otras certezas, otros sobrentendidos (muchas veces inconscientes).
Por eso es tan frecuente en la experiencia que, tras los conflictos de pareja, encontremos la confrontación de dos familias en las marcas que han dejado en cada uno de sus miembros.

 

MOTIVO DE CONSULTA

Es el fracaso de la ilusión de una alianza sin fisuras, y la herida que ese fracaso abre en ambos, lo que puede precipitar una crisis en la relación dando lugar a una consulta.

Cuando decimos que una pareja está pasando una crisis nos referimos a un “problema, conflicto o situación delicada”, pero una crisis, pese al dolor que conlleva, no tiene sólo un sentido negativo. Según el diccionario crisis es una “mutación considerable en una enfermedad tras la cual se produce un empeoramiento o una mejoría”, un “cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad” (Espasa-Calpe).

En su sentido original, etimológico, krisis en griego significaba separación, pero también juicio y decisión. Una crisis puede llegar a ser precisamente lo que posibilite una nueva oportunidad, en vez de resignarse a la repetición de lo mismo, cuando eso mismo produce más displacer que placer.  

 

FUNCIÓN DE LA TERAPIA DE PAREJA
El psicoterapeuta de pareja no intenta reconstruir un equilibrio que ya se ha resquebrajado, sino desenredar los nudos que los sujetan para que pueda emerger una pareja renovada, con nuevos acuerdos y nuevos pactos.
Facilitar un espacio para que surja qué es lo que verdaderamente ha hecho crisis en la pareja, generalmente sin que ninguno de los dos tenga total conciencia de lo que realmente ocurre en ese vínculo y que imposibilita un funcionamiento que, al menos parcialmente, sea satisfactorio para ambos.
En el espacio propio de la psicoterapia de pareja se reproducen tanto los factores que han unido como su fracaso. El psicoterapeuta está allí para asegurar que eso tenga un sentido, que se expresen los sobreentendidos y emerjan los malentendidos, para dar respuesta a por qué,  cómo y para qué están juntos, y poder trabajar con eso.
   


[i] “Tu amor es malo para mi salud”, Joan Carles Ambrojo

PSICOTERAPIA DE PAREJA

febrero 15th, 2008|

Psicoterapia DE PAREJA

 

Las psicoterapias han sido concebidas originalmente como tratamientos “individuales”, es decir, algo que ocurre entre dos personas: el paciente y el psicoterapeuta.

 

Por lo tanto, para justificar cualquier tratamiento que involucre a más de un paciente (pareja, familia, grupo o institución) ha sido necesario suponer que, más allá de la patología individual (síntomas, trastornos o características personales), existe una patología del vínculo (relación, lazo, o como prefiera llamárselo). Es decir que, más allá de los conflictos intrasubjetivos, existen o pueden existir problemas íntersubjetivos, modalidades no sanas de relación, malentendidos que no ocurren en cada uno sino en la relación establecida entre ellos.

 

Se trata, por lo tanto, no de una psicoterapia de cada sujeto humano, de lo que ocurre en “mí”, sino de lo que ocurre entre nos, o entre dos (en el caso de la pareja).

 

Esto implica teorizar una técnica adecuada a la relación, con muchas diferencias respecto del tratamiento individual. Una de las más obvias, no poder solicitar la primera regla de cualquier tratamiento individual: la sinceridad. Demandar una sinceridad sin tapujos sería desconocer el derecho de cualquier ser humano a la privacidad, el secreto, ese ámbito personal no necesariamente compartible con su pareja.

 

En una psicoterapia de pareja, de cualquier orientación, no se trata de trabajar con dos sujetos humanos en su existencia individual, sino con un vínculo o relación que se establece entre dos personas, cada una de ellas con derecho a su propia subjetividad.

 

 

Resumiendo:

 

Los problemas en la pareja siempre tienen su origen en las dificultades propias de cada una de las personas que la componen y, además, en dificultades y malentendidos propios de la relación.
 
