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18 – Sin categorizar

/18 - Sin categorizar

ACOSO ESCOLAR – 1 – Casi uno de cada cuatro escolares en España ha transmitido haber sufrido algún tipo de acoso o estar siendo víctima en el colegio1

octubre 25th, 2016|

Alejandro: En el momento en que los agentes le tomaron declaración, no pudieron dejar de sorprenderse cuando el niño agredido les preguntó “¿Yo soy malo?” Uno de sus informes psiquiátricos también advierte: “Se siente que es el malo, por eso le pegan, y además los profesores no hacen nada”.”Alejandro se siente culpable, después de haber sido tan machacado”, expone Inmaculada. (“El Mundo.”17.10.2016)

Jorge: “Duró de los 6 a los 13 y ahora trata de verbalizar aquella situación, que silenció, para que otras víctimas rompan esa coraza. «Yo sabía defenderme, pero lo peor para mí ha sido el efecto psicológico, porque cuando llegas a casa tienes la tentación de autolesionarte» para mitigar el malestar. Él lo hizo. «No pensaba en nada. Me pegaba y me causaba dolor». Así se olvidaba, solo durante unos instantes, de los continuos desplantes de «toda» su clase.” (“ABC”.16.10.2016)

Álvaro: «Sufrí acoso escolar desde sexto curso de Primaria hasta cuarto de la ESO por ser homosexual». Al profundizar en su testimonio, se agrava el caso: «Recibía golpes diariamente en los genitales, en la cabeza, tenía dolores de cabeza diarios y patadas delante de los docentes del centro, además de recibir amenazas e insultos». (“ABC”21.10.2016)

A sus 7 años, el hijo de Esther ha sufrido todos los tipos. “Le llamaban gafotas, gordo, cara de culo, bebé”, relata su madre. En el patio, acababa solo en un rincón, “llorando como una magdalena, porque nadie le hacía caso”. Eso cuando no le lanzaban una peonza a la cabeza, le cortaban el pelo o le sacaban las fichas de la mochila para que no pudiera hacer los deberes, y luego, “casualmente, las encontraban los 4 acosadores”.(El Mundo”09.12.2012)

La agresión a una niña en un colegio por 12 compañeros de colegio no fue bullying para la Fiscalía de Mallorca. Óscar Cortijo, vicedecano del Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana, declara: «se ha banalizado cuando la consecuencia ha sido una niña ingresada en el hospital». (“El Mundo”21.10.2016)

¿Qué es “acoso escolar”?2
“Acoso escolar es cualquier tipo de agresión psicológica o física mantenida en el tiempo y con intención de hacer daño”.

“Aunque no siempre es grupal, una de sus características fundamentales es el desequilibrio de poder: la víctima está sola frente a un grupo agresores y observadores (que suele ser el resto de la clase); estos últimos saben lo que está pasando, pero no hacen o dicen nada por diferentes motivos”. (Lic. Alicia García de Pablo, de la Fundación Protégeles para la protección de la infancia)

¿Cómo comienza el acoso escolar?Acoso social: exclusión y aislamiento de la víctima. Por ejemplo: se la deja fuera de las actividades conjuntas, como un partido de fútbol o una salida colectiva.

  • Acoso psicológico. P. ej.: insultos, humillaciones y amenazas

  • Acoso físico: agresiones directas (golpes) y/o indirectas (producir daño en objetos personales de la víctima, etc.)

“Un día regresó con el abrigo rajado. Otro, con las gafas pisoteadas. Otras veces llegaba con chichones, arañazos… Incluso le cortaron la coletilla durante un recreo”.

Ciberbullying

Lo que ha crecido notablemente es el acoso escolar a través de Internet, porque “ha aumentado el número de usuarios y ha descendido la edad de inicio del uso de las tecnologías”. Este tipo de acoso tiene unas características que lo hacen especialmente preocupante: la participación de terceros, a veces sin conocer a la víctima, que hace que se multiplique el número de acosadores. Además puede perdurar incluso si ha terminado el problema en el centro escolar, el acoso puede continuar en Internet. Y no da tregua al acosado. Si la víctima sufría el acoso en el colegio pero fuera de horario escolar podía estar relativamente tranquila, el ‘Ciberbullying’ la priva también de eso. El acoso continúa en su tiempo de ocio, a través del e-mail, los wassap o las redes sociales.

Pero Internet también puede ayudar a las víctimas. Por una parte, aumenta el número de espectadores que pueden apoyarlas. También proporciona herramientas, como los foros, en los que puede solicitar ayuda. Desde el punto de vista jurídico queda constancia del acoso, que en muchos casos puede denunciarse por ser delitos tipificados (amenazas, injurias, suplantación de identidad…), explica Ana Fernández Guillen, abogada de Protegerles.

Sobre los agresores

No existe un perfil definido del acosador “tipo”. No necesariamente son los típicos “malotes”. Lo que nos debe hacer reflexionar es que generalmente, aunque pueda parecer paradójico a quien no sea conocedor del funcionamiento de la psicología humana, así como las víctimas suelen sentirse culpables, los victimarios no manifiestan ningún sentimiento de culpabilidad.

Muchas veces (afortunadamente no todas) cuentan con la complicidad de sus padres. Al ser informados por el colegio algunos pretenden despachar el problema con el frecuente “Son cosas de niños”. No, no son cosas de niños, es acoso.

La no intervención a tiempo con el niño agresor puede favorecer el desarrollo de una personalidad antisocial o de jóvenes y adultos que practiquen o toleren «la violencia en el hogar (violencia doméstica) o en el trabajo (mobbing), pues ven que sus conductas les dan resultados». En este sentido. El psicólogo Oscar Cortijo señala que «no puede ser que las víctimas tengan que ser las que abandonen los centros». «Se lanza el mensaje de que el acosador sale totalmente impune».

