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03 – Breves

/03 - Breves

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

DEPRESIÓN POSVACACIONAL

agosto 21st, 2016|

Ha finalizado el verano ¿Has regresado de vacaciones, debes incorporarte a tu trabajo y experimentas cansancio generalizado, fatiga, insomnio, dolores musculares, falta o aumento de apetito, o falta de concentración, o esto le acontece a uno de tus hijos al reincorporarse al colegio? ¿Sientes irritabilidad, tristeza, falta de interés, nerviosismo…? En estos tiempos en los que a todo malestar le ponemos nombre, tú, o tu hijo, padecéis un síndrome posvacacional.

Un síndrome involucra a un conjunto de síntomas que suelen presentarse asociados, síntomas que pueden responder a la misma enfermedad o tener causas diferentes en personas también diferentes.

Hace unos años se presentó en nuestra consulta un almirante afectado hasta las lágrimas por la obligación de reincorporarse a filas. Experiencia sorprendente porque uno no asocia en principio este síndrome con un Almirante de Marina, pero que demuestra que, aunque no lo experimenten todas las personas en la misma situación, nadie está exento de sufrirlo.

Algo es común a todas las personas que sí padecen este síntoma: no están contentos con la vida que han elegido o a la que se han visto forzados.

Pero la cuestión que nos ocupa es: ¿Tiene tratamiento la depresión posvacacional?

Medidas preventivas:

Se aconseja no apurar las vacaciones hasta el último día. Dejarse un colchón de días entre el regreso y la incorporación a la disciplina cotidiana. Pero son tan cortas las vacaciones que muchas personas prefieren renunciar a este recaudo.

También es conveniente reservarse tiempo y planificar actividades de ocio recreativas en la primera semana de incorporación al trabajo, o planificar un corto viaje ilusionante, aunque sea un fin de semana, no más allá del primer mes de la reincorporación para autoproporcionarse una ilusión y una expectativa en esos difíciles días.

¿Qué hacer cuando el síndrome postvacacional ya se ha presentado?

Una de las primeras medidas es no fijarse objetivos ambiciosos en esos primeros días (una semana), sino objetivos de estudio o laborales de sencilla concreción a corto plazo. Ten en cuenta que según diversos estudios laborales, un 35% de las personas demoran una semana en alcanzar un pleno rendimiento acorde a sus capacidades habituales (capacidades que se encuentran mermadas en esos momentos). Algunas personas pueden tardar más de un mes.

Si la depresión postvacacional se prolonga durante más de dos o tres semanas es conveniente consultar antes de que el estado depresivo se fije y se haga difícil de erradicar, en cuyo caso la vuelta al cole o al trabajo podría estar actuando como desencadenantes de una depresión larvada.

Psicólogos, psicoterapeutas, psicoanalistas y psiquiatras tenemos recursos, no sólo para ayudarte a hacer la “reentrée” más llevadera, sino también para reorganizar tu vida de modos que no habías siquiera pensado y que pueden desembocar en un acuerdo más satisfactorio con la vida y sus obligaciones, aunque pueda parecer inaccesible cuando uno está deprimido.

¿EXISTEN LAS PERSONAS TÓXICAS?

