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La psicoterapia y la medicación en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia

octubre 8th, 2016|

Existen diversos medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA o TDAH).

Fármacos estimulantes como el metilfenidato (Rubifén, Concerta, Medikinet, Equasym, Medicebran o metilfenidato genérico) y la dexanfetamina (Elvanse), este último sujeto a control adicional para verificar su seguridad.

Fármacos no estimulantes: Antidepresivos como la atomoxetina (Stratera) que se utiliza cuando no se quiere recurrir a un estimulante. Neurolépticos como la risperidona (Risperdal o risperidona genérica) utilizados por sus efectos como tranquilizantes mayores. La risperidona (o Risperdal) actúa sobre la impulsividad y la hiperactividad por su efecto sedante, pero no así sobre el déficit de atención que puede incluso empeorar como consecuencia del embotamiento y la somnolencia que puede producir. Últimamente también se están utilizando en algunos países ciertos antihipertensivos.

Aunque algunos neurólogos y psiquiatras indican la medicación de inicio, como primer línea de tratamiento, no nos parece adecuado generalizar. Cada caso y cada niño merecen un análisis individual.

Admitiendo que en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad intervengan factores del neurodesarrollo, no podemos limitar nuestro conocimiento a sus bases neurológicas ni el tratamiento a agentes neuroquímicos (medicación).

Aun cuando se recurra a los fármacos, éstos sólo deben ser un complemento de un trabajo psicoterapéutico para ayudar al niño o niña (y a su familia) a conseguir una mejor gestión de sus dificultades que, partiendo de sus singularidades, favorezca un mejor desempeño escolar y en sus relaciones familiares y sociales, que muchas veces se ven afectadas.

Es conveniente, siempre que sea posible, una comunicación fluida del psicoterapeuta con el centro educativo y con el psiquiatra (en caso de que se esté medicando al niño) .

El diagnóstico de “TDAH” no implica una enfermedad mental, sirve para nombrar a un conjunto de síntomas (mayor actividad física que la habitual a su edad, impulsividad y/o dificultad para poder mantener la atención de forma continuada, son los fundamentales) que nos señalan que algo no va bien en el niño. Pero esta etiqueta y su clasificación como trastorno del neurodesarrollo no pueden ser excluyentes ni hacernos renunciar a entender los aspectos emocionales del niño o niña que también intervienen en su desempeño. ¿Cómo se siente?, ¿qué lo hace sufrir?, ¿qué situaciones individuales, familiares, escolares y sociales le generan malestar?

Muchas veces el padre o la madre también han padecido en su infancia (o continuan padeciendo) dificultades de atención o exceso de inquietud e impulsividad, aunque nunca haya sido diagnosticado. Algunos de estos padres reaccionan a los problemas de sus hijos con sentimientos de culpa y exceso de angustia. Otros, por lo contrario, les quitan importancia: “Yo era igual, y ya ves…”, sin considerar que su hijo o hija es un sujeto diferente y su evolución también puede serlo.

Sea o no éste el caso, la intervención con la familia tiene gran importancia para facilitar la comprensión del funcionamiento familiar, la comunicación en la familia, la regulación emocional y otros aspectos del vínculo paterno – filial, y mejorarlos.

Algunos padres tienen la expectativa de que las dificultades de atención de su hija o hijo puedan solucionarse con una pastilla, pero la experiencia nos demuestra que no es así, que la medicación puede atenuar temporalmente algunos síntomas, pero no cura. La buena gestión de las emociones es mucho más compleja que la química.

EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD (TLP) Y LA PSICOTERAPIA FOCALIZADA EN LA TRANSFERENCIA (PFT)

octubre 4th, 2016|

Extracto de una entrevista a Otto Kernberg, creador de la PFT, publicado en «El Público»el domingo 3 de abril de 2016
-¿Qué es un trastorno de personalidad?
Hablamos de él cuando los rasgos de carácter y conductas habituales se transforman de manera tan rígida que limitan significativamente el funcionamiento social.

-¿Cómo se establece ese límite?
Estudiando el funcionamiento de la persona en diferentes áreas: trabajo y profesión; amor y sexo, y amistad y relaciones y creatividad. Si una persona tiene habitualmente constantes problemas con los demás, se cansa, siempre se pelea con sus superiores, eso es trastorno de la personalidad (TDP).