(Continuará)

2 El resto del artículo está escrito en base al reportaje “No son cosas de niños, es acoso” (El Mundo”09.12.2012)

LA MAREA BLANCA PROTESTA POR LA FALTA DE MEDIOS EN SALUD MENTAL “Hay más de diez suicidios al día que no constan y que están sujetos a todas estas desgracias”

octubre 18th, 2016|

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que sin salud mental no hay salud. La OMS especifica que la salud mental no es sólo la ausencia de trastorno mental sino un estado de bienestar psicológico en el cual “el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.”

España invierte menos en salud mental que la media de la UE: 5,5 euros por cada 100 que destina al gasto total sanitario. La media de la UE (incluyendo a los países del este) es de 7 euros, más en los países desarrollados de nuestro entorno. Y eso a pesar de que se calcula que en España 1 de cada 4 personas tendrá algún trastorno mental a lo largo de la vida.
La consecuencia es la falta de recursos y que las las personas con problemas mentales o psicológicos no tengan cubiertas sus necesidades elementales.

LA MAREA BLANCA SE MOVILIZA CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DE SERVICIOS DE SALUD MENTAL

La Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (MEDSAP) Marea Blanca, un conjunto de colectivos de profesionales y usuarios en defensa de la sanidad pública y en protesta contra los recortes y los planes privatizadores, se manifestó este domingo 16 de octubre para protestar por la falta de medios destinados a la prevención de la salud mental por parte de la Comunidad de Madrid. En su declaración sostiene que la Salud Mental “es  la gran olvidada de todos los planes sanitarios, la hermana pobre de la Sanidad española y uno de los servicios peor tratados por las Administraciones Públicas”.
Denuncian
“el reducidísimo número de profesionales de salud mental que intervienen en nuestros centros públicos, a pesar de la altísima demanda”. También la falta de “terapias de intervención temprana sin tener que recurrir a la medicación” y la falta de continuidad de cuidados tras un episodio psicótico” y el posterior alta hospitalaria. Esto último hace que los pacientes queden “abandonados, a merced de nuevos ingresos, y con el consiguiente sufrimiento para ellos y sus familias”.

La portavoz de la MEDSAP-Marea Blanca, Carmen Esbrí, ha afirmado que: Hay más de diez suicidios al día que no constan y que están sujetos a todas estas desgracias”.

Del conjunto de denuncias presentes en la manifestación de este domingo nosotros reflexionaremos hoy sobre dos.

Las largas listas de espera y el reducido tiempo de atención

Nel A. González, presidente de la Confederación Nacional de Salud Mental, denuncia en las páginas de “El Mundo” que debido a la “exigua inversión”, las listas de espera para que los pacientes sean atendidos son “extraordinariamente largas”.

Esto es así porque desde hace un par de décadas no se repone el total de los psiquiatras que causan baja por jubilación u otros motivos, al mismo tiempo que aumenta la demanda. En promedio se está citando a los pacientes cada 3 meses o más. Es evidente que una persona en crisis aguda no puede esperar tanto tiempo. Si existe riesgo suicida es probable que no se presente a su próxima cita porque se haya quitado la vida. Pareciera que para las autoridades sólo fuera un dato estadístico que ni siquiera se difunde: Se producen 10 suicidios diarios en España,.

El número de suicidios duplica al de las muertes en accidentes de tráfico, pero con menos difusión.

Existe también un problema añadido: el tiempo que pueden dedicar los profesionales de la Seguridad Social a los pacientes es muy breve desde la “racionalización” del servicio en 1994. 20 minutos cada 3 meses es un tiempo insuficiente para cualquier tratamiento psiquiátrico que merezca ese nombre.

El presidente de la Confederación de Salud Mental dice, en el mismo artículo periodístico, que “en los casos que a priori parecen más leves hay deficiencias graves, porque si no se les dedica el tiempo necesario la situación se puede escapar de la mano y la recuperación ser mucho más lenta”.

La falta de alternativas psicoterapéuticas sin tener que recurrir siempre sólo a la medicación

Si es exigua la oferta de la Seguridad Social en psiquiatría es prácticamente inexistente en psicoterapia, pese a que está comprobado que en la mayoría de los trastornos la psicoterapia es más eficaz que la medicación (como en los Trastornos de Personalidad), y que la combinación de psiquiatra y psicólogo es siempre más eficaz que la atención exclusivamente farmacológica.

El reducido número de psicólogos presentes en los centros de Salud Mental se justifica porque es más económico, requiere menos frecuencia y menos tiempo de atención (y consecuentemente menos profesionales) recetar una pastilla que realizar una psicoterapia, como si en un tema tan sensible como la salud primaran siempre criterios económicos. Pero además este pretendido ahorro es falso: el Estado gasta ingentes sumas de dinero en medicamentos cada vez más costoso (sin que esté demostrado en todos los casos que son más eficaces que la medicación más antigua y económica) al mismo tiempo que ahorra en personal. La razón es muy sencilla: no es igual la presión que ejercen usuarios y profesionales que la que pueden ejercer los lobbies de las grandes empresas farmacéuticas.

No es esa la única razón. También es decisiva una concepción estrechamente biologicista de la psiquiatría que desvaloriza en la práctica la participación de los factores psicológicos en la enfermedad y salud mental y, consecuentemente, los tratamientos psicoterapéuticos.

Pero eso será tema de otro artículo.

Ver más en:

http://www.persona-psi.com/wp/cuando-consultar-a-un-psicologo-o-a-un-psiquiatra/

http://www.persona-psi.com/wp/10-buenas-razones-para-consultara-un-psicologo/

Las autolesiones en adolescentes y jóvenes y el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).

octubre 15th, 2016|

SOCIEDAD 17 3 2016 AUMENTO DE ADOLESCENTES QUE SE HACEN CORTES EN EL CUERPO EN LA FOTO CLAUDIA

Un artículo publicado por El Periódico en marzo de 2016 da algunos datos que pueden ser escalofriantes. Si bien los datos son de Catalunya podríamos hacerlos extensivos al resto del país.