noviembre 9th, 2015|

No constituyen una categoría diagnóstica, no están en los manuales de psiquiatría y psicología, no sólo carecen de diagnóstico de pretensiones científicas, sino también de tratamiento, excepto marginarlos.
Cada vez más en los medios de difusión, en las revistas y webs de psicología, en las redes sociales, se habla de “personas tóxicas”, y se aconseja huir de ellas como de la peste.
Las cosas que se dicen de ellas en revistas y en internet son realmente impresionantes: “son como vampiros emocionales que roban la energía de los demás”
En una sociedad que empuja al “éxito”, aunque éste sea difícilmente alcanzable, son muchas las personas que no lo alcanzan y se sienten desgraciadas por ello. Pero en esta sociedad de “ganadores” no hay más lugar para los supuestos perdedores que el de la exclusión social. Parece que no se trata de apoyarlos y ayudarlos, de orientarlos hacia una ayuda personal o profesional, sino de culpabilizarlos. No basta con el hecho de que se sienten mal, además deben sentirse culpables por sentirse mal, es decir, sentirse peor por sentirse mal.
Se puede leer en una web: “Todos somos responsables de cómo queremos y deseamos vivir, y en consecuencia disponemos por naturaleza de los recursos necesarios para modificar ciertas actitudes y gozar de más felicidad en nuestras vidas.” Sí, pero no todos tenemos los mismos recursos, ni es fácil descubrirlos ni desarrollarlos. Para ello se puede necesitar ayuda. Pero lo que se propaga es que no hay que ayudar sino aislar, excluir a las personas que sufren. Es un auténtico elogio de la discriminación.
No es de extrañar, por lo tanto, que todos estos textos incluyan en las personas supuestamente “tóxicas” a los neuróticos, es decir, a las personas que padecen una neurosis. Pero ¿qué es una neurosis? Según el diccionario un “Trastorno parcial de los aspectos funcionales de la individualidad que afecta sobre todo a las emociones y deja intacta la capacidad de razonamiento”. Esto incluye a todas las personas que padecen por razones emocionales, lo que incluye a una enorme proporción de la población.
Aunque no se las mencione, queda claro que, por las descripciones que se hacen, que una persona que padece una depresión, por ejemplo, es una “persona tóxica”, y que debe ser marginada y segregada. Decimos una persona que se encuentra deprimida como podríamos decir cualquier persona que tenga un padecimiento psicológico y/o emocional. Y, por supuesto, todas aquellas que padezcan un trastorno de personalidad.
Este “boom” del concepto de personas tóxicas, producto de una sociedad que empuja a la manía y a la negación del propio sufrimiento, nos empuja a aislar a las personas que más necesitan nuestra ayuda. Y a aislarnos a nuestra vez cuando necesitamos la ayuda de otros.
Produce un simulacro de “felicidad” por el que las personas deben decir que se sienten bien aun cuando les ocurra todo lo contrario, ocultar su padecimiento emocional, privarse de la compañía y la solidaridad que tanto necesitan.
Marginación y segregación donde debería haber comprensión y apoyo. Y una pastilla tomada a escondidas. Y no lo decimos porque no creamos que una medicación antidepresiva o ansiolítica pueda ser temporalmente necesaria en determinadas circunstancias, sino por el estigma que parece acompañarlas. Son las medicaciones que más se consumen en España actualmente, pero de eso no se habla.
Al contrario, cuando padecemos un sufrimiento subjetivo, no debemos creernos “tóxicos”, sino sabernos vulnerables. Y recurrir a familiares o amigos y a profesionales para superar esa situación en vez de avergonzarnos.

La pesadilla de los quirófanos

octubre 1st, 2005|

Marina Averbach

Primero fueron las operaciones de cirugía estética. Gracias a ellas una persona puede modificar el aspecto de su nariz, quitarse o agregarse centímetros en el busto, en fin, modificar fragmentos de su cuerpo para que su imagen en el espejo se aproxime más a su ideal.

Antes pensaba que a una adolescente en conflicto con su cuerpo más le valía aprender a llevarse bien con él porque, después de todo, es el único que tiene y tendrá que convivir muchos años con él. Ahora también puede cambiarlo. Puestos a modificar la apariencia, ¿por qué no el color de piel? Aquí las implicancias ya son otras, porque el color de la piel es el indicio más evidente que identifica a una persona con su raza, por lo que, rechazando esa identificación, cambia no sólo de piel sino de raza (lo que de paso demuestra la ambigüedad del término raza, aplicado a los humanos con un sentido muy diferente al que se le da para otras especies.

A nadie se le ocurriría que va a transformar a un cocker en un bull-dog con un simple cambio de pigmentación). Por este camino era inevitable que, tarde o temprano, en mi función de psiquiatra de la Seguridad Social, me encontrara en el deber de hacer un informe del que dependiera que un sujeto cambiara o no de sexo.

Así me encontré el otro día frente a Juan, que esperaba ansiosamente una decisión mía que le permitiría concluir su meticulosa transformación en Juana. ¿Debía o no yo autorizar-indicar que le cortaran el pito?, que es de lo que se trata tras el pretencioso nombre de cambio de sexo, a menos que creamos que el sexo se reduce a la apariencia de los genitales. Fue lo real de su cuerpo al nacer lo que hizo que los otros le atribuyeran un género y, en consonancia con él, el nombre que figura en los registros y lo identifica ante los otros. Pero él ha rechazado esa identidad sexual para elegir imaginariamente otra identificación.

