OBESIDAD , EL TRASTORNO OLVIDADO - I: La comida como adicción
Octubre 31, 2007
El DSM IV (manual diagnóstico estadounidense) incluye en los trastornos de la conducta alimentaria la anorexia y la bulimia, ambas asociadas con pérdida de peso o, al menos, deseo de perderlo.
El CIE 10 (clasificación estadística de la OMS) incluye la Hiperfagia, ingesta excesiva de alimentos como reacción a acontecimientos estresantes que da lugar a una “obesidad reactiva”, pero excluye explícitamente la obesidad en sí. La obesidad no sería un desorden mental sino del cuerpo.
En los dos manuales queda así excluido de los trastornos de la conducta alimentaria el desorden más frecuente en la alimentación: comer excesivamente. La obesidad es una epidemia de la que se ocupan endocrinólogos, dietistas, todo el sistema de salud… excepto los profesionales de salud mental. Y, sin embargo, la mayoría de las obesidades, aun cuando haya una predisposición orgánica a la ganancia de peso, responden a causas psicológicas.
Excluidas así del campo de la salud mental, las obesidades y sobrepesos de origen psicológico quedan a merced de los prejuicios, tanto negativos como positivos. Como siempre que se habla de prejuicios, predominan los negativos, sobre todo respecto de los jóvenes:
- Si no es una enfermedad es un vicio o un mal hábito del que la persona con sobrepeso es culpable. Así, mientras se muestran muchas consideraciones por anoréxicos y bulímicos, personas reconocidamente enfermas, puede despreciarse al “gordo” o “gorda” porque es culpable de su situación, y puede hacérselo víctima constante de burlas, apodos y comentarios desvalorizantes, algo que las mismas personas se cuidarían de hacer con alguien reconocidamente anoréxico o bulímico.
- En una sociedad en que se proclama la tolerancia con las diferencias individuales, esa tolerancia no alcanza a la persona obesa.
- En ciertos medios, particularmente en medios de gran competitividad, la anorexia, cuando no es extrema, es bien tolerada por otra razón: tiene el prestigio de estar imaginariamente asociada a actividad y eficiencia. Sucede todo lo contrario con la obesidad.
- La anoréxica puede llegar a encontrar apoyos en su grupo de amigas adolescentes o jóvenes porque comparte con ellas el ideal de delgadez. La obesa pone en escena lo temido y rechazado por lo que puede ser o sentirse marginada del grupo.
En sentido contrario, existen prejuicios positivos. Pero que sean positivos no los hace beneficiosos, pueden ser igualmente perjudiciales:
- Sociedades, como la española, que han experimentado el azote del hambre en tiempos no tan lejanos como puede parecernos, han producido una cultura de cierta sobrevaloración de la comida como fuente de placer y signo de salud y bienestar. Así lo recoge el habla popular que de una persona con manifiesto sobrepeso dice que es “hermosa” o afirma que “la comida es salud”.
- Esta tradición impulsa a muchas madres a atosigar a sus hijos ofertándoles comida en exceso y ante cualquier malestar del niño. Ignoran que toda la comida que excede el propio apetito del niño puede contribuir a que, en un futuro, desarrolle un trastorno de alimentación en cualquier sentido (se observan antecedentes de este tipo en muchos casos de anorexia, pero también de bulimia y obesidad mórbida).
- Existe en el imaginario social la fantasía del “gordo feliz”, a la que muchos obesos contribuyen con la imagen que proyectan a los otros. Quien conozca a personas obesas verdaderamente, quien haya logrado franquear las barreras del pudor y comunicarse con ellos con sinceridad, sabe cuan lejos puede estar esta imagen de la realidad de una persona que se siente desvalorizada por los otros y por sí mismo.
- Todos estos factores contribuyen a que, cuando una persona con sobrepeso real intenta realizar una dieta, muchas de las personas que la rodean le oferten comida (“por una vez”, “si esto no engorda”, “te vas a amargar”), mientras que esas mismas personas quizás tengan más reparos en ofrecer bebidas a un alcohólico, marihuana a un toxicómano o cigarrillos a quien está intentando dejarlos.