El 45% de los adolescentes de 12 a 17 años que en 2015 ingresaron en la unidad de psiquiatría infantil y juvenil del Hospital de Sant Joan de Déu (HSJDD) -160 de un total de 360- mostraban una inquietante profusión de cortes auto-infligidos en los antebrazos, los muslos, el vientre o el tórax, heridas trazadas en batería, una tras otra, hasta reunir 15 o 20 cortes por tramo”.

Aunque no era ese el motivo de hospitalización no puede dejar de llamar la atención de psicólogos y psiquiatras. No sólo por la significativa proporción de pacientes que mostraban idénticas lesiones, sino porque todas seguían la misma pauta en el “diseño”.

Otro dato llamativo es que, si bien se conoce este fenómeno desde hace mucho tiempo, está aumentando vertiginosamente en los últimos 3 años, tomando como referencia los mismos centros hospitalarios.

No se trata de conductas suicidas porque son cortes epidérmicos, superficiales, que la peor complicación que pueden presentar es que se infecten. Tampoco todos los adolescentes o jóvenes con estás conductas cumplen con los criterios diagnósticos del trastorno límite de la personalidad (TLP) al que están frecuentemente asociadas. Ni podemos circunscribirlos a una extracción social determinada cierto nivel de estudios o una patología común.

Eso sí, en el 85% de los casos son mujeres.

EL DISEÑO DE LAS HERIDAS Y SUS INSTRUMENTOS.

Los trazos suelen ser horizontales, de 9 o 10 centímetros de longitud, separados unos de otros por 2 cms. o menos.

La diminuta hoja de acero afilado de un sacapuntas, un destornillador, una hoja de afeitar sin soporte, o las propias, uñas son las “herramientas” más frecuentemente utilizadas para rasgar la piel una y otra vez sobre la misma herida.

Con las uñas frotan hasta hacerse sangre. Se les forma una costra, que arrancan y remueven. Si la herida se les infecta, les deja marca y así forman cicatrices de hasta dos centímetros de ancho”, describe Anna Sintes, psicóloga clínica del Sant Joan de Déu.

No sabemos por qué está sucediendo esto, ni por qué lo que antes era un síntoma colateral de algunas alteraciones mentales ha pasado a ser un problema generalizado. Tenemos previsto iniciar un estudio sobre este boom de auto-lesiones para poder establecer una causa y una evolución”, dice la misma psicóloga en el artículo citado.

Cortarse la piel en zonas de epidermis resistente, como los muslos, o de alta sensibilidad, como el vientre, duele. ¿Qué encuentran estos jóvenes en el dolor auto-provocado?

Cuando me corto la angustia se me va, aunque sea durante cinco minutos”. “Cortarme me relaja”, “dejo de pensar”, “la ansiedad se esfuma durante un rato”…

IDENTIDAD A TRAVÉS DEL DOLOR

Calman un malestar emocional a través de un dolor físico.

Los adolescentes se nos están cortando porque han encontrado una vía para tranquilizarse de resultados inmediatos”, advierte Joaquím Puntí, psicólogo clínico del Hospital del Parc Taulí de Sabadell, en cuyo servicio son atendidos cotidianamente chicos y chicas con cortes corporales.

No soportan las frustraciones y ésta es la vía que han encontrado para defenderse del dolor psíquico que les producen.

Expresan la identidad que aún no sienten, porque a esa edad la están formando, en esos cortes superficiales del cuerpo”, señala la psicóloga Anna Sintes. “Lo que sería un proceso normal, la búsqueda de identidad, se convierte en una conducta anómala que genera imitación”.

Una búsqueda patológica de identidad

No podemos suponer que una conducta tan estereotipada se reproduce en jóvenes diferentes espontáneamente. En general la han adquirido por contagio de otros u otras con las que han compartido un ingreso o una psicoterapia grupal, o por imitación de modelos a los que han accedido por Internet u otras vías.

No hablan de eso con nadie, usan mangas largas o manguitos en verano para ocultar sus heridas. Pero muchas veces las auto-lesiones son expuestas en redes sociales. “Cuelgan las fotos rápidamente en Instagram o Whatsapp y dan lugar a un fenómeno contagioso de identidad colectiva”, prosigue la misma psicóloga.

Pueden escribirse con heridas en la piel del vientre palabras insultantes. “Gordaes la más frecuente. También el nombre del novio que las acaba de dejar o de la persona que las ha dañado. Ese auto-insulto grabado en el cuerpo parece apaciguar el torturante dolor psicológico.

Marta Fernández, psiquiatra infantil y juvenil en el hospital de día de la Fundació Althaia de Manresa declara en el mismo reportaje: “Cortarse es su forma de decir ‘estoy aquí’.

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

La psicoterapia y la medicación en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia

octubre 8th, 2016|

Existen diversos medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA o TDAH).

Fármacos estimulantes como el metilfenidato (Rubifén, Concerta, Medikinet, Equasym, Medicebran o metilfenidato genérico) y la dexanfetamina (Elvanse), este último sujeto a control adicional para verificar su seguridad.

Fármacos no estimulantes: Antidepresivos como la atomoxetina (Stratera) que se utiliza cuando no se quiere recurrir a un estimulante. Neurolépticos como la risperidona (Risperdal o risperidona genérica) utilizados por sus efectos como tranquilizantes mayores. La risperidona (o Risperdal) actúa sobre la impulsividad y la hiperactividad por su efecto sedante, pero no así sobre el déficit de atención que puede incluso empeorar como consecuencia del embotamiento y la somnolencia que puede producir. Últimamente también se están utilizando en algunos países ciertos antihipertensivos.

