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05 – Depresión

/05 - Depresión

¿Qué es la depresión reactiva y cuál es su tratamiento?

febrero 13th, 2018|

Adaptación de un artículo publicado en infotiti.com

¿Cuál es la diferencia entre depresión reactiva y depresión endógena?

La depresión endógena es la depresión que se desarrolla sin que podamos identificar un evento negativo desencadenante concreto.

La depresión reactiva es un episodio depresivo del que podemos conocer la causa. Puede ser la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, problemas económicos o financieros, el estrés laboral o estudiantil…

Las causas pueden ser muchas pero se trata siempre de la intensidad de un sentimiento que no puede ser procesada por la persona y desencadena un episodio depresivo. Nadie está exento de que le ocurra.

La depresión reactiva puede ser de un episodio único o recurrente (es decir reiterada en distintos momentos de la vida por diversos episodios)

A veces la depresión no es inmediata al episodio y no se manifiesta hasta varios meses después. En ese caso suponemos que el episodio negativo no se ha procesado adecuadamente y retorna desde el inconsciente.

También una depresión reactiva, aún reconcoiéndo una causa que puede considerarse objetiva, puede prolongarse durante muchos meses.

Si es el primer (y probablemente único episodio) lo consideramos un episodio único de depresión reactiva. Si la depresión cursa con episodios repetitivos que se reiteran en diferentes momentos de la vida, hablamos de episodios recurrentes de depresión reactiva.

¿Cuáles son los síntomas de depresión?

Los síntomas de depresión reactiva suelen ser los mismos que los de cualquier depresión, aunque pueden variar mucho en cada persona:

  • Tristeza, (el síntoma predominante)
  • Fatiga, pérdida de energía, cansancio sin justificación.
  • Dificultad, o incapacidad, de disfrutar de cosas que antes disfrutaba.
  • Aislamiento, rechazo a las relaciones sociales.
  • Desesperanza, visión negativa sobre el presente y el futuro
  • Dificultad de concentración, que pueden producir dificultades en el rendimiento intelectual, tanto en el trabajo como en el estudio.
  • Insomnio o hipersomnia
  • Ansiedad
  • Pérdida del interés por lo que le rodea.
  • Irritabilidad y conductas desafiantes. (sobre todo en niños y adolescentes)
  • Movimientos enlentecidos (en ocasiones, paradójicamente, pueden ser agitados)
  • Síntomas físicos: dolores de cabeza, de estómago, etc.

¿Cómo se trata la depresión reactiva?

Los tratamientos disponibles en la actualidad son dos: farmacológico (psiquiátrico) y psicoterapéutico (psicológico).

Desde el punto de vista farmacológico existen varias opciones, por ejemplo, los llamados antidepresivos tricíclicos o los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Dar con el fármaco y la dosis más efectivos en cada persona puede demorar algún tiempo. Es un proceso de ensayo y error.

La llamada depresión endógena suelen requerir de fármacos antidepresivos, lo que no significa que no necesiten simultáneamente psicoterapia.

Mientras que las depresiones reactivas pueden prescindir en algunos casos de medicación, pero que se beneficia particularmente de la psicoterapia, una terapia por la palabra, no farmacológica.

En una psicoterapia el profesional abordará el acontecimiento que desencadenó la depresión reactiva en primer lugar. Entender la forma en que la persona lo enfrentó y su modificación pueden no sólo resolver la depresión reactiva sino ayudar para el procesamiento de futuros acontecimientos negativos.

La depresión es una enfermedad y debe ser tratada por profesionales: psiquiatras, psicólogos, psicanalistas, psicoterapeutas

  • El tratamiento de la depresión es muy individual, lo que funciona en unaspersonas puede no ser efectivo en otras.
  • La actividad física produce endorfinas, que son aun antidepresivo natural.
  • La depresión es una enfermedad de la que se puede salir, millones de personas cada año logran vencerla. El objetivo es estar libre de depresión para vivir una vida mejor.

 

Persona-Psi, Psiquiatría y Psicoterapias

Consultas en Madrid y Majadahonda

Tel.: 607996702

 

Depresión y ansiedad: falta más psicoterapia

febrero 5th, 2018|

Artículo publicado por la OCU

La depresión y la ansiedad son dos diagnósticos diferenciados. Sin embargo tienen algunos rasgos en común.

El 32% de quienes creen padecer un trastorno nunca acudió al médico

Los síntomas que sirven de indicio de que una persona puede sufrir un estado depresivo o un trastorno de ansiedad son de naturaleza e intensidad muy variada, desde alteraciones del ánimo y de la conducta hasta problemas físicos y cognitivos. No obstante, la simple presencia de algunos de ellos no basta para establecer un diagnóstico.

Según nuestra encuesta, el 57% de la población cree que ha tenido problemas de ansiedad alguna vez en su vida, mientras que el 34% dice haber tenido depresión en algún momento.  De las respuestas se deduce que un 10% de los encuestados podría sufrir problemas de depresión y ansiedad sin ser consciente, ya que declararon no haber padecido nunca este tipo de trastornos.

Lo que desde luego no significa que en todos los casos se haya visitado al médico y que este haya confirmado el diagnóstico. Un 32% de quienes dicen haber padecido estas enfermedades nunca acudió al médico. De aquellos que sí fueron, en el 92% de los casos se les diagnosticó depresión o ansiedad.

Los problemas laborales y de pareja, principales causas

Las causas por las que se puede desarrollar una depresión o problema de ansiedad son múltiples y complejas. Ambas dolencias presentan manifestaciones de muchos tipos, adoptan rasgos específicos en cada persona y los esfuerzos de los psiquiatras por clasificarlas no han llevado a un consenso unánime.