La obesidad, una epidemia contemporánea
No es que la obesidad sea un síntoma nuevo, siempre hubo personas con excesivo sobrepeso, pero nunca hasta las últimas décadas había tenido en Europa este carácter epidémico. Para tomar conciencia de su envergadura basta con echar una ojeada a las estadísticas del país más poderoso de la tierra, Estados Unidos, donde la obesidad ya no es una excepción, es casi la regla. Y, vista la progresión, en España y Europa seguimos el mismo camino.
¿Cómo se puede explicar la extensión del exceso? Exceso de peso, exceso de drogas o alcohol, ludopatías y otras adicciones, compras compulsivas…
Vivimos en una sociedad en que se disuelven los valores tradicionales. Podemos juzgar como un progreso o como una catástrofe este naufragio, lo mismo da, lo importante es saber con qué se los remplaza.
El valor máximo parece ser la felicidad, y no está mal, pero ¿cómo se alcanza la felicidad?, ¿qué caminos se nos ofrecen para acceder a ella?
En una sociedad hedonista lo que se persigue es una felicidad individual. Por otro lado, la realidad económica y la vida social no hacen más que poner impedimentos en el camino. La sociedad nos dice “eres libre: goza”. Pero ¿cómo gozar? En nuestra sociedad ese mandato se traduce por un imperativo: ¡Consume!!! Para toda sensación de insatisfacción se oferta siempre un objeto de consumo, y ¿qué consumo más accesible e ilimitado que la comida?
Pongamos ejemplos para no perdernos en disquisiciones: ha muerto un ser querido, nos ha dejado la persona amada, perdimos el trabajo, tenemos dificultades económicas que parecen insalvables, nos sentimos poco valorados o no queridos… Todas estas pérdidas, estas frustraciones, parecen requerir una compensación.
No tenemos a mano nada que pueda compensarlas, pero siempre hay comida.
Ante la angustia que produce cualquier pérdida, siempre es posible pretender obturarla con un exceso en otro lugar: compras, alcohol, drogas o el más accesible de los objetos: comida.
Toda pérdida significativa requiere un trabajo de elaboración psíquica, al que en “jerga” profesional llamamos “duelo” por el modelo que nos ofrece la más significativa de las pérdidas: la muerte de un ser querido. En ocasiones no es factible para el sujeto realizar ese trabajo, el duelo se hace interminable y parece que no puede superarse. Muchas veces una terapia breve ayuda a derribar obstáculos y posibilita su terminación.
Con o sin ayuda, cuando el duelo concluye (se dice pronto, pero requiere un tiempo e, insistimos, un trabajo de elaboración psíquica) el sujeto ha aprendido a soportar la pérdida aunque conserve un resto de dolor. Continúa su trabajo o busca otro empleo, si es el empleo lo perdido; si lo perdido es un objeto de amor, se enamora de otra persona y forma otra pareja; en suma: rehace su vida.
Si uno puede superar una pérdida significativa es porque así está constituido en su subjetividad y es de esperar que, con mayor o menor esfuerzo, pueda superar todas las pérdidas a las que lo confronte la vida. ¿Y si no está constituido así?
Si uno no puede superarla por sí mismo, debería recurrir a un sujeto exterior y buscar ayuda terapéutica. Pero sabemos que mayormente no es así.
Cuando uno no puede superar interiormente una pérdida o frustración tiende a recurrir a un objeto exterior. En nuestra sociedad, ese objeto es casi siempre un objeto de consumo.
Cualquiera que haya estado deprimido (expresión de una pérdida difícil de elaborar, sobre todo porque muchas veces quien la padece no sabe qué es lo perdido) sabe por experiencia que familiares y amigos, con la mejor de las intenciones, le ofrecen objetos con que consolarse: “vamos a tomar unas copas”, “¿no quieres un porro?”, “¿por qué no te compras algo que te guste?”, “te invito a cenar”. La intención es siempre la mejor, pero el resultado es la oferta de un objeto de consumo (comida, ropa, droga, alcohol) para poner allí donde algo falta. Si el objeto sirve a negar lo perdido se corre el riesgo de haber adquirido una conducta que se repetirá, cada vez que uno se sienta mal al principio, automáticamente después.
¿No es acaso la adicción una vivencia extrema del consumo? ¿Y no es el consumo excesivo de comida una adicción?