Aunque algunos neurólogos y psiquiatras indican la medicación de inicio, como primer línea de tratamiento, no nos parece adecuado generalizar. Cada caso y cada niño merecen un análisis individual.

Admitiendo que en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad intervengan factores del neurodesarrollo, no podemos limitar nuestro conocimiento a sus bases neurológicas ni el tratamiento a agentes neuroquímicos (medicación).

Aun cuando se recurra a los fármacos, éstos sólo deben ser un complemento de un trabajo psicoterapéutico para ayudar al niño o niña (y a su familia) a conseguir una mejor gestión de sus dificultades que, partiendo de sus singularidades, favorezca un mejor desempeño escolar y en sus relaciones familiares y sociales, que muchas veces se ven afectadas.

Es conveniente, siempre que sea posible, una comunicación fluida del psicoterapeuta con el centro educativo y con el psiquiatra (en caso de que se esté medicando al niño) .

El diagnóstico de “TDAH” no implica una enfermedad mental, sirve para nombrar a un conjunto de síntomas (mayor actividad física que la habitual a su edad, impulsividad y/o dificultad para poder mantener la atención de forma continuada, son los fundamentales) que nos señalan que algo no va bien en el niño. Pero esta etiqueta y su clasificación como trastorno del neurodesarrollo no pueden ser excluyentes ni hacernos renunciar a entender los aspectos emocionales del niño o niña que también intervienen en su desempeño. ¿Cómo se siente?, ¿qué lo hace sufrir?, ¿qué situaciones individuales, familiares, escolares y sociales le generan malestar?

Muchas veces el padre o la madre también han padecido en su infancia (o continuan padeciendo) dificultades de atención o exceso de inquietud e impulsividad, aunque nunca haya sido diagnosticado. Algunos de estos padres reaccionan a los problemas de sus hijos con sentimientos de culpa y exceso de angustia. Otros, por lo contrario, les quitan importancia: “Yo era igual, y ya ves…”, sin considerar que su hijo o hija es un sujeto diferente y su evolución también puede serlo.

Sea o no éste el caso, la intervención con la familia tiene gran importancia para facilitar la comprensión del funcionamiento familiar, la comunicación en la familia, la regulación emocional y otros aspectos del vínculo paterno – filial, y mejorarlos.

Algunos padres tienen la expectativa de que las dificultades de atención de su hija o hijo puedan solucionarse con una pastilla, pero la experiencia nos demuestra que no es así, que la medicación puede atenuar temporalmente algunos síntomas, pero no cura. La buena gestión de las emociones es mucho más compleja que la química.

EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD (TLP) Y LA PSICOTERAPIA FOCALIZADA EN LA TRANSFERENCIA (PFT)

octubre 4th, 2016|

Extracto de una entrevista a Otto Kernberg, creador de la PFT, publicado en “El Público”el domingo 3 de abril de 2016
-¿Qué es un trastorno de personalidad?
Hablamos de él cuando los rasgos de carácter y conductas habituales se transforman de manera tan rígida que limitan significativamente el funcionamiento social.

-¿Cómo se establece ese límite?
Estudiando el funcionamiento de la persona en diferentes áreas: trabajo y profesión; amor y sexo, y amistad y relaciones y creatividad. Si una persona tiene habitualmente constantes problemas con los demás, se cansa, siempre se pelea con sus superiores, eso es trastorno de la personalidad (TDP).

-En relaciones sexuales ¿qué lo apunta?
En las relaciones íntimas, se combinan libertad, erótica y ternura, lo psíquico y lo sexual. Las personas con TDP pueden tener inhibiciones graves sexuales; o funcionan bien sexualmente, pero tienen inhibición emocional, incapacidad de amar a la persona con la que tienen una vida íntima.

-¿Qué le atrajo tanto para estudiarlo?
Quería ayudar a pacientes con trastornos graves de personalidad que, en realidad, se han descuidado porque no son tan graves como para hospitalizarlos. Son capaces de manejar su vida cotidiana, pero tienden a la conducta antisocial, o escapan de la vida interpersonal a través de drogas, alcohol u otras adicciones, y tienen dificultades en el trabajo o estudios, pues no son capaces de tomar responsabilidades sin supervisión.

-¿Cuál es el origen de trastornos así?
Su falta de integración del concepto de sí mismo y del otro, la capacidad que tenemos normalmente, que ni nos damos cuenta, de sentir que tenemos una continuidad interna, somos los mismos a través del tiempo. Ellos juzgan a las personas de acuerdo con su conducta inmediata, tienen dificultad para hacerse una imagen más profunda de sí mismo y los demás.

-¿Por qué no conciben esa integridad?
Desde que nacemos, nos orientamos hacia los demás movidos por nuestros afectos, positivos y negativos. Los primeros años se vive la experiencia de lo positivo y de lo negativo por separado. La capacidad cognitiva va creando la idea de que yo soy el mismo contento y triste. Pero cuando en ese proceso normal de unión interfiere un exceso de frustración o agresión, deja esa escisión permanente entre experiencias positivas y negativas, que impide integrar el concepto de sí mismo y el de los demás.

-¿Como ayuda a esas personas la PFT?
Permitiendo al paciente activar en las sesiones sus estados totalmente negativos y positivos, para ayudarle a entender sus extremos y tolerarlos, como a él mismo.

-¿Hay muchas personas con TDP?
Se calcula que hay un 20% de población con trastorno de personalidad, el 3% grave.

10 BUENAS RAZONES PARA CONSULTARA UN PSICÓLOGO

octubre 1st, 2016|

¿Cuándo debo considerar que mis dificultades son parte del sufrimiento común de la vida? ¿Cuándo debemos pensar que ocurre algo más y consultar a un psicólogo?

Cuando existen trastornos mentales precisos la respuesta es sencilla: siempre. Pero con otras dificultades no tan definidas la frontera puede ser más confusa.