-En relaciones sexuales ¿qué lo apunta?
En las relaciones íntimas, se combinan libertad, erótica y ternura, lo psíquico y lo sexual. Las personas con TDP pueden tener inhibiciones graves sexuales; o funcionan bien sexualmente, pero tienen inhibición emocional, incapacidad de amar a la persona con la que tienen una vida íntima.

-¿Qué le atrajo tanto para estudiarlo?
Quería ayudar a pacientes con trastornos graves de personalidad que, en realidad, se han descuidado porque no son tan graves como para hospitalizarlos. Son capaces de manejar su vida cotidiana, pero tienden a la conducta antisocial, o escapan de la vida interpersonal a través de drogas, alcohol u otras adicciones, y tienen dificultades en el trabajo o estudios, pues no son capaces de tomar responsabilidades sin supervisión.

-¿Cuál es el origen de trastornos así?
Su falta de integración del concepto de sí mismo y del otro, la capacidad que tenemos normalmente, que ni nos damos cuenta, de sentir que tenemos una continuidad interna, somos los mismos a través del tiempo. Ellos juzgan a las personas de acuerdo con su conducta inmediata, tienen dificultad para hacerse una imagen más profunda de sí mismo y los demás.

-¿Por qué no conciben esa integridad?
Desde que nacemos, nos orientamos hacia los demás movidos por nuestros afectos, positivos y negativos. Los primeros años se vive la experiencia de lo positivo y de lo negativo por separado. La capacidad cognitiva va creando la idea de que yo soy el mismo contento y triste. Pero cuando en ese proceso normal de unión interfiere un exceso de frustración o agresión, deja esa escisión permanente entre experiencias positivas y negativas, que impide integrar el concepto de sí mismo y el de los demás.

-¿Como ayuda a esas personas la PFT?
Permitiendo al paciente activar en las sesiones sus estados totalmente negativos y positivos, para ayudarle a entender sus extremos y tolerarlos, como a él mismo.

-¿Hay muchas personas con TDP?
Se calcula que hay un 20% de población con trastorno de personalidad, el 3% grave.

10 BUENAS RAZONES PARA CONSULTARA UN PSICÓLOGO

octubre 1st, 2016|

¿Cuándo debo considerar que mis dificultades son parte del sufrimiento común de la vida? ¿Cuándo debemos pensar que ocurre algo más y consultar a un psicólogo?

Cuando existen trastornos mentales precisos la respuesta es sencilla: siempre. Pero con otras dificultades no tan definidas la frontera puede ser más confusa.

No podemos dar una respuesta general a estas preguntas que algunas personas nos han realizado en el blog, pero sí mencionar 10 situaciones (hay más) en las que la mayoría de las personas no suelen consultar, y deberían hacerlo:

1-Una emoción negativa que dura demasiado.

Todos sufrimos ansiedad de vez en cuando. Por ejemplo presentarnos a un examen, sufrir un accidente, tener que entregar un trabajo en determinada fecha, son hechos que provocan estrés y ansiedad en casi todas las personas.

Una mudanza, una separación, la pérdida de un ser querido, producen aun más estrés, ansiedad y/o depresión. Hay emociones negativas que no pueden evitarse porque forman parte de la vida y son consecuencia natural de algunos de sus avatares. ¿Pero qué pasa cuando duran más de lo esperable?

Estar un año, o incluso dos, deprimido por una separación puede ser normal; pasarse seis meses sin salir de casa es preocupante.

Estar preocupado por haber tenido un accidente o padecer una enfermedad es normal; “torturarse” porque “podría” sufrirse un accidente o contagiarse una enfermedad podemos considerarlo no tan normal.

Estar intensamente triste, ansioso o angustiado continuamente sin motivo aparente implica que ese motivo es desconocido para la persona que lo padece.

Ante estos síntomas es conveniente consultar a un psicoterapeuta.

(Nota: Como hemos explicado en otro artículo, la psicoterapia es el tratamiento de los problemas psicológicos y emocionales por medio de la palabra, y psicoterapeuta el profesional que la realiza. Psicólogo es un título universitario que, en su especialidad clínica, habilita al ejercicio de la psicoterapia. En el presente artículo utilizamos indistintamente los términos psicólogo y psicoterapeuta)

2- Haber padecido más de un ataque de pánico.