Aun así, hemos preguntado si los encuestados identificaban los posibles motivos que hubiesen podido desencadenar su situación. Las respuestas más comunes han sido los problemas laborales o académicos (un 46 %) y los de pareja (40 %), pero para casi un tercio de ellos también han influido los conflictos familiares y las dificultades económicas. Experiencias traumáticas como un accidente o la muerte de alguien cercano o bien estilos de vida inadecuados son otras razones invocadas por dos de cada diez personas.

También hay un porcentaje elevado de personas (el 37 %) que ha respondido que el origen de su caso es algún problema de salud. Aun así, es importante señalar que los especialistas hablan también de depresión y ansiedad por causas endógenas. Es decir, aquellas que no están determinadas por factores externos reconocibles.

En cuanto al tratamiento, de los datos de la encuesta se desprende que solo el 54% de los que admiten haber tenido problemas de depresión o ansiedad han seguido un tratamiento. La principal razón para no seguir tratamiento ha sido la creencia en un 52% de los casos de que podían manejar la situación por ellos mismos. Un 24% reconocía que no creía en la eficacia de los tratamientos y, un 19%, nunca pensó en hacerlo.

Las respuestas de nuestros encuestados nos permiten ver que el recurso a la farmacia es con mucho el dominante. El 51% de los encuestados que declaran haber seguido un tratamiento contra la ansiedad o depresión recurrió a antidepresivos y ansiolíticos como principal tratamiento de la enfermedad. Un 10% recurrió a la naturopatía. El 9% utilizó los deportes o la actividad física para combatirla. Solo el 9% combinó la medicación y la psicoterapia. El 7% utilizó la relajación o la meditación. El 6% cambió su estilo de vida como forma de combatir la enfermedad y el 2% optó por la medicina alternativa. El coste medio de los tratamientos fue de 44€ al mes, una cantidad importante que se une a las bajas laborales y los serios inconvenientes que estas dolencias causan a los afectados.

La combinación de medicación y psicoterapia, lo más eficaz

Para reducir el impacto de estos problemas de salud, consideramos necesario un diagnóstico rápido y adecuado. Dada la complejidad y variabilidad de estos trastornos no existe un tratamiento único y válido para todo el mundo. Pero sí que hay un consenso amplio sobre que el tratamiento más eficaz de estas enfermedades es la combinación de psicoterapia y medicación. En este sentido, OCU lleva tiempo denunciando la dificultad para acceder a tratamientos de psicoterapia en el Sistema Nacional de Salud, lo que favorece que se opte por el recurso más fácil, la medicación, aunque no siempre sea el más adecuado.

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«Una persona de cada cinco sufrirá depresión en algún momento de su vida»

noviembre 6th, 2017|

Una enfermedad a la que no se le da la importancia que merece

Resumen y comentarios de una entrevista al Dr. Fransisco Toledo, psiquiatra del Hospital de La Arrixaca (Murcia), publicada originalmente en La Verdad el 16 de octubre de 2017

http://www.laverdad.es/murcia/persona-cinco-sufrira-20171016223125-nt.html

A pesar de ser una enfermedad conocida, mucha desinformación gira en torno a la depresión, un estado de ánimo tan frecuente que muchos especialistas lo llaman Trastorno Mental Común

“Socialmente se considera depresión lo que no lo es, y cuando la depresión realmente existe, no se le suele dar la importancia que merece”, considera Francisco Toledo, psiquiatra del Hospital La Arrixaca.

En este artículo no incluiremos las depresiones en trastornos bipolares ni las depresiones con síntomas psicóticos (delirios, alucinaciones)

Los primeros síntomas de una depresión suelen ser “anomalías en el sueño (insomnio o somnolencia), taquicardias, pérdida de apetito (o excesos en la ingesta), de motivación, de concentración, sensación constante de tristeza, de desesperanza o sentimiento de culpabilidad extrema”.

Sin embargo, a veces el diagnóstico llega por otras dolencias que al parecer nada tienen que ver con una depresión: “Hay gente que viene al hospital con angiomas de pecho o colon irritable, y en realidad lo que tiene es una depresión y no lo sabe”, explica el Dr. Toledo.

Personalidades obsesivas

El psiquiatra asegura que “una persona de cada cinco sufrirá un episodio depresivo en algún momento de su vida”; sin embargo, a pesar de que es una enfermedad de la que nadie queda exento, existe un perfil de personalidad más propenso a desarrollar depresiones: “Son aquellas de tipo obsesivo, personas autoexigentes que experimentan culpa social, que son muy cumplidores con su entorno, moralistas, perfeccionistas, poco flexibles, con poco ocio. Estas personas funcionan también con altos niveles de ansiedad, lo que hace que se enfrenten a las situaciones de otra manera y sean más proclives a desarrollar una depresión”, señala.

No todas las depresiones son iguales ni todas requieren el mismo tratamiento. “Las más frecuentes son la depresión reactiva, que es aquella que se da por una circunstancia ajena al paciente y se desencadena en un momento concreto de su vida; y la depresión endógena”, de causa desconocida. En ambas pueden intervenir trastornos neuroquímicos cerebrales.

A nivel de tratamiento, la depresión tiene dos enfoques: los fármacos y la psicoterapia. “Para las reactivas, muchas veces funciona mejor la psicoterapia, porque intenta comprender al enfermo y a la familia en las circunstancias que ocasionan la depresión. Mientras que la endógena debe tener un tratamiento farmacológico” comjuntamente con el psicoterapéutico.

El entorno familiar

Conocer de cerca la depresión y los síntomas que pueden provocarla es esencial para que los pacientes acudan al médico, “aunque normalmente las personas que la padecen (…) es raro que vayan a la consulta con los primeros síntomas.” Las personas que las sufren y sus familias creen que deben salir de ese estado por sí mismas, aunque raramente lo logran.