La psicoterapia individual es un dispositivo centrado en la persona y su subjetividad que, para su mayor eficacia, requiere franqueza en el decir por parte del paciente, y escucha atenta y compromiso de confidencialidad por parte del terapeuta.
 
En la psicoterapia de pareja no se trata de desentrañar los problemas psicológicos de cada uno de sus componentes, sino los que son propios de la relación; no la subjetividad sino la intersubjetividad, con sus malentendidos e impasses. No puede demandarse la misma franqueza porque siempre pueden haber zonas de su subjetividad que una persona no quiera exhibir a su pareja.
 
El terapeuta de pareja se ofrece para que cada uno de los miembros de la pareja exprese sus ideas y sentimientos respecto del otro, lo escuche y se escuche (algo no tan sencillo como parece) ante la presencia de un tercero formado para ese fin.

 

Otro factor a tener en cuenta es que una pareja cuando solicita un tratamiento es porque ya está en crisis. Una persona puede solicitar un tratamiento individual porque desea clarificar ciertos aspectos de su persona y su modo de funcionar en la realidad que la limitan en el desarrollo de sus objetivos y proyectos; las parejas no, salvo excepciones, sólo consultan cuando la existencia misma del vínculo se encuentra en peligro.

 

La pareja trae ya a su primer entrevista un problema que los preocupa y un síntoma que requiere tratamiento. Ese síntoma es el malestar en la pareja y en ese síntoma debe focalizarse el tratamiento.

 

——–
Teoría de los vínculos de Puget y Berenstein

 

 Una vez aceptados estos presupuestos, se han desarrollado muchas teorías y prácticas al respecto. La más significativa, tanto por la extensión de su práctica como por la profundidad de su elaboración teórica, es la desarrollada por los psicoanalistas Janine Puget e Isidoro Berenstein. Pasaremos a exponerla sucintamente para luego marcar nuestras diferencias y críticas.

Una vez aceptados estos presupuestos, se han desarrollado muchas teorías y prácticas al respecto. La más significativa, tanto por la extensión de su práctica como por la profundidad de su elaboración teórica, es la desarrollada por los psicoanalistas Janine Puget e Isidoro Berenstein. .

 