Los ataques de pánico se caracterizan por sensaciones de asfixia, ahogo, palpitaciones y, sobre todo, impresión de muerte inminente.

Cuando una persona sufre un ataque de pánico consulta a un médico o acude a urgencias hospitalarias. Si los médicos no encuentran ninguna causa orgánica para estos síntomas diagnostican ansiedad y recetan algún ansiolítico.

Si la crisis se repite vuelven a acudir a urgencias con el mismo resultado o la soportan estoicamente. Lo que casi nunca hacen es consultar a un psicólogo, porque difícilmente aceptan que esos síntomas físicos puedan ser de origen psicológico.

Si ese es su caso y no quiere vivir permanentemente en una espiral de temor a padecer un ataque, conductas evitativas de lugares en los que no sea fácil acceder a una atención médica inmediata (espacios cerrados o abiertos, supermercados, cines, salas de espectáculo…) y miedo a la enfermedad y la muerte, necesita consultar a un psicólogo.

3- Padecer de enfermedades psicosomáticas

Cuando uno padece de uno o más síntomas en el cuerpo debe consultar a un médico. Pero si, después de una revisión clínica y algunos estudios, no se encuentran causas en el cuerpo, no hay más remedio que buscarlas en la mente.

Esto es así porque mente y cuerpo están íntimamente relacionados y se afectan mutuamente. Ciertas enfermedades orgánicas pueden producir síntomas y trastornos mentales. Del mismo modo muchos problemas psícológicos originan síntomas en el cuerpo.

Si ha acudido al médico, éste ha considerado su malestar de posible origen psíquico y los síntomas persisten o se reiteran, consulte a un psicólogo.

4- Ciertos rasgos de personalidad producen sufrimiento en sí mismo o en terceros.

La personalidad y el carácter suelen ser estables a lo largo del tiempo. Un cambio radical (irascibilidad, impulsividad, agresividad con otros o consigo mismo, celos desmedidos, llanto inmotivado y muchos otros) puede ser síntoma de depresión encubierta, inestabilidad emocional, un trastorno de personalidad o, incluso, los primeros síntomas de una psicosis. Es preferible no esperar a que la enfermedad se desencadene en toda su virulencia.

Hay personas que viven con un sentimiento crónico de vacío. Necesitan mucho afecto pero sin darse cuenta alejan de sí a la gente, por lo que se sienten rechazados. No toleran la frustración, pero son presa fácil de ella. Idealizan a su pareja o amigos y ante la menor decepción los desvalorizan. Pasan del amor extremo al odio cuando se sienten decepcionados. Tienden a consumir alcohol u otras sustancias, asumen riesgos innecesarios, viven al límite, en un continuo sobresalto.

En un sentido opuesto hay personas perseverantes, obstinadas, preocupadas por detalles, exageradamente críticas consigo mismo y con los demás y, al mismo tiempo, dubitativas. En la mayoría de los casos la obsesividad excesiva afecta a la eficiencia en el trabajo; la alteración de normas o hábitos produce ansiedad y/o agresividad; las relaciones de parejas y con amigos están perturbadas por la frialdad afectiva y las “manías”. Y lo peor es que les es difícil experimentar placer ya que la obsesividad no descansa ni en tiempo de ocio.

Otras personas muestran una emotividad intensa y un exceso de emoción expresada. Necesitan ser siempre el centro de la atención. Esto puede hacer que sean seductoras y dramáticas, con relaciones intensas y conflictivas.

Los nombrados sólo son algunos ejemplos de comportamientos que pueden producir mucho sufrimiento sin que la persona piense que tiene una dificultad por la que debería consultar a un psicólogo, porque los experimenta como parte de su carácter o personalidad, y cree que no pueden cambiarse; o, al contrario, teme que una psicoterapia le haga perder su personalidad. No es así, hay métodos terapéuticos para intentar solucionar lo que no funciona, o funciona mal, respetando la individualidad de la persona.

5- No dormir bien es un problema más serio de lo que mucha gente cree.

Dormir un mínimo de seis horas diarias es necesario para la salud física y mental. Un insomnio prolongado puede alterar sensiblemente la estabilidad psíquica y emocional.

Si le cuesta conciliar o mantener el sueño, se despierta reiteradamente y tiene dificultad para volver a dormirse, debería consultar a un neurólogo o a un psiquiatra para remediarlo.