Y la adicción a la comida tiene una desventaja respecto de las otras adicciones: al alcohólico se le indica que no ingiera alcohol y que intente evitar las situaciones que estimulan su consumo. Lo mismo se dice al toxicómano o al ludópata. Pero ¿cómo se hace para evitar la comida? La comida no puede llevarse a consumo cero.
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12 comentarios Agregue su comentario
1. Alejandra | Abril 28, 2008 at 12:13 am
quisiera saber en mi caso particular como hago y que con que medicacion se trata la compilsion con la comida sobre todo tengo atraqcones con los dulces desde hace 8 años por la noche comienzo a comer un alfajor y so tengo 6 como me ha pasado no puedo controlarme y me los como todo. esto es para un psicologo y un psiquiatra. tiene solucion ya que yo me siento muy angustiada y aumente mas de 30 kilos en los ultimos 2 años. hago dieta con antidepresivos y mazindol pero la primer semana me quitan la ansiedad luego como ha pesar de la medicacion o quizas me suceda porque tomo l5 dias y luego la suspendo por una semanaq . que es lo mas indicado para mi caso en cuanto a medicacion . gracias
2. Alexis | Abril 28, 2008 at 12:27 am
mi pregunta es me dieron fluoxetina para tratar los trastornos de compulsion y obsesion en cuanto a misconductas y al comer dulces pot la niche , pero no logre curarme ,. sera porque debo tomar mas dosis de fluoxetina yo tome por 8 meses pero luego recai y nunca aun tomandola se me fue la compulsion con la comisa ya fui a 3 psicologos pero me cuesta hacer caso en las tecnicas en cuanto a la comida y estoy con diabetes por mi exceso de peso . que medicaciobn hay . muchas gracias
3. dulce maria guillen cadena | Abril 29, 2008 at 7:54 pm
eeL ARTÍCULO ME PARECE INTERESANTE, ESTOY CONSTRUYENDO UN PROTOCOLO SOBRE LA IMAGEN REAL E IMAGINARIA DE LA ENFERMERA ANTE LA OBSESIDAD, ME PUEDEN RECOMENDAR ALGO¿
GRACIAS MIL.
4. PERSONA-PSI | Abril 30, 2008 at 8:16 am
Alejandra: La compulsión a comer tiene un mecanismo muy similar al de cualquier otra adicción: ante la angustia, la sensación de vacío o insatisfacción, etc., siempre se puede recurrir a la comida, porque siempre la hay en el refrigerador, el kiosko o la tienda. La comida (los dulces en su caso) se convierte en el problema y usted no puede llegar a ver qué es lo que la empuja a comer .
No se trata de encontrar una pastilla mágica. Hay medicamentos que pueden ayudar en una dieta, pero los que quitan el apetito tienen un alto potencial adictivo, y no se trata de remplazar una adicción por otra; y los que reducen la absorción de grasas tienen una eficacia limitada. En ambos casos requieren un rguroso control médico y sólo son eficaces si usted pone de su parte. Por otro lado, usted ya está siendo medicada. Interrumpirla cada dos semanas no es apropiado. Los antidepresivos, en particular, rquieren dos semanas para alcanzar su nivel de eficacia, el tratamiento debe ser prolongado en el tiempo, y su interrupción debe ser pautada y progresiva. Pero hay muchos otros recursos. Los grupos de autoayuda y la psicoterapia pueden ser muy eficaces. No dude en recurrir a ellos porque de persistir en su adicción las consecuencias en su cuerpo pueden llegar a ser devastadoras.
5. PERSONA-PSI | Abril 30, 2008 at 8:36 am
Alexis:
Respecto a la medicación debería consultar a un endocrinólogo, si es para la obesidad y/o a un psiquiatra, si es para los problemas psicológicos concomitantes. No es serio ni responsable medicar por internet porque cada persona es diferente y una misma medicación puede no tener los mismos efectos. No estamos hablando de una aspirina, sino de medicamentos que requieren un control responsable realizado por un profesional.
Por otro lado, si no puede seguir las instrucciones de los protocolos cognitivos y conductuales debería intentar un psicoanálisis aplicado a su problema o una psicoterapia psicodinámica. Cada persona debe encontrar la disciplina terapéutica que mejor se adecúe a su personalidad.