Por eso Toledo recomienda “huir de la idea de que la voluntad puede recuperar una depresión. Lejos que decirle que ponga de su parte, es muy importante que al paciente y a los familiares se les explique que la depresión es una enfermedad; porque al igual que la fiebre o la fractura de hueso tienen su tiempo de recuperación, la depresión también. Y ese tiempo es ajeno a la voluntad del paciente”.

El tratamiento farmacológico tarda unas dos a tres semanas en empezar a hacer efecto, los primeros signos de mejoría suelen producirse entre la segunda y la tercera semana. Es lógico esperar una mejora significativa entre la cuarta y sexta semana del tratamiento, cuando el paciente empieza a recuperar parcialmente su estado funcional. Para “volver a estar como estaba” antes del episodio depresivo suelen ser necesarios varios meses de tratamiento psicoterapéutico y farmacológico.

Tristeza y ansiedad

La tristeza es algo normal que es inevitable experimentar en ciertas situaciones. La sociedad actual critica mucho el estar triste, pero no debemos huir de la tristeza ni psiquiatrizarla diagnosticándola como un trastorno mental. Hay que entenderla y abordarla, no enmascararla con pastillas. Para eso puede ser conveniente una psicoterapia breve.

“La depresión es otra cosa. Esta confusión hace que en ocasiones se cree una alarma innecesaria y se abuse de medicamentos que no son necesarios”, insiste el Dr. Toledo

– Pero en la depresión también hay tristeza, ¿en qué se diferencia?

– La tristeza normal está en relación con un acontecimiento. Es pasajera y a lo largo del día experimenta cambios. No sigue un ritmo mantenido, se puede comprender y es proporcional al hecho que la provoca. Es comprensible desde un observador externo. Sin embargo, la tristeza que está dentro de la depresión no se modifica, no se quita por cambiar la circunstancia que la ha provocado, se mantiene latente, es desproporcionada, intensa y necesita tratamiento. Es un síntoma” de que algo en el aparato psíquico no funciona como debiera.

Al igual que la tristeza, los episodios de ansiedad se suelen dar en más del 80% de las depresiones: “La mayoría de las veces, las crisis de ansiedad son la puerta por donde se manifiesta la enfermedad. Cuando un paciente no reconoce que tiene una depresión, las crisis de ansiedad se comportan como la “fiebre” de la depresión. Realmente son síntomas de que algo pasa, el cuerpo te está diciendo que ya no puede más”.

Es una razón de peso para acudir a un especialista.

Las muertes por suicidio duplican a las de accidentes de tráfico

noviembre 29th, 2016|

Extractos del artículo publicado por Jessica Mouzo Quintáns en “El País” el 21 de octubre de 2016. Y reflexiones propias.

Más de 10 personas fallecen cada día en España por suicidio. Con 3.910 muertes al año el suicidio continúa por tercer año consecutivo marcando récord, situándose como primera causa de muerte no natural en nuestro país, más del doble de los fallecidos en accidentes de tráfico. Aunque con menos repercusión en los medios.

Y puede que sean más, porque hay un tabú al respecto y muchos suicidios se disfrazan bajo el eufemismo de “accidentes”, como el atropello mortal de una persona en las vías del tren sin que nadie parezca preguntarse por qué estaba allí.

El número de hospitalizaciones por tentativas de suicidio también se ha incrementado en los últimos años.

Desde el inicio de la crisis, los suicidios aumentaron un 48% y se mantienen como la primera causa de muerte prematura entre personas de 15 a 45 años. “La falta de ocupación se asocia con problemas de salud físicos y mentales que incluyen depresión, ansiedad y el aumento de las tasas de suicidio”. Aunque algunos expertos creen que: “Más allá de la influencia del aumento de paro, no se ha podido demostrar que la crisis económica provoque más suicidios. No hemos visto una asociación muy importante, aunque sí algunos casos”, matiza el doctor Diego Palao, jefe del servicio de salud mental del hospital Parc Taulí de Sabadell.

 

Hay más tentativas de suicidio en mujeres, pero más hombres fallecidos.

Aunque la mayoría de las tentativas de suicidios las realizan mujeres, un 74% de las muertes consumadas son hombres.

Más del 80% de las personas que intentan suicidarse tienen (…) algún trastorno mental, psiquiátrico o psicológico, como la depresión, otros trastornos afectivos (Trastorno Bipolar, distimia), trastornos de personalidad (fundamentalmente el Trastorno Límite de Personalidad o TLP), psicosis (esquizofrenia, paranoia, trastorno delirante persistente).  Cuando se asocia al consumo excesivo de alcohol el rieso es mayor. Trastornos psicológicos que en su mayoría no han sido debidamente atendidos por psiquiatras, psicólogos o psicoterapeutas.

El grueso de los fallecimientos se concentra en la edad adulta: entre los 45 y los 64 años, pero también es preocupante la incidencia en los más jóvenes, menores de 25 años. “En adolescentes son comunes las tentativas, pero son menos frecuentes los suicidios consumados”, apunta el Dr. Palao.

Suelen ser chicas, que no necesariamente padecen un trastorno mental grave, pero que pueden tener una reacción autodestructiva ante situaciones emocionales que las desbordan, y que no han consultado previamente a un psicólogo psicoterapeuta o han abandonado la psicoterapia.

Nunca debemos minimizar una tentativa de suicidio. Muchas veces no hay una auténtica voluntad de matarse, pero el riesgo existe. En ocasiones se interpreta que han querido “llamar la atención”. Mejor que sea así. Pero si han puesto en riesgo su vida para llamar la atención, debemos prestársela.