No podemos dar una respuesta general a estas preguntas que algunas personas nos han realizado en el blog, pero sí mencionar 10 situaciones (hay más) en las que la mayoría de las personas no suelen consultar, y deberían hacerlo:

1-Una emoción negativa que dura demasiado.

Todos sufrimos ansiedad de vez en cuando. Por ejemplo presentarnos a un examen, sufrir un accidente, tener que entregar un trabajo en determinada fecha, son hechos que provocan estrés y ansiedad en casi todas las personas.

Una mudanza, una separación, la pérdida de un ser querido, producen aun más estrés, ansiedad y/o depresión. Hay emociones negativas que no pueden evitarse porque forman parte de la vida y son consecuencia natural de algunos de sus avatares. ¿Pero qué pasa cuando duran más de lo esperable?

Estar un año, o incluso dos, deprimido por una separación puede ser normal; pasarse seis meses sin salir de casa es preocupante.

Estar preocupado por haber tenido un accidente o padecer una enfermedad es normal; “torturarse” porque “podría” sufrirse un accidente o contagiarse una enfermedad podemos considerarlo no tan normal.

Estar intensamente triste, ansioso o angustiado continuamente sin motivo aparente implica que ese motivo es desconocido para la persona que lo padece.

Ante estos síntomas es conveniente consultar a un psicoterapeuta.

(Nota: Como hemos explicado en otro artículo, la psicoterapia es el tratamiento de los problemas psicológicos y emocionales por medio de la palabra, y psicoterapeuta el profesional que la realiza. Psicólogo es un título universitario que, en su especialidad clínica, habilita al ejercicio de la psicoterapia. En el presente artículo utilizamos indistintamente los términos psicólogo y psicoterapeuta)

2- Haber padecido más de un ataque de pánico.

Los ataques de pánico se caracterizan por sensaciones de asfixia, ahogo, palpitaciones y, sobre todo, impresión de muerte inminente.

Cuando una persona sufre un ataque de pánico consulta a un médico o acude a urgencias hospitalarias. Si los médicos no encuentran ninguna causa orgánica para estos síntomas diagnostican ansiedad y recetan algún ansiolítico.

Si la crisis se repite vuelven a acudir a urgencias con el mismo resultado o la soportan estoicamente. Lo que casi nunca hacen es consultar a un psicólogo, porque difícilmente aceptan que esos síntomas físicos puedan ser de origen psicológico.

Si ese es su caso y no quiere vivir permanentemente en una espiral de temor a padecer un ataque, conductas evitativas de lugares en los que no sea fácil acceder a una atención médica inmediata (espacios cerrados o abiertos, supermercados, cines, salas de espectáculo…) y miedo a la enfermedad y la muerte, necesita consultar a un psicólogo.

3- Padecer de enfermedades psicosomáticas

Cuando uno padece de uno o más síntomas en el cuerpo debe consultar a un médico. Pero si, después de una revisión clínica y algunos estudios, no se encuentran causas en el cuerpo, no hay más remedio que buscarlas en la mente.

Esto es así porque mente y cuerpo están íntimamente relacionados y se afectan mutuamente. Ciertas enfermedades orgánicas pueden producir síntomas y trastornos mentales. Del mismo modo muchos problemas psícológicos originan síntomas en el cuerpo.

Si ha acudido al médico, éste ha considerado su malestar de posible origen psíquico y los síntomas persisten o se reiteran, consulte a un psicólogo.

4- Ciertos rasgos de personalidad producen sufrimiento en sí mismo o en terceros.

La personalidad y el carácter suelen ser estables a lo largo del tiempo. Un cambio radical (irascibilidad, impulsividad, agresividad con otros o consigo mismo, celos desmedidos, llanto inmotivado y muchos otros) puede ser síntoma de depresión encubierta, inestabilidad emocional, un trastorno de personalidad o, incluso, los primeros síntomas de una psicosis. Es preferible no esperar a que la enfermedad se desencadene en toda su virulencia.

Hay personas que viven con un sentimiento crónico de vacío. Necesitan mucho afecto pero sin darse cuenta alejan de sí a la gente, por lo que se sienten rechazados. No toleran la frustración, pero son presa fácil de ella. Idealizan a su pareja o amigos y ante la menor decepción los desvalorizan. Pasan del amor extremo al odio cuando se sienten decepcionados. Tienden a consumir alcohol u otras sustancias, asumen riesgos innecesarios, viven al límite, en un continuo sobresalto.

En un sentido opuesto hay personas perseverantes, obstinadas, preocupadas por detalles, exageradamente críticas consigo mismo y con los demás y, al mismo tiempo, dubitativas. En la mayoría de los casos la obsesividad excesiva afecta a la eficiencia en el trabajo; la alteración de normas o hábitos produce ansiedad y/o agresividad; las relaciones de parejas y con amigos están perturbadas por la frialdad afectiva y las “manías”. Y lo peor es que les es difícil experimentar placer ya que la obsesividad no descansa ni en tiempo de ocio.

Otras personas muestran una emotividad intensa y un exceso de emoción expresada. Necesitan ser siempre el centro de la atención. Esto puede hacer que sean seductoras y dramáticas, con relaciones intensas y conflictivas.

Los nombrados sólo son algunos ejemplos de comportamientos que pueden producir mucho sufrimiento sin que la persona piense que tiene una dificultad por la que debería consultar a un psicólogo, porque los experimenta como parte de su carácter o personalidad, y cree que no pueden cambiarse; o, al contrario, teme que una psicoterapia le haga perder su personalidad. No es así, hay métodos terapéuticos para intentar solucionar lo que no funciona, o funciona mal, respetando la individualidad de la persona.

5- No dormir bien es un problema más serio de lo que mucha gente cree.