Estos autores han construido una clasificación tipológica de los vínculos que pueden darse entre seres humanos. Por un lado los dividen en:
I – Vínculos De Sangre: Relaciones fundadas en un vínculo no necesariamente biológico (puede incluir hijos adoptivos), pero sí preestablecido, y en el que los miembros no pueden elegir su pertenencia: madre, padre, hijos, hermanos.
IIVínculos De Alianza: Se basan en compromisos entre personas. Su modelo característico es la relación matrimonial, pero abarca también la amistad y otras relaciones libremente elegidas.
(Una primera objeción: parecen no considerar otros vínculos que, sin ser familiares, son forzosos y no librados a la elección, acertada o no, del sujeto. Ej: los vínculos laborales)
Puget y Berenstein encuentran que en ambos tipos de relaciones, las familiares y las electivas, se presentan diversas modalidades típicas en la relación entre dos personas:
A – Vínculo Adhesivo o Narcisista Dual: Predominan fantasías y emociones relacionadas con el miedo de separación o de pérdida del otro. Toda separación despierta vivencias de desesperación, sentimientos de inexistencia y de quedar expuesto a un mundo vivido como hostil. Predominan los contactos piel a piel, puede haber una fantasía conciente o inconsciente de  “ser uno solo”, envuelto por una sola piel. Ejemplo normal: la relación del hijo con la madre en sus primeros meses de vida; ejemplos patológicos: relaciones excesivamente dependientes entre padres e hijos (más frecuentemente madres e hijas) a cualquier edad, parejas simbióticas, menos frecuente: hermanos “inseparables”.
B – Vínculo Poseído – Posesivo: Es similar al anterior, pero una de las partes domina, “posee” a la otra, que se deja dominar y poseer. Predomina un contacto corporal y concreto. Se intenta por todos los medios reducir las inevitables separaciones temporales de los dos sujetos que componen el vínculo. Cuando emergen diferencias de deseos, ideas, etc. se produce ansiedad. Nuevamente el modelo es la relación del bebé totalmente dependiente de la madre, pero puede presen
tarse entre padres e hijos, parejas, ciertas amistades.
C – Vínculo de Control o de Terceridad Limitada: La diferenciación y discriminación es mayor que en los modelos antes mencionados, pero se producen muchos conflictos porque cada uno cree siempre (o casi) tener razón y requiere del otro que se adapte a sus necesidades, deseos y tiempos. Hay miedo a ser anulado, dominado o destruido por el otro.
D – Vínculo Amoroso o de Terceridad Ampliada: Predominan la ternura y el cariño. Hay interés mutuo por el otro y una relación basada en la reciprocidad. Se tolera bien que cada uno tenga sus propias relaciones e intereses por fuera del vínculo.
Sobre este modelo vincular, Puget y Berenstein construyen diferentes estructuras de parejas que permiten abarcar todos sus posibles modos básicos de funcionamiento sobre el modelo de la pareja matrimonial
Nos parece importante aclarar que el modelo debería ser válido para toda relación entre dos personas que incluya la convivencia (real o proyectada) y una referencia imaginaria a ese término tan difícil de circunscribir que es el amor, ya sea como logrado, deteriorado  o proyecto de futuro. No establecemos diferencias respecto de los vínculos legales ni de la identidad sexual de los sujetos, ya que estamos hablando de psicología y psicoterapia, no de legalidad ni de moralidad.
No vamos a extendernos sobre las diferentes estructuras de pareja que construyen estos autores porque no es el objetivo del artículo y porque con lo expuesto es suficiente para marcar nuestras diferencias respecto de ésta y otras concepciones de pareja que parten de una tipología vincular, de construir modelos de pareja para considerar a unos patológicos y otros sanos.

“ser uno solo”, envuelto por una sola piel. Ejemplo normal: la relación del hijo con la madre en sus primeros meses de vida; ejemplos patológicos: relaciones excesivamente dependientes entre padres e hijos (más frecuentemente madres e hijas) a cualquier edad, parejas simbióticas, menos frecuente: hermanos “inseparables”.o proyecto de futuro. , ya que estamos hablando de psicología y psicoterapia, no de legalidad ni de moralidad.

 

Por un lado, las parejas reales no se corresponden con modelos que podamos construir. Puede que predomine un cierto modo de relación, con sus malentendidos y dificultades, pero lo más frecuente es que ciertos intercambios respondan a una modalidad y otros a una contraria. Es decir que en una misma pareja pueden coexistir diversos vínculos sin que forzosamente respondan siempre a un modelo de laboratorio construido teóricamente.

 

Por otro lado, en el modelo D, vínculo amoroso o de terceridad ampliada, los autores parecen construir un modelo ideal, modelo de pareja que funciona bien y al que toda pareja debería aspirar. Esta construcción, más que de un modelo de pareja, de una pareja modelo, es común a muchas otras teorizaciones, y es peligrosa. La idea de que existe una pareja ejemplar es una idealización que puede dañar mucho a las parejas reales por las dificultades e imposibilidades en alcanzar ese ideal.

 

No existen parejas perfectas, lo que existen son parejas con diferentes modalidades, mejores o peores, pero siempre imperfectas. De lo que se trata en una psicoterapia de pareja no es de confrontar a la pareja con un ideal, sino de intentar alcanzar una relación que resulte satisfactoria y beneficiosa para ambos, o de descubrir su imposibilidad, no de proponerle a la pareja real un modelo de pareja ideal al que deberían parecerse.    