Lo más importante es la prevención del riesgo suicida, y ante una depresión, un trastorno afectivo, o cualquier otra perturbación psicológica, emocional o del estado de ánimo acudir al psicólogo psicoterapeuta.

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

10 BUENAS RAZONES PARA CONSULTARA UN PSICÓLOGO

octubre 1st, 2016|

¿Cuándo debo considerar que mis dificultades son parte del sufrimiento común de la vida? ¿Cuándo debemos pensar que ocurre algo más y consultar a un psicólogo?

Cuando existen trastornos mentales precisos la respuesta es sencilla: siempre. Pero con otras dificultades no tan definidas la frontera puede ser más confusa.

No podemos dar una respuesta general a estas preguntas que algunas personas nos han realizado en el blog, pero sí mencionar 10 situaciones (hay más) en las que la mayoría de las personas no suelen consultar, y deberían hacerlo:

1-Una emoción negativa que dura demasiado.

Todos sufrimos ansiedad de vez en cuando. Por ejemplo presentarnos a un examen, sufrir un accidente, tener que entregar un trabajo en determinada fecha, son hechos que provocan estrés y ansiedad en casi todas las personas.

Una mudanza, una separación, la pérdida de un ser querido, producen aun más estrés, ansiedad y/o depresión. Hay emociones negativas que no pueden evitarse porque forman parte de la vida y son consecuencia natural de algunos de sus avatares. ¿Pero qué pasa cuando duran más de lo esperable?

Estar un año, o incluso dos, deprimido por una separación puede ser normal; pasarse seis meses sin salir de casa es preocupante.

Estar preocupado por haber tenido un accidente o padecer una enfermedad es normal; “torturarse” porque “podría” sufrirse un accidente o contagiarse una enfermedad podemos considerarlo no tan normal.

Estar intensamente triste, ansioso o angustiado continuamente sin motivo aparente implica que ese motivo es desconocido para la persona que lo padece.

Ante estos síntomas es conveniente consultar a un psicoterapeuta.

(Nota: Como hemos explicado en otro artículo, la psicoterapia es el tratamiento de los problemas psicológicos y emocionales por medio de la palabra, y psicoterapeuta el profesional que la realiza. Psicólogo es un título universitario que, en su especialidad clínica, habilita al ejercicio de la psicoterapia. En el presente artículo utilizamos indistintamente los términos psicólogo y psicoterapeuta)

2- Haber padecido más de un ataque de pánico.

Los ataques de pánico se caracterizan por sensaciones de asfixia, ahogo, palpitaciones y, sobre todo, impresión de muerte inminente.

Cuando una persona sufre un ataque de pánico consulta a un médico o acude a urgencias hospitalarias. Si los médicos no encuentran ninguna causa orgánica para estos síntomas diagnostican ansiedad y recetan algún ansiolítico.

Si la crisis se repite vuelven a acudir a urgencias con el mismo resultado o la soportan estoicamente. Lo que casi nunca hacen es consultar a un psicólogo, porque difícilmente aceptan que esos síntomas físicos puedan ser de origen psicológico.

Si ese es su caso y no quiere vivir permanentemente en una espiral de temor a padecer un ataque, conductas evitativas de lugares en los que no sea fácil acceder a una atención médica inmediata (espacios cerrados o abiertos, supermercados, cines, salas de espectáculo…) y miedo a la enfermedad y la muerte, necesita consultar a un psicólogo.

3- Padecer de enfermedades psicosomáticas

Cuando uno padece de uno o más síntomas en el cuerpo debe consultar a un médico. Pero si, después de una revisión clínica y algunos estudios, no se encuentran causas en el cuerpo, no hay más remedio que buscarlas en la mente.

Esto es así porque mente y cuerpo están íntimamente relacionados y se afectan mutuamente. Ciertas enfermedades orgánicas pueden producir síntomas y trastornos mentales. Del mismo modo muchos problemas psícológicos originan síntomas en el cuerpo.

Si ha acudido al médico, éste ha considerado su malestar de posible origen psíquico y los síntomas persisten o se reiteran, consulte a un psicólogo.

4- Ciertos rasgos de personalidad producen sufrimiento en sí mismo o en terceros.

La personalidad y el carácter suelen ser estables a lo largo del tiempo. Un cambio radical (irascibilidad, impulsividad, agresividad con otros o consigo mismo, celos desmedidos, llanto inmotivado y muchos otros) puede ser síntoma de depresión encubierta, inestabilidad emocional, un trastorno de personalidad o, incluso, los primeros síntomas de una psicosis. Es preferible no esperar a que la enfermedad se desencadene en toda su virulencia.

Hay personas que viven con un sentimiento crónico de vacío. Necesitan mucho afecto pero sin darse cuenta alejan de sí a la gente, por lo que se sienten rechazados. No toleran la frustración, pero son presa fácil de ella. Idealizan a su pareja o amigos y ante la menor decepción los desvalorizan. Pasan del amor extremo al odio cuando se sienten decepcionados. Tienden a consumir alcohol u otras sustancias, asumen riesgos innecesarios, viven al límite, en un continuo sobresalto.

En un sentido opuesto hay personas perseverantes, obstinadas, preocupadas por detalles, exageradamente críticas consigo mismo y con los demás y, al mismo tiempo, dubitativas. En la mayoría de los casos la obsesividad excesiva afecta a la eficiencia en el trabajo; la alteración de normas o hábitos produce ansiedad y/o agresividad; las relaciones de parejas y con amigos están perturbadas por la frialdad afectiva y las “manías”. Y lo peor es que les es difícil experimentar placer ya que la obsesividad no descansa ni en tiempo de ocio.