La sociedad, que hace unos años lo hubiera condenado por esa elección, hoy le permite modificar lo real de su cuerpo y, además, se lo paga. Claro que sólo en el caso de que yo determine que este cambio será beneficioso para su aparato psíquico. Pero nada de lo que he aprendido en mi formación académica ni en mi formación psicoanalítica me ha preparado para semejante decisión. ¿Qué saber oracular se supone que me capacitaría, más a mí que a cualquier otra persona, para elegir si él debe o no amputarse el pene y suplantarlo por una apariencia de vagina para parecerse más aún a ella? ¿Qué derecho me asiste a anteponer mis prejuicios a sus deseos? Claro que podía negarme por razones éticas o morales, lo que se llama objeción de conciencia. Pero carezco tanto de razones éticas como morales para oponerme a sus deseos. Mi objeción sólo se refiere al lugar que se me atribuye en un campo en que la técnica quirúrgica lleva años de ventaja a la reflexión sobre sus efectos.

En mis pesadillas me veo en un futuro próximo ante la obligación de tomar cotidianamente decisiones de las que depende el futuro de sujetos que no son yo sobre su identidad real con un sexo, una raza o, ¿por qué no?, una especie.

CINE Y SUEÑO: SIMILITUDES .. . Y “UNA DIFERENCIA”

septiembre 6th, 2005|

LUIS TESZKIEWICZ
Fragmento de una conferencia sobre Cine y Psicoanálisis. Casa de América – Madrid – 1999

Se apagan las luces, nos rodean las tinieblas. La sala, las butacas, nuestros acompañantes, quedan sumidos en la oscuridad. Un rectángulo iluminado concentra nuestra atención. Durante una hora y media o dos horas la ficción que se proyecta en el rectángulo se vestirá con las cualidades de la realidad, y nuestra realidad, la de que estamos sentados en la oscuridad, se difuminará en nuestra conciencia. Esa misma noche apagaremos la luz, cerraremos los ojos, nos dormiremos y el mundo exterior habrá desaparecido. Aparentemente nosotros, como sujetos, también habremos desaparecido; pero no totalmente, porque en el transcurso de la noche soñaremos.

En principio, las similitudes entre cine y sueño son muchas. También son muchas sus diferencias. Una, al menos aparentemente, parece la más evidente: del sueño sólo nosotros somos responsables ¿quién sino?

EL CINE COMO SUEÑO DIRIGIDO

En cambio, en el cine, sabemos que un conjunto de personas (guionista, director, productor) han programado esa suerte de realidad ficticia que es una película. La industria del cine es, como tantas veces se ha dicho, una “fábrica de sueños”, esos sueños fabricados, por tanto, no nos pertenecen; pero, desde el momento en que hemos pagado nuestra entrada, hemos aceptado voluntariamente dejarnos llevar por ellos. Sueño dirigido, entonces, con la ventaja de contar con nuestra conciencia adormecida.

CONDICIONES

Para que este fenómeno oniroide se realice, son necesarias, al menos, dos condiciones que no siempre se cumplen: PROYECCION (LUMIÈRE VS. EDISON).

La primer condición es una sala oscura, una butaca cómoda y una gran pantalla. Eso ya es bastante difícil. Las más de las veces (al menos si nos gusta ver las películas en versión original o no nos apetece ir al centro) vemos las películas en unos asientos bastantes incómodos y en una pantalla apenas más grande que la de nuestro televisor. O demasiado cómodos: en nuestra cama, pero en una pantalla aún más pequeña y con constantes interrupciones.

En cualquier caso, el cine, como hecho material, audiovisual, es el mismo. Pero entonces el inventor del cine es Edison, como sostienen los americanos, puesto que Edison inventó la “fotografía en movimienrto”, la película cinematográfica tal cual la conocemos.

Pero los europeos sostenemos que los inventores del “cinematógrafo” fueron los hermanos Lumière, y no creo que sea sólo cuestión de chauvinismo. Los hermanos Lumière inventaron la proyección cinematográfica, y el efecto fue muy diferente al logrado por Edison. Es de sobra conocida la anécdota de la primer proyección: al ver a un tren abalanzarse sobre la platea muchos espectadores salieron corriendo. La ilusión de realidad era perfecta, muy distinta a la del kinetoscopio de Edison: nadie salía corriendo al ver un tren por el pequeño visor.

Los espectadores del primer espectáculo Lumière no repararon en que la imagen era bidimensional, en blanco y negro, ni en que ese tren no hacía ruido. Percibieron un tren y huyeron. ¿Pero es tan sorprendente? Si soñamos que un tren se abalanza sobre nosotros, puede que no sepamos el color del tren, puede que no oigamos su sonido, pero lo más probable es que la angustia que sintamos sea real, porque el peligro que ese tren representa se nos presentifica como real. Si no salimos corriendo es porque nuestro cuerpo duerme.