Dormir un mínimo de seis horas diarias es necesario para la salud física y mental. Un insomnio prolongado puede alterar sensiblemente la estabilidad psíquica y emocional.

Si le cuesta conciliar o mantener el sueño, se despierta reiteradamente y tiene dificultad para volver a dormirse, debería consultar a un neurólogo o a un psiquiatra para remediarlo.

6- ¿Está aislado socialmente?.

Si usted en situaciones sociales manifiesta una gran inhibición que impide expresarse, sentimientos de inferioridad y mucha sensibilidad a posibles juicios negativos, es probable que padezca fobia social, un trastorno que tiene tratamiento psicológico.

¿Es vergonzoso, tímido, solitario y aislado? ¿No está contento con esta soledad y aislamiento? ¿En realidad desea tener más y mejores relaciones con otros y sufre por su soledad? ¿Pero a la vez evita las situaciones sociales por la ansiedad o malestar que le producen? En ese caso puede padecer un trastorno de personalidad por evitación, un trastorno más resistente pero que, como todo trastorno de personalidad, puede tratarse con psicoterapia.

7- Tener dificultades serias con el estado de ánimo.

Tanto la intensa tristeza en una persona que anteriormente se mostraba alegre, como la euforia excesiva e imprevista, o la alternancia entre esos estados de ánimo extremos en personas que supieron ser más estables, pueden ser señales de que se puede estar experimentando un trastorno del estádo de animo.

Las personas que sufren trastornos del humor muchas veces consultan al psiquiatra, pero raramente consultan a un psicólogo. Hacen mal, porque la medicación puede atenuar los síntomas más acuciantes, pero no puede resolver estos problemas en profundidad como sí puede hacerlo una psicoterapia.

8 – Infancias poco felices

El diagnóstico más frecuente con el que los niños vienen a consulta es el Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH), quizás porque es el que más habitualmente se realiza en niños. Muchos padres consultan al psicólogo o psicoterapeuta especializado en niños porque se resisten a medicar a sus hijos o no quieren que dependad indefinidamente de la medicación.

Pero pueden presentarse muchas otras dificultades psicológicas en la infancia a las que se da menos importancia porque son menos conflictivas para padres y docentes: encopresis (defecación involuntaria de un niño de más de tres años sin causas orgánicas) o enuresis (orinarse en la cama); síntomas obsesivos y compulsivos precoces; pesadillas, temores y angustias infantiles; sentimientos de impotencia y falta de confianza en sí mismos; omnipotencia temeraria; ánimo triste sostenido; rabietas intensas; etc. Signos todos ellos de perturbaciones emocionales tempranas.

Los padres no suelen consultar a un psicólogo de niños porque atribuyen erróneamente las causas de estas dificultades a faltas disciplinarias o educativas. Pero la infancia no siempre es ese paraíso que el adulto rememora cuando lo ha perdido.

Otro motivo por el que no se suele consultar a un psicoterapeuta es el prejuicio de que “es demasiado pequeño para ir al psicólogo”. En la práctica clínica ocurre todo lo contrario: cuanto más precoz es una psicoterapia más probabilidades tiene de ser más breve y más eficaz, tanto en los beneficios terapéuticos rápidos como en la prevención a largo plazo de problemas mayores.

9 – Adolescencias difíciles.

El psicólogo Aníbal Ponce decía que dos sentimientos caracterizan a la adolescencia: la ambición y la angustia. Ambición de los adolescentes porque aún no se ha topado con las inevitables frustraciones que impone la dura realidad y, por lo tanto, todo es posible; y angustia de los adolescentes porque, si todo es posible, también lo es lo peor.

Conflictos familiares; abuso de alcohol, dorgas o internet; una actitud “pasota”ante los estudios y obligaciones, irresponsabilidad y rebeldía; inhibición, retraimiento social y depresión, son algunas de las manifestaciones más frecuentes.

Cuando de nada sirve nuestra experiencia, porque la experiencia es, por definición, intransferible; cuando de nada sirven nuestros consejos, que a veces bastan para que el adolescente haga exactamente lo contrario; cuando de nada sirven el exceso de rigor ni el exceso de comprensión, cuando asistimos impotentes al proceso autodestructivo de un hijo; ha llegado la hora de consultar a un psicoterapeuta.

10 – Instatisfacción con la propia vida y el modo en que se está desarrollando

Mucha gente se siente insatisfecha con su vida, imposibilitada de disfrutarla, sin entusiasmo ni motivación. Han vivido mejor o peor, alcanzado más o menos sus objetivos, pero llega un momento en que no se reconocen a sí mismos y se preguntan “¿Quién soy yo?”. Quisieran cambiar su vida pero no saben como hacerlo.

Generalmente no se les ocurre consultar a un psicólogo porque no ven de qué modo podría ayudarlos. Y, sin embargo, estar insatisfecho y querer cambiar puede ser el mejor motivo para realizar una psicoterapia. Son esas personas, con esos conflictos, las que mejor provecho sacan de ella.

¿CUÁNDO CONSULTAR A UN PSICÓLOGO O A UN PSIQUIATRA?

septiembre 27th, 2016|

Existe en España (no es así en otros países de Europa y del mundo) un prejuicio muy extendido por el que se supone que las personas que consultan a un psicólogo o a un psiquiatra están “locas”.

Cuando tenemos un malestar físico consultamos al médico, y para pocos esta consulta es motivo de vergüenza. ¿Por qué cuando padecemos un malestar psicológico o emocional no aceptamos consultar a especialistas en la mente con la misma naturalidad con la que consultamos a especialistas en el cuerpo?

Es cierto que no es suficiente motivo para consultar tener un problema vital. La mejor motivación para realizar la consulta es querer resolverlo.

Mucha gente experimenta la sensación de estar perdiendo el control sobre su propia vida, pero no acuden a consultas psicológicas por diferentes motivos.