Otras personas muestran una emotividad intensa y un exceso de emoción expresada. Necesitan ser siempre el centro de la atención. Esto puede hacer que sean seductoras y dramáticas, con relaciones intensas y conflictivas.

Los nombrados sólo son algunos ejemplos de comportamientos que pueden producir mucho sufrimiento sin que la persona piense que tiene una dificultad por la que debería consultar a un psicólogo, porque los experimenta como parte de su carácter o personalidad, y cree que no pueden cambiarse; o, al contrario, teme que una psicoterapia le haga perder su personalidad. No es así, hay métodos terapéuticos para intentar solucionar lo que no funciona, o funciona mal, respetando la individualidad de la persona.

5- No dormir bien es un problema más serio de lo que mucha gente cree.

Dormir un mínimo de seis horas diarias es necesario para la salud física y mental. Un insomnio prolongado puede alterar sensiblemente la estabilidad psíquica y emocional.

Si le cuesta conciliar o mantener el sueño, se despierta reiteradamente y tiene dificultad para volver a dormirse, debería consultar a un neurólogo o a un psiquiatra para remediarlo.

6- ¿Está aislado socialmente?.

Si usted en situaciones sociales manifiesta una gran inhibición que impide expresarse, sentimientos de inferioridad y mucha sensibilidad a posibles juicios negativos, es probable que padezca fobia social, un trastorno que tiene tratamiento psicológico.

¿Es vergonzoso, tímido, solitario y aislado? ¿No está contento con esta soledad y aislamiento? ¿En realidad desea tener más y mejores relaciones con otros y sufre por su soledad? ¿Pero a la vez evita las situaciones sociales por la ansiedad o malestar que le producen? En ese caso puede padecer un trastorno de personalidad por evitación, un trastorno más resistente pero que, como todo trastorno de personalidad, puede tratarse con psicoterapia.

7- Tener dificultades serias con el estado de ánimo.

Tanto la intensa tristeza en una persona que anteriormente se mostraba alegre, como la euforia excesiva e imprevista, o la alternancia entre esos estados de ánimo extremos en personas que supieron ser más estables, pueden ser señales de que se puede estar experimentando un trastorno del estádo de animo.

Las personas que sufren trastornos del humor muchas veces consultan al psiquiatra, pero raramente consultan a un psicólogo. Hacen mal, porque la medicación puede atenuar los síntomas más acuciantes, pero no puede resolver estos problemas en profundidad como sí puede hacerlo una psicoterapia.

8 – Infancias poco felices

El diagnóstico más frecuente con el que los niños vienen a consulta es el Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH), quizás porque es el que más habitualmente se realiza en niños. Muchos padres consultan al psicólogo o psicoterapeuta especializado en niños porque se resisten a medicar a sus hijos o no quieren que dependad indefinidamente de la medicación.

Pero pueden presentarse muchas otras dificultades psicológicas en la infancia a las que se da menos importancia porque son menos conflictivas para padres y docentes: encopresis (defecación involuntaria de un niño de más de tres años sin causas orgánicas) o enuresis (orinarse en la cama); síntomas obsesivos y compulsivos precoces; pesadillas, temores y angustias infantiles; sentimientos de impotencia y falta de confianza en sí mismos; omnipotencia temeraria; ánimo triste sostenido; rabietas intensas; etc. Signos todos ellos de perturbaciones emocionales tempranas.

Los padres no suelen consultar a un psicólogo de niños porque atribuyen erróneamente las causas de estas dificultades a faltas disciplinarias o educativas. Pero la infancia no siempre es ese paraíso que el adulto rememora cuando lo ha perdido.

Otro motivo por el que no se suele consultar a un psicoterapeuta es el prejuicio de que “es demasiado pequeño para ir al psicólogo”. En la práctica clínica ocurre todo lo contrario: cuanto más precoz es una psicoterapia más probabilidades tiene de ser más breve y más eficaz, tanto en los beneficios terapéuticos rápidos como en la prevención a largo plazo de problemas mayores.

9 – Adolescencias difíciles.

El psicólogo Aníbal Ponce decía que dos sentimientos caracterizan a la adolescencia: la ambición y la angustia. Ambición de los adolescentes porque aún no se ha topado con las inevitables frustraciones que impone la dura realidad y, por lo tanto, todo es posible; y angustia de los adolescentes porque, si todo es posible, también lo es lo peor.

Conflictos familiares; abuso de alcohol, dorgas o internet; una actitud “pasota”ante los estudios y obligaciones, irresponsabilidad y rebeldía; inhibición, retraimiento social y depresión, son algunas de las manifestaciones más frecuentes.

Cuando de nada sirve nuestra experiencia, porque la experiencia es, por definición, intransferible; cuando de nada sirven nuestros consejos, que a veces bastan para que el adolescente haga exactamente lo contrario; cuando de nada sirven el exceso de rigor ni el exceso de comprensión, cuando asistimos impotentes al proceso autodestructivo de un hijo; ha llegado la hora de consultar a un psicoterapeuta.

10 – Instatisfacción con la propia vida y el modo en que se está desarrollando

Mucha gente se siente insatisfecha con su vida, imposibilitada de disfrutarla, sin entusiasmo ni motivación. Han vivido mejor o peor, alcanzado más o menos sus objetivos, pero llega un momento en que no se reconocen a sí mismos y se preguntan “¿Quién soy yo?”. Quisieran cambiar su vida pero no saben como hacerlo.

Generalmente no se les ocurre consultar a un psicólogo porque no ven de qué modo podría ayudarlos. Y, sin embargo, estar insatisfecho y querer cambiar puede ser el mejor motivo para realizar una psicoterapia. Son esas personas, con esos conflictos, las que mejor provecho sacan de ella.