 

 

Otro modo de pensar a la pareja

 

En una pareja, en toda pareja, coexisten diferentes parejas superpuestas e interrelacionadas. Es decir que la pareja responde a diferentes necesidades del ser humano por lo que no puede reducirse a un solo nivel ni a un único modo de relación:

 

1 – En primer lugar tenemos una pareja de la identificación. La pareja que puede llegar a decir “somos iguales”, o “los dos somos uno”, la pareja de la “media naranja”. Es la pareja propia del enamoramiento, de la idealización de la relación. Pero no sucumbe, o no debería sucumbir, con el fin del momento del enamoramiento. Una persona siempre necesita de una cierta sensación de identidad en su pareja.

 

2 – Pero no basta con cierto nivel de la identificación. Las personas necesitan de su pareja también el reconocimiento de la propia individualidad. Si los dos somos uno yo no existo. Si tú me quieres y me aceptas como alguien diferente a ti, y especial para ti (puesto que sólo yo soy tu pareja), me reconoces y me ayudas a sentir una persona singular, me adjudicas un valor, me haces sentir importante y necesario.

 

3 – Una pareja del deseo, deseo que no se limita (aunque incluye) al deseo del acto sexual genital. Al desear a otro lo hacemos sentirse deseable y, a la vez, damos un cauce a nuestro deseo. Hacemos así de él o de ella la causa de nuestro deseo. Si deseo a otro es porque algo me falta en mí, y espero del otro que me lo de (por eso a una persona demasiado satisfecha de sí misma, a la que parece no faltarle nada, le es tan difícil llegar a construir una pareja.
Pero el deseo humano es singular, no es sólo deseo del otro, es también “deseo de un deseo”: te deseo y deseo que me desees. Que me desees con y por mis virtudes pero, también y sobre todo, con y por mis defectos, porque al desearme me haces sentirme deseable. Este nivel de relación puede originar muchos conflictos porque, a la vez, si me rechazas me haces sentir rechazable.

 

4 – Pero a la pareja humana no le basta con identificarse, reconocerse y desearse, necesita también cierto nivel de satisfacción. Necesitamos que nuestra pareja nos permita alcanzar, aunque sea parcialmente, algún modo de satisfacción. Es muy duro vivir en la insatisfacción permanente, algo que genera mucho malestar y crisis en la pareja. No es necesario (ni posible) que una pareja sea perfecta para producir satisfacciones. Pero es necesario que las singularidades de cada uno, sus virtudes y defectos, sus respectivas posiciones ante la vida, no diremos que tengan cierta complementariedad, pero sí que faciliten a su partenaire ciertos goces en la vida. Es este quizás el nivel que más solidez da a las parejas, y el que más conflictos produce.

 

No hablamos de una pareja del amor porque el amor incluye todos estos requerimientos de la pareja.          

 

 

La pareja hoy y la psicoterapia de pareja

 

Si hoy asistimos a tantas crisis de parejas que podemos hablar de una crisis de la pareja, si se producen tantas separaciones, es en parte porque ya no es forzoso el vínculo matrimonial conyugal monógamo, “hasta que la muerte los separe”, lo que hace que el contrato matrimonial no subsista muchas veces al fin de toda relación de amor; pero también porque la sociedad hedonista en que vivimos propone cada vez más modos de satisfacción individuales y solitarios.

 

Así como hay parejas que permanecen unidas en situaciones muy conflictivas y con grandes sentimientos de insatisfacción, sin que sepan a ciencia cierta qué es lo que los mantiene unidos; hay otras en que uno o los dos miembros de la pareja no soportan la inevitable desilusión y se apresuran a disolver la relación para partir en busca de una nueva pareja (que probablemente reitere a la anterior) o de la “propia identidad”, sin llegar a saber qué papel jugaba esa relación en su vida.

 

No se trata de sostener una pareja a cualquier precio, aun el de la insatisfacción de ambos, pero tampoco de romperla ante la primera dificultad. La psicoterapia de pareja, al favorecer que dos personas se escuchen, que puedan llegar a comprender al otro y entender qué es lo que pasa en su pareja, a superar malentendidos e impasses, puede permitir que una pareja revea su funcionamiento y remueva los obstáculos que se interponen; o descubrir que ya la pareja no es lo que quieren; pero siempre lo harán con mayor realismo y claridad en su elección.