-Vergüenza de contar sus problemas a un extraño. Psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de salud mental no somos jueces. Si hemos elegido estas profesiones es para ayudar a las personas, no para juzgarlas. ¿Acaso uno debe avergonzarse por padecer un malestar intestinal? ¿Por qué debería ser de otra manera con otros malestares que no son necesariamente orgánicos pero que no dependen de nuestra voluntad?

– Vergüenza de lo que otros puedan pensar si consultan. Por lo que ya hemos dicho eso sólo debería producir vergüenza en quienes juzgan sin conocimientos. Pero tampoco es necesario informar a todo el mundo que uno visita a un psiquiatra o un psicólogo, no porque sea malo sino porque puede ser una de tantas cosas que preferimos mantener en reserva.

  • Vergüenza por no poder apañarse solos. Este es el inconveniente más común. Dichos populares españoles como “cada palo sostiene su vela” parecen sostener un ideal de autosuficiencia que no es ni siquiera coherente con la condición humana. Los seres humanos vivimos en relación permanente con otros. Tiene tanto mérito ayudar a alguien como dejarse ayudar. Sufrir en soledad no parece ser la mejor respuesta.
  • Una expectativa desmedida en que los problemas se resolverán con el tiempo. ¿Cuánto tiempo? Muchas personas han tomado conciencia de que necesitan ayuda pero la postergan siempre para “más adelante” porque éste no es “el mejor momento”. Cuando toman conciencia descubren que han desperdiciado un tiempo de vida realmente valioso. Cuando uno tiene una dificultad que no ha logrado resolver solo, el mejor momento es ahora.
  • Razones económicas: Desgraciadamente la seguridad social no cuenta con los recursos necesarios para poder ofrecer atención psicoterapéutica a todas las personas que la necesitan ni con la urgencia o la frecuencia con que la necesitan. Los seguros médicos también ponen muchas restricciones a la atención psicológica. Y las consultas privadas lógicamente tienen un costo (aunque puede no ser tan alto como mucha gente supone). Hay efectivamente personas a las que la precariedad de su situación económica les impide acceder a una consulta privada y es de lamentar que la seguridad social no pueda ofrecérsela. Pero otras personas que creen que no pueden permitírselo no reflexionan sobre en cuántas cosas prescindibles gastan sus ingresos.
  • Malas experiencias previas. Hay personas, incluso con problemas graves, que no han tenido experiencias psicoterapéuticas satisfactorias y, sin haber resuelto sus problemas, se resisten a volver a consultar. Cada persona debe encontrar la disciplina y el profesional que más se adecúe a sí mismo. Una experiencia poco exitosa no significa que todas vayan a serlo.

¿Es mejor consultar a un psicólogo o a un psiquiatra?

Psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas y psicoterapeutas trabajamos para la salud mental de las personas. Pero los enfoques no son los mismos.

Los psiquiatras trabajamos con recursos neuroquímicos que actuan sobre los neurotransmisores cerebrales mediante la prescripción de medicamentos que pueden aliviar los síntomas del paciente, pero no curarlos.

Los psicoterapeutas trabajamos, con distintos métodos y técnicas, con la palabra y el diálogo. En psicoterapia se procesan y las vivencias subjetivas, la personalidad, la conducta, las ideas adquiridas sobre sí mismo y el mundo (muchas veces erróneas), la autoestima, las relaciones interpersonales y la historia de la persona con sus experiencias vitales, traumáticas o no; con la escucha activa de un psicoterapeuta capacitado para orientar al paciente en la elaboración y resolución de sus conflictos, siempre en función de lo que él o ella quieran hacer con su vida.. El objetivo de una psicoterapia es que el paciente pueda realizar en sí mismo y en su entorno los cambios que él necesita, conforme a sus deseos, para disfrutar más de la vida y sufrir menos.

Estas dos recursos pueden usarse en forma exclusiva (sólo uno de ellos) o simultáneamente. Pero, salvo por problemas puntuales y acotados en el tiempo, no es conveniente recurrir sólo a los fármacos porque no son inocuos y no es bueno depender de la medicación toda la vida.

Es elección de cada uno a qué recursos recurre, o no utilizar ninguno. Pero lo importante es que sea fruto de una elección y no de la resignación o la vergüenza ante dificultades que producen sufrimiento y tienen tratamiento.

Depresión vacacional

septiembre 19th, 2016|

¿Has regresado de vacaciones? ¿Te lo has pasado mal? ¿Has sentido hastío, aburrimiento, angustia, tristeza, ansiedad, estrés o desazón? ¿Te has sentido deprimido en vacaciones? ¿En lugar de descansar del estrés las vacaciones te han estresado? En ese caso has padecido una depresión vacacional, también llamada, no sin humor, la “depresión de la tumbona”.
Las vacaciones son para disfrutar. Trabajamos todo el año esperando que lleguen, no sólo para descansar, sino fundamentalmente para gozar. Esta exigencia de disfrute puede producir el efecto contrario. ¿Por qué?
-Expectativas demasiado altas que no pueden alcanzarse. Si nuestro propio Superyó (imagen ideal que uno se hace de sí mismo y de lo que debe ser y hacer, que inconscientemente nos fuerza a tratar de alcanzarla) nos demanda unas vacaciones ideales de puro placer y, además, los otros y los medios de comunicación nos presionan en el mismo sentido, es muy probable que las vacaciones reales nos decepcionen y nos frustren.