Depresión vacacional

septiembre 19th, 2016|

¿Has regresado de vacaciones? ¿Te lo has pasado mal? ¿Has sentido hastío, aburrimiento, angustia, tristeza, ansiedad, estrés o desazón? ¿Te has sentido deprimido en vacaciones? ¿En lugar de descansar del estrés las vacaciones te han estresado? En ese caso has padecido una depresión vacacional, también llamada, no sin humor, la “depresión de la tumbona”.
Las vacaciones son para disfrutar. Trabajamos todo el año esperando que lleguen, no sólo para descansar, sino fundamentalmente para gozar. Esta exigencia de disfrute puede producir el efecto contrario. ¿Por qué?
-Expectativas demasiado altas que no pueden alcanzarse. Si nuestro propio Superyó (imagen ideal que uno se hace de sí mismo y de lo que debe ser y hacer, que inconscientemente nos fuerza a tratar de alcanzarla) nos demanda unas vacaciones ideales de puro placer y, además, los otros y los medios de comunicación nos presionan en el mismo sentido, es muy probable que las vacaciones reales nos decepcionen y nos frustren.

-Tensiones familiares o sociales. Hemos ido a la playa, por ejemplo. Los niños han sido una continua demanda. Se despiertan (y nos despiertan) temprano. Hay que vestirlos, llevarlos a la playa, controlarlos, prepararles la comida y darles de comer, regresar a la playa con toda la parafernalia, jugar con ellos, regresar a casa, bañarlos, etc.; y al otro día volver a empezar. No ha habido tregua ni descanso.
O hemos veraneado en pareja. Pero no nos hemos puesto de acuerdo en casi nada. Cuando uno quería hacer una cosa al otro le apetecía otra. Discusiones, mal humor, caras largas.
O hemos veraneado con familia o amigos y la compañía nos siempre nos ha resultado agradable.
O hemos hecho un tour muy interesante, pero con sus ritmos que no fueron los nuestros, sus horarios, su permanente hacer y deshacer maletas…
En fin, que no hemos disfrutado.
-Soledad. Nos pasamos todo el año rodeados de personas (en el trabajo, el estudio, las actividades sociales, deportivas o sociales). Compañía que no siempre hemos elegido y que a veces nos agobia. Esperábamos las vacaciones para disfrutar de la soledad y cuando nos quedamos solos (en Madrid o en un viaje) nos hemos aburrido.
-No pudimos desconectar. Y los problemas y preocupaciones del trabajo, el estudio o la vida familiar han viajado con nosotros amargándonos la estancia.
-Encontrarnos a nosotros mismo. El estudio, el trabajo (incluido el hogareño, que puede ser el más agotador), las obligaciones, nos presionan todo el año. Y cuando por fin podemos hacer una pausa no sabemos qué hacer con ella. Las vacaciones siempre son cortas, pero las horas a veces son muy largas.
Por éstas y muchas causas puede padecerse una depresión vacacional.
¿Qué hacer entonces?
Lo mejor para salir de una depresión es analizar sus causas. Indagar qué nos ha producido apatía, ansiedad o tristeza y reflexionar sobre ello para poder ponerle remedio.
Puede ser preferible realizar (en lugar de las vacaciones tradicionales o además de ellas) minivacaciones. Escapadas de una semana o un fin de semana al menos cada dos meses a lo largo del año. De este modo todas las expectativas no se concentran en un único período vacacional. Pero no siempre es posible.
También es necesario encontrar cómo cambiar el modo de vida para disfrutar más durante el año. Muchas veces este propósito nos parece imposible, y a veces lo es. Pero en la mayoría de los casos tenemos una excesiva certeza en la imposibilidad del cambio porque no somos capaces de hacerlo solos.
Muchas veces regresar a las obligaciones cotidianas puede ser casi un alivio. Pero generalmente nuestra frustración vacacional aumenta el peso de la vuelta a la casa, el trabajo o el estudio. Si ya de vuelta a tu ritmo habitual de vida continuas deprimido puede que la depresión vacacional se haya prolongado en una depresión post-vacacional.
Es normal que así ocurra. Pero si pasadas dos o tres semanas del regreso la depresión no mejora, consulte con un psicólogo para que le ayude a superar esta depresión y a enfrentar sus periodos vacacionales de otra manera de ahora en adelante.

DEPRESIÓN POSVACACIONAL

agosto 21st, 2016|

Ha finalizado el verano ¿Has regresado de vacaciones, debes incorporarte a tu trabajo y experimentas cansancio generalizado, fatiga, insomnio, dolores musculares, falta o aumento de apetito, o falta de concentración, o esto le acontece a uno de tus hijos al reincorporarse al colegio? ¿Sientes irritabilidad, tristeza, falta de interés, nerviosismo…? En estos tiempos en los que a todo malestar le ponemos nombre, tú, o tu hijo, padecéis un síndrome posvacacional.

Un síndrome involucra a un conjunto de síntomas que suelen presentarse asociados, síntomas que pueden responder a la misma enfermedad o tener causas diferentes en personas también diferentes.

Hace unos años se presentó en nuestra consulta un almirante afectado hasta las lágrimas por la obligación de reincorporarse a filas. Experiencia sorprendente porque uno no asocia en principio este síndrome con un Almirante de Marina, pero que demuestra que, aunque no lo experimenten todas las personas en la misma situación, nadie está exento de sufrirlo.

Algo es común a todas las personas que sí padecen este síntoma: no están contentos con la vida que han elegido o a la que se han visto forzados.

Pero la cuestión que nos ocupa es: ¿Tiene tratamiento la depresión posvacacional?