6. PERSONA-PSI | Abril 30, 2008 at 3:17 pm
Dulce María: muchas gracias por su comentario.
No conocemos bibliografía sobre el tema específico que la ocupa, pero a nosotros nos fueron de mucha utilidad:
“No quiero comer” de Juan Pudnik
y “La última cena” de Massimo Recalcati.
7. Soledad | Julio 21, 2008 at 4:53 pm
Hola! Estoy haciendo una tesis acerca de la obesidad para recibirme de psicóloga. Me gustaría mostrar la importancia del tratamiento psicológico para lograr un éxito a largo plazo pero no encuentro la manera de hacerlo plasmable a través de un método (test, escala, estudio comparativo, etc). Podrían recomendarm algo para leer o alguna idea porque me encuentro en un bloqueo!.
Muchas gracias!
8. PERSONA-PSI | Julio 22, 2008 at 9:28 am
Soledad:
Efectivamente, las psicoterapias pueden ser muy útiles para combatir la obesidad a largo
plazo y evitar el ciclo de adelgazamientos y aumentos de peso.
Si no encuntra test o escalas es porque son herramientas diagnósticas, y la oobesidad no
las necesita para ser diagnosticada.
Los grupos de personas con sobrepeso coordinados por psicoterapeutas suelen ser muy eficaces. Los tratamientos individuales también.
Lo que se trata de elaborar es la compulsión a comer y la adicción a la comida.
9. lolis | Septiembre 30, 2008 at 2:51 am
Hola, soy profesora, desde los 16 ó 17 años empecé con cuidarme del cuerpo, después fue atracarme de sabritas, no comer y luego vomitar, y así pasé por muchos años ahora tengo 31 años de edad y hace como 5 años pensaba que cuando tuviera 30 años yo ya no tendría esta enfermedad, y ahora sigo, como de manera normal, pero las papas no las he podido dejar como y como,a veces 3 veces a la semana, otras 2, 4 y así. últimamente ya no vomito, pero mi pregunta es ¿por qué no lo he dejado, por qué no he podido? En mi carrera no la he podido disfrutar por lo mismo, a veces me siento bien, otras veces mal, desde hace años perdí el rumbo de lo que quería hacer y tener en mi carrera, y he andado de un lado a otro, y ahora con miedo.
10. Carmen | Septiembre 30, 2008 at 11:17 am
tengo 43 años, a los 9 años comencé mi primera dieta. la comida me ha perseguido siempre. Desde los 29 años he sido tratada con antidepresivos a temporadas y el útimo tratamiento casi me mata. los medicamentos que me recetó un psiquiatra para combatir una supuesta bulimia me precipitarón a una depresión superada tras abandonar la medicación y 4 años de psicoterapia. Cuando llegué a su consulta nadie, ningún facultativo, pensaba que la superaría. Creo que la superación del problema pasa por una buena. terapia. me podriais indicar que tipo de terapias son mas efectivas ? Tambien soy estudiante de Psicologia si mi historia puede ayudar a combatir este problema, contad conmigo.
saludos carmen
11. PERSONA-PSI | Septiembre 30, 2008 at 8:41 pm
Lolis: Usted se hace una pregunta muy importante: “¿por qué no lo he dejado, por qué no he podido?”
Esta pregunta es una buena base para iniciar una psicoterapia con perspectivas exitosas, porque usted quiere dejar esta compulsión y, a la vez, ya sabe que sola no ha podido hacerlo.
12. PERSONA-PSI | Septiembre 30, 2008 at 10:02 pm
Carmen: nos parece muy instructiva su experiencia.
Es un error demasiado habitual el que, aun cuando puedan intervenir factores biológicos, ante una problemática que tiene indiscutibles componentes
psicológicos, algunos médicos psiquiatras se limiten a indicar fármacos, sin escuchar la angustia y la problemática personal de su paciente, ni derivarlo a un psicoterapeuta.
Respecto a cuál es la psicoterapia más efectiva en estos casos, cada psicoterapeuta tendrá su opinión formada. En nuestra experiencia, las psicoterapias más eficaces a largo plazo son las psicodinámicas y,
sobre todo, aquellas en las que, independientemente de las técnicas utilizadas, el o la terapeuta tienen formación psicoanalítica o
psicodinámica.
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