-Tensiones familiares o sociales. Hemos ido a la playa, por ejemplo. Los niños han sido una continua demanda. Se despiertan (y nos despiertan) temprano. Hay que vestirlos, llevarlos a la playa, controlarlos, prepararles la comida y darles de comer, regresar a la playa con toda la parafernalia, jugar con ellos, regresar a casa, bañarlos, etc.; y al otro día volver a empezar. No ha habido tregua ni descanso.
O hemos veraneado en pareja. Pero no nos hemos puesto de acuerdo en casi nada. Cuando uno quería hacer una cosa al otro le apetecía otra. Discusiones, mal humor, caras largas.
O hemos veraneado con familia o amigos y la compañía nos siempre nos ha resultado agradable.
O hemos hecho un tour muy interesante, pero con sus ritmos que no fueron los nuestros, sus horarios, su permanente hacer y deshacer maletas…
En fin, que no hemos disfrutado.
-Soledad. Nos pasamos todo el año rodeados de personas (en el trabajo, el estudio, las actividades sociales, deportivas o sociales). Compañía que no siempre hemos elegido y que a veces nos agobia. Esperábamos las vacaciones para disfrutar de la soledad y cuando nos quedamos solos (en Madrid o en un viaje) nos hemos aburrido.
-No pudimos desconectar. Y los problemas y preocupaciones del trabajo, el estudio o la vida familiar han viajado con nosotros amargándonos la estancia.
-Encontrarnos a nosotros mismo. El estudio, el trabajo (incluido el hogareño, que puede ser el más agotador), las obligaciones, nos presionan todo el año. Y cuando por fin podemos hacer una pausa no sabemos qué hacer con ella. Las vacaciones siempre son cortas, pero las horas a veces son muy largas.
Por éstas y muchas causas puede padecerse una depresión vacacional.
¿Qué hacer entonces?
Lo mejor para salir de una depresión es analizar sus causas. Indagar qué nos ha producido apatía, ansiedad o tristeza y reflexionar sobre ello para poder ponerle remedio.
Puede ser preferible realizar (en lugar de las vacaciones tradicionales o además de ellas) minivacaciones. Escapadas de una semana o un fin de semana al menos cada dos meses a lo largo del año. De este modo todas las expectativas no se concentran en un único período vacacional. Pero no siempre es posible.
También es necesario encontrar cómo cambiar el modo de vida para disfrutar más durante el año. Muchas veces este propósito nos parece imposible, y a veces lo es. Pero en la mayoría de los casos tenemos una excesiva certeza en la imposibilidad del cambio porque no somos capaces de hacerlo solos.
Muchas veces regresar a las obligaciones cotidianas puede ser casi un alivio. Pero generalmente nuestra frustración vacacional aumenta el peso de la vuelta a la casa, el trabajo o el estudio. Si ya de vuelta a tu ritmo habitual de vida continuas deprimido puede que la depresión vacacional se haya prolongado en una depresión post-vacacional.
Es normal que así ocurra. Pero si pasadas dos o tres semanas del regreso la depresión no mejora, consulte con un psicólogo para que le ayude a superar esta depresión y a enfrentar sus periodos vacacionales de otra manera de ahora en adelante.

Encuesta a familias sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

septiembre 14th, 2016|

OCU (Organización de Consumidores y Usuarios de España) ha realizado una encuesta a 736 familias con hijos entre 6 y 17 años, para analizar su experiencia en relación con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La dificultad del diagnóstico o el abuso de los psicofármacos son alguna de las principales conclusiones de este estudio cuyos resultados se han publicado en el número 126 de la revista OCU-Salud correspondiente al mes de junio.

De ellas 135 tenían hijos a los que se les ha diagnosticado TDAH en alguna ocasión. El objetivo del estudio era conocer la experiencia de las familias, cómo habían llegado hasta el diagnóstico definitivo, qué tipo de tratamientos siguen, en especial el uso de psicofármacos, el apoyo que reciben por parte de los centros educativos y los gastos que conlleva convivir con esta enfermedad.

Es bastante frecuente achacar los problemas de comportamiento (niños revoltosos, con problemas para concentrarse, comportarse o controlar su impulsividad) a este trastorno. Un 25% de las familias ha tenido sospechas de que su hijo padecía TDAH y sin embargo solo el 9% de los niños en España ha llegado a confirmar su diagnóstico.

Las razones que llevaron a los padres a sospechar son diversas: el 73% de los padres notaron ciertos síntomas en su hijo, un 33% recibió la alerta del colegio y un 24% de un profesional sanitario. Entre aquellos que consultaron con un médico, en el 56% de los casos se diagnosticó TDAH, mientras que para el 33% se llegó a la conclusión de que no había ninguna patología y en 1 de cada 10 casos salió a la luz un problema de salud diferente al TDAH. El 52% de los padres que recibieron un diagnóstico de TDAH pidió una segunda opinión; en el 17% de los casos no se confirmó el citado diagnóstico.

En relación al tratamiento de los niños y adolescentes con este tipo de trastorno, OCU señala que la opción mayoritaria es la farmacológica. El 88% ha tomado medicación para el TDAH (fundamentalmente Metilfenidato) en alguna ocasión. Otro dato preocupante es que a pesar de no haber evidencia científica sobre el beneficio de la medicación a largo plazo, un 52% de las familias ha prolongado su uso más allá de los 3 años. Aunque 9 de cada 10 padres reconocen que la medicación ayudó a sus hijos a mejorar su comportamiento, también se deja entrever preocupación por sus efectos adversos; entre otros, más de la mitad de los niños presentaron pérdida de peso y apetito y el 34% sufrió insomnio.

OCU señala que otros enfoques terapéuticos no están tan extendidos. La psicoterapia ha sido seguida solo por el 32% de las familias afectadas por TDAH, y únicamente el 26% la ha combinado con medicación.

Otro de los aspectos relevantes para OCU es el papel que llevan a cabo los centros escolares y que a tenor de las respuestas de los encuestados resulta claramente insuficiente. Una mayoría de familias, el 53%, considera que su hijo no recibe ningún tipo de apoyo por parte del centro educativo. Esta situación ha motivado a un 16% de las familias con un hijo afectado por TDAH a cambiar a su hijo de colegio en alguna ocasión para intentar mejorar la atención que reciben.