Medidas preventivas:

Se aconseja no apurar las vacaciones hasta el último día. Dejarse un colchón de días entre el regreso y la incorporación a la disciplina cotidiana. Pero son tan cortas las vacaciones que muchas personas prefieren renunciar a este recaudo.

También es conveniente reservarse tiempo y planificar actividades de ocio recreativas en la primera semana de incorporación al trabajo, o planificar un corto viaje ilusionante, aunque sea un fin de semana, no más allá del primer mes de la reincorporación para autoproporcionarse una ilusión y una expectativa en esos difíciles días.

¿Qué hacer cuando el síndrome postvacacional ya se ha presentado?

Una de las primeras medidas es no fijarse objetivos ambiciosos en esos primeros días (una semana), sino objetivos de estudio o laborales de sencilla concreción a corto plazo. Ten en cuenta que según diversos estudios laborales, un 35% de las personas demoran una semana en alcanzar un pleno rendimiento acorde a sus capacidades habituales (capacidades que se encuentran mermadas en esos momentos). Algunas personas pueden tardar más de un mes.

Si la depresión postvacacional se prolonga durante más de dos o tres semanas es conveniente consultar antes de que el estado depresivo se fije y se haga difícil de erradicar, en cuyo caso la vuelta al cole o al trabajo podría estar actuando como desencadenantes de una depresión larvada.

Psicólogos, psicoterapeutas, psicoanalistas y psiquiatras tenemos recursos, no sólo para ayudarte a hacer la “reentrée” más llevadera, sino también para reorganizar tu vida de modos que no habías siquiera pensado y que pueden desembocar en un acuerdo más satisfactorio con la vida y sus obligaciones, aunque pueda parecer inaccesible cuando uno está deprimido.

TRAUMA y MÉTODO EMDR

febrero 8th, 2016|

La palabra trauma en griego significa “herida”. El trauma al que nos referimos es una “herida psicológica” que puede ser provocada por diversas situaciones.

La importancia de las causas del trauma no determina la calidad del daño que éste produce. Hay personas que han sobrellevado con bastante entereza psicológica y emocional grandes catástrofes y otras que parecen sucumbir ante traumas de menor envergadura aparente. Porque los efectos de los traumas dependen de cada persona, de su historia y entorno afectivo, del momento en que se hayan producido y de su reiteración a lo largo del tiempo.

UN APUNTE SOBRE SU ORIGEN

En 1987 la psicóloga Francine Shapiro descubrió que ciertos movimientos oculares reducían la angustia producida por pensamientos negativos. Inició entonces una investigación con sujetos traumatizados que concluyeron comprobando que el EMDR reducía de manera significativa los síntomas del Trastorno por Estrés Post Traumático.

En 1994 recibió el Premio a la Destacada Consecución Científica en Psicología otorgado por la Asociación Californiana de Psicología por este método terapéutico.

Desde entonces la práctica EMDR no ha dejado de extenderse a diversos países (especialmente anglosajones) y los más amplios problemas psicológicos: duelos, fobias, trastornos de ansiedad, depresión, TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), Trastornos alimentarios (anorexia y bulimia), trastornos somatomorfos (fibromialgia, cefaleas y otros trastornos psicosomáticos), adicciones, dificultades psicológicas en personas adoptadas, trastornos de conducta, TDA (trastorno por déficit de atención), TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).

¿CÓMO SE TRABAJA EN EMDR?

El abordaje empleado en EMDR se focaliza en tres aspectos:

  • 1) experiencias desagradables de la vida temprana
  • 2) experiencias estresantes del presente
  • 3) pensamientos y comportamientos deseados para el futuro

Psicoterapeuta y paciente conjuntamente identifican un problema específico, el más acuciante, en el que se focaliza el tratamiento. El paciente describe el acontecimiento traumático y es ayudado por el terapeuta a seleccionar los aspectos más significativos y angustiantes del acontecimiento.

El psicólogo o psiquiatra adiestra al paciente a realizar  determinados movimientos oculares rápidos u otra estimulación cerebral bilateral. Mientras los realiza afluyen a su conciencia otros aspectos del recuerdo traumático (algunos aparentemente ya olvidados, pero que continúan ejerciendo un efecto negativo desde el subconsciente) u otros recuerdos. El psicoterapeuta guía el procedimiento para asegurarse que el paciente esté procesando adecuadamente.

La estimulación cerebral bilateral puede ser:

  • a) Visual:el paciente mueve los ojos de un lado al otro guiado por el terapeuta
  • b) Auditiva:el paciente escucha sonidos alternados en ambos oídos
  • c) Kinestésica:el psicoterapeuta golpetea suavemente y en forma alternada sobre las manos o los hombros del paciente.

Una vez localizado el estímulo más adecuado a cada paciente, este estímulo  facilita la conexión entre los dos hemisferios cerebrales permitiendo un nuevo procesamiento de la información almacenada y produciendo la disminución de la carga emocional que acompaña al recuerdo traumático.

El psicoterapeuta guía clínicamente el proceso y orienta hacia la dirección que debe seguir la intervención para ser eficaz. La meta es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático  llevándolo a lo que la Dra. Francine Shapiro llama una “resolución adaptativa”:

  • a) una reducción de los síntomas
  • b) un cambio en las creencias
  • c) la posibilidad de funcionar mejor en la vida cotidiana.

RECONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS DEL EMDR

  • EMDR ha sido reconocida como abordaje eficaz para el TEPT (trastorno de estrés postraumático) por la APA (Asociación Americana de Psicología)
  • Los departamentos de Saluddel Reino Unido, Irlanda del Norte, Holanda, Francia han declarado al EMDR como abordaje de elección para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático
  • El NICE(Instituto Nacional para la Excelencia Clínica) de Gran Bretaña declara al EMDR como uno de los tratamientos de elección con apoyo empírico para el TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático) en adultos.
  • SAMHSA (administración de servicios de uso de sustancias y salud mental) y NREPP (registro nacional de programas y prácticas basados en evidencia) citan a EMDR como una práctica basada en la evidencia para el tratamiento del TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático), la ansiedad y la depresión.
  • LA OMS(Organización Mundial de la Salud) reconoce el impacto mundial de EMDR indicando que este tratamiento psicológico debe ser considerado “para adultos con trastorno de estrés postraumático (TEPT)”

 

Más psicoterapia, menos ansiolíticos

diciembre 7th, 2015|

“La ansiedad es, con la depresión, el trastorno de salud mental más común. Aún más en las mujeres. Los hipnosedantes —tranquilizantes y somníferos— son los únicos psicoactivos más consumidos por mujeres que por hombres. Más del doble, según el Plan Nacional de Drogas. Parece lógico. No es tan simple “No te crees que eres adicta a algo que te ha recetado un médico”, dice una paciente

“Las benzodiacepinas son las drogas más consumidas en España después del alcohol y el tabaco. El 12% de la población los usa, el doble que en 2005. El porcentaje sube al 16% en las mujeres, entre las que se estima que hay más de medio millón de adictas a una droga legal que precisa receta médica.”

Pueden llamarse Orfidal, Tranxilium, Lorazepam, Lexatin, Valium o Trankimazin. “Un fármaco barato (un par de euros la caja de 50 con receta pública), eficaz a corto plazo y sin grandes efectos secundarios”. “Por eso están entre los fármacos más recetados en España, el país de Europa donde más ha crecido su consumo”.
“Sin embargo, a cambio de su eficacia, las pastillas tienen una gran capacidad de generar dependencia. Ciertas pacientes necesitan cada vez más dosis. Y muchas veces, médico y paciente saben cuándo inician un tratamiento pero no cuándo lo acaban.”

Enric Aragonés, coordinador de salud mental en la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria hace autocrítica. “Recetamos muchas benzodiacepinas y no siempre controlamos su uso”, admite. “Es un recurso fácil para médico y paciente. Las guías aconsejan no prolongar el tratamiento más de cuatro o seis semanas. Pero no es tan sencillo. Los procesos de ansiedad y depresión son largos, el tiempo de consulta, corto, y el gran poder de habituación de estos fármacos hacen muy difícil retirarlos”.
Creemos que el Dr. Aragonés da en la tecla. Las depresiones y ansiedades admiten dos tipos de tratamiento, incluso administrados simultáneamente. Pero el tratamiento psicoterapéutico requiere más tiempo de consulta. Es mucho más adecuado al mundo en que vivimos recurrir a una pastilla, aun sabiendo que si no es acompañada por un tratamiento psicoterapéutico la enfermedad no hará más que cronificarse y, por lo tanto, el recurso a la medicación se perpetuará, en lugar de ser sólo un recurso.
Entiéndasenos bien. No nos oponemos al uso de psicofármacos, es más, los recetamos. Pero sí estamos convencidos de que es un error utilizar la medicación como único recurso y no acompañarla por la psicoterapia, que podría llegar a resolver los problemas que están en el origen de la ansiedad y el insomnio y, por lo tanto, permitir que pueda llegar a prescindirse de la medicación.

“La endocrinóloga Carme Valls, directora del taller Mujer, Salud y Calidad de Vida del Centro de Análisis y Programas Sanitarios de Cataluña, sostiene que la doble prevalencia de la ansiedad en las mujeres no es casual. “Las hormonas nos condicionan, pero no nos determinan”, afirma. “Pero luego están las causas sociales: la doble jornada, el nido vacío, la soledad, la pobreza. No soy fundamentalista, receto ansiolíticos, pero si afináramos el diagnóstico no se prescribirían ni la tercera parte. La mayoría de las ansiedades se aliviarían sin ellas”.
El ansiolítico es el recurso más fácxilmente disponible XXXX. “Deberíamos estar más alerta. El ansiolítico es un recurso fácil para médico y paciente”, opina un facultativo Los médicos citan el deterioro de la memoria como uno de los posibles efectos del uso prolongado de ansiolíticos. Pero, a veces, es más urgente destensar el cable. Por eso, esta noche, más de una, mareada de dar vueltas en la cama, se pondrá una pastilla bajo la lengua y mañana será otro día.

Ellos beben, ellas se medican

Las mujeres se consuelan de sus penas y sus nervios con pastillas, y los hombres con alcohol. En los países desarrollados, 1 de cada 5 hombres adquiere dependencia vitalicia del alcohol, por 1 de cada 12 mujeres, según la OMS. Por cada trabajadora que bebe a diario, hay cuatro varones, según la Encuesta de Alcohol y Drogas en el Ámbito Laboral. Médicos y psicólogos certifican que ellos son más propensos a las adicciones y menos proclives a acudir al galeno, y las pastillas necesitan receta. Ellas expresan su sufrimiento, piden ayuda y acatan la prescripción facultativa. Las benzodiacepinas alivian su malestar y no llevan asociada tanta connotación de placer, o de vicio, como el alcohol, mal visto por muchos, incluso por ellas. La ansiedad femenina y su trato con fármacos forman parte del imaginario contemporáneo.
No es erróneo recetar una benzodiacepina. Sí lo es no acompañar el medicamento con una psicoterapia. El problema es que la Seguridad Social y los seguros médicos privados disponen de poco personal y poco tiempo. Siempre es más fácil, breve y económico recetar una pastilla que realizar una psicoterapia.