Los espectadores del cinematógrafo Lumière estaban despiertos y reaccionaron con una acción motora. Después los espectadores aprendieron a quedarse sentados, pero desde sus orígenes el cine se mostró como un espectáculo capaz de producir “emociones fuertes”.

También quedó marcado, desde su nacimiento, por esta “impresión de realidad” que, como dice André Bazin, diferencia al cine “respecto al sistema tradicional de las artes”.

La segunda condición, aún más difícil de obtener que la primera, es que la película esté “bien hecha” CINE “BIEN HECHO” No me refiero a ninguna calidad o valor artístico, sino a que sea capaz de producir en nosotros la ilusión de realidad que se propone.

Desvanecida la ilusión de realidad de la ficción que se nos ofrece en la pantalla, perdemos todo interés en ella y nos vemos forzados a regresar a otra ilusión de realidad, a la de la ficción que constituye nuestras vidas. EL CINE (HECHO COMERCIAL-INDUSTRIAL) TIENE COMO MISIÓN FUNDAMENTAL LLENAR LAS SALAS: Para eso debe, ante todo, “satisfacernos”, “realizar” nuestros deseos, en primer lugar el deseo de “entretenernos”, “divertirnos”, es decir: descansar de nuestra vida cotidiana (como el sueño). Y, como el sueño, debe procurar que no “despertemos”, que en el cine equivaldría a desentendernos de la película y volver a la representación de la sala, de las butacas o de nuestras preocupaciones de la vigilia.

CINE E IDENTIFICACIÓN: Uno de los recursos más poderosos (sino el más poderoso) con que cuenta para ello es el de la identificación. Fenómeno extraño este de la identificación en el cine, por el que, sin dejar de ser totalmente nosotros mismos, somos también el héroe o heroína de la historia.

Tanto más extraño en cuanto este héroe o heroína, generalmente bello, y elegido por su belleza entre miles de aspirantes, atlético, sin un gramo de grasa y capaz de las mayores hazañas sin despeinarse, no se nos parece. Y, sin embargo, es una imagen especular en la que nos reconocemos (o nos desconocemos). Podría pensarse que la identificación sería más perfecta si el héroe fuera idéntico a nosotros, o, al menos, si participáramos de la ficción desde su mirada, pero no es así.

Partiendo de esta idea en la década del 40 se hizo una película (”La dama del lago”) íntegramente en lo que se llama “cámara subjetiva”, es decir que al protagonista no se lo veía nunca y toda la película se la veía desde sus ojos. Se esperaba que así el espectador viviera la película desde el lugar del protagonista.

El resultado fue el contrario: el público no encontraba en la pantalla a quién identificarse, perdía interés y se desentendía de la película. Nos identificamos con alguien que está en la pantalla, no fuera de ella. Esto sólo puede sorprender a quien desconozca los mecanismos de lo imaginario: En nuestros sueños, en nuestros recuerdos (verdaderos o falsos), en nuestras fantasías, estamos en escena, nos vemos ahí desde un punto de vista que no es el nuestro, sino el de una mirada que nos abarca…. Pero esto nos lleva un poco demasiado lejos.

PERO NO SÓLO NOS “IDENTIFICAMOS” CON LOS BUENOS. Lo que cualquier analista sabe, por experiencia, es que en el sueño el soñante no se representa sólo en su propia imagen, sino en la de cualquier personaje del sueño (o en un animal, o en un objeto, o en la acción misma).

< p style="text-align: justify">Algo análogo ocurre en el cine: no sólo nos identificamos con “el bueno”, también podemos identificarnos (de hecho lo hacemos) con “los malos”, con personajes que rechazamos (aunque también tenemos la libertad de rechazar lo que, en una película, nos identifique en un lugar que no nos gusta.

De esta manera el cine nos permite realizar fantaseadamente cosas que de otra forma no aceptaríamos. Por ejemplo: ¿cuántas películas hemos visto en las que un policía se salta las leyes a la torera para detener un delincuente ante la mirada complaciente (y complacida) de un espectador que, probablemente, es un ciudadano escrupuloso y respetuoso de las leyes? ¿O cuántas personas pacíficas asisten alegremente a las masacres en cadena de “Rambo”? EL CINE Y LAS FANTASÍAS PERVERSAS (¡OJO CON EL TÉRMINO!): Tampoco esto es sorprendente.

Hace algo más de un siglo que Freud descubrió que los neuróticos (y para el psicoanálisis todos somos neuróticos, excepto los psicóticos y los perversos) producimos, consciente o inconscientemente, fantasías perversas, de todas las perversiones imaginables. Eso precisamente nos hace neuróticos (los perversos se limitan generalmente a una sola perversión y, en su caso, no es fantasía).

Cuando decimos que el cine realiza nuestras fantasías y nuestros deseos a estos deseos y estas fantasías nos referimos:

VOYERISMO: ¿QUÉ PASA CUANDO EL PERSONAJE NOS MIRA A LOS MIRONES? La más evidente de las fantasías “perversas” que el cine nos ofrece es el voyerismo: No hace falta recurrir al ejemplo más manifiesto, el de “La ventana indiscreta” de Hitchkock, en la que James Stewart se dedica a contemplar con un prismático a sus vecinos (y nosotros con él). Todas las películas son espectáculos para voyers: en ellas “espiamos” (sin ser vistos) escenas de intimidad sexual o psicológica, violencias físicas o psíquicas; vemos una historia y, de paso, satisfacemos nuestra pulsión de mirones. Por eso, quizás, cuando el personaje mira directamente a cámara y “descubre” nuestra mirada, siempre se produce una sensación de incomodidad, la ilusión de realidad se desvanece y despierta la conciencia de estar viendo una película.

SADISMO – “EL SILENCIO DE LOS CORDEROS” Si el voyerismo es consustancial al cine, otras fantasías perversas se cuelan en la historia. Señaladamente, y cada vez más, las escenas sádicas. Muchas películas contemporáneas están construidas en torno a la figura de un sádico, y los “buenos” son realmente personajes secundarios que se nos ofrecen para tranquilizar nuestras conciencias. De paso podemos identificarnos, a la vez, con la víctima y con el victimario (generalmente con la víctima conscientemente y con el victimario inconscientemente, quizás porque el masoquismo goza de mayor tolerancia social que el sadismo). Pero, sin llegar a esos extremos, casi todas las películas de consumo masivo dan múltiples oportunidades de descargar nuestros impulsos agresivos; mejor si el agresor es “bueno” y sus golpes y disparos están motivados por una “buena causa”.

PAIDOFILIA (“LOLITA”) FETICHISMO – ETC. Claro que si la violencia, o lo que sea, es excesiva, siempre podemos volver la cara, cerrar los ojos o salir del cine; pero tampoco es para tomárselo tan a la tremenda, después de todo es sólo una película…. ¿Nunca les ocurrió en medio de un sueño, cuando se vuelve demasiado angustioso, pensar “es sólo un sueño”? Es bastante común.

EL CINE EN LA CLÍNICA Freud propuso en 1900 a la interpretación de los sueños como el “camino real” para dirigirse al inconsciente. Las similitudes señaladas entre sueño y cine permiten también utilizar al cine en la clínica.

MUCHAS VECES UN PACIENTE NOS CUENTA ESPONTÁNEAMENTE UNA PELI. Recuerdo en particular que, hace ya muchos años, en una misma semana 3 pacientes me hablaron de “E.T.”, que habían visto en compañía de sus hijos. La película había movilizado recuerdos y fantasías infantiles, amigos imaginarios o reales perdidos, muñecas que volvían del olvido… no siempre el afecto producido se correspondía con una película aparentemente amable.

CLARO QUE EL SUEÑO ES INDIVIDUAL… Podemos decir que el sueño es una experiencia individual e intransferible, pero la visión de una película también lo es. Si a la salida de un cine pidiéramos al público que simplemente nos contara el argumento, encontraríamos diferencias y matices realmente significativos.

DIJIMOS QUE EL CINE ES UN SUEÑO DIRIGIDO, GUÍADO POR OTRO… ¿Y EL SUEÑO?. Dije al principio que el cine está hecho por otros y el sueño es creación nuestra, pero es ¿realmente así? ¿Acaso dirigimos nuestros sueños?, ¿no hacemos muchas veces en ellos cosas que despiertos no haríamos y que repugnan a nuestra conciencia o a nuestro pudor? Pero entonces ¿quién los dirige? Esa es la experiencia que propone el psicoanálisis: experimentar al Director y así, probablemente, hacer con nuestra vida, dentro de los límites que fija la realidad, nuestra propia película.