6- ¿Está aislado socialmente?.

Si usted en situaciones sociales manifiesta una gran inhibición que impide expresarse, sentimientos de inferioridad y mucha sensibilidad a posibles juicios negativos, es probable que padezca fobia social, un trastorno que tiene tratamiento psicológico.

¿Es vergonzoso, tímido, solitario y aislado? ¿No está contento con esta soledad y aislamiento? ¿En realidad desea tener más y mejores relaciones con otros y sufre por su soledad? ¿Pero a la vez evita las situaciones sociales por la ansiedad o malestar que le producen? En ese caso puede padecer un trastorno de personalidad por evitación, un trastorno más resistente pero que, como todo trastorno de personalidad, puede tratarse con psicoterapia.

7- Tener dificultades serias con el estado de ánimo.

Tanto la intensa tristeza en una persona que anteriormente se mostraba alegre, como la euforia excesiva e imprevista, o la alternancia entre esos estados de ánimo extremos en personas que supieron ser más estables, pueden ser señales de que se puede estar experimentando un trastorno del estádo de animo.

Las personas que sufren trastornos del humor muchas veces consultan al psiquiatra, pero raramente consultan a un psicólogo. Hacen mal, porque la medicación puede atenuar los síntomas más acuciantes, pero no puede resolver estos problemas en profundidad como sí puede hacerlo una psicoterapia.

8 – Infancias poco felices

El diagnóstico más frecuente con el que los niños vienen a consulta es el Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH), quizás porque es el que más habitualmente se realiza en niños. Muchos padres consultan al psicólogo o psicoterapeuta especializado en niños porque se resisten a medicar a sus hijos o no quieren que dependad indefinidamente de la medicación.

Pero pueden presentarse muchas otras dificultades psicológicas en la infancia a las que se da menos importancia porque son menos conflictivas para padres y docentes: encopresis (defecación involuntaria de un niño de más de tres años sin causas orgánicas) o enuresis (orinarse en la cama); síntomas obsesivos y compulsivos precoces; pesadillas, temores y angustias infantiles; sentimientos de impotencia y falta de confianza en sí mismos; omnipotencia temeraria; ánimo triste sostenido; rabietas intensas; etc. Signos todos ellos de perturbaciones emocionales tempranas.

Los padres no suelen consultar a un psicólogo de niños porque atribuyen erróneamente las causas de estas dificultades a faltas disciplinarias o educativas. Pero la infancia no siempre es ese paraíso que el adulto rememora cuando lo ha perdido.

Otro motivo por el que no se suele consultar a un psicoterapeuta es el prejuicio de que “es demasiado pequeño para ir al psicólogo”. En la práctica clínica ocurre todo lo contrario: cuanto más precoz es una psicoterapia más probabilidades tiene de ser más breve y más eficaz, tanto en los beneficios terapéuticos rápidos como en la prevención a largo plazo de problemas mayores.

9 – Adolescencias difíciles.

El psicólogo Aníbal Ponce decía que dos sentimientos caracterizan a la adolescencia: la ambición y la angustia. Ambición de los adolescentes porque aún no se ha topado con las inevitables frustraciones que impone la dura realidad y, por lo tanto, todo es posible; y angustia de los adolescentes porque, si todo es posible, también lo es lo peor.

Conflictos familiares; abuso de alcohol, dorgas o internet; una actitud “pasota”ante los estudios y obligaciones, irresponsabilidad y rebeldía; inhibición, retraimiento social y depresión, son algunas de las manifestaciones más frecuentes.

Cuando de nada sirve nuestra experiencia, porque la experiencia es, por definición, intransferible; cuando de nada sirven nuestros consejos, que a veces bastan para que el adolescente haga exactamente lo contrario; cuando de nada sirven el exceso de rigor ni el exceso de comprensión, cuando asistimos impotentes al proceso autodestructivo de un hijo; ha llegado la hora de consultar a un psicoterapeuta.

10 – Instatisfacción con la propia vida y el modo en que se está desarrollando

Mucha gente se siente insatisfecha con su vida, imposibilitada de disfrutarla, sin entusiasmo ni motivación. Han vivido mejor o peor, alcanzado más o menos sus objetivos, pero llega un momento en que no se reconocen a sí mismos y se preguntan “¿Quién soy yo?”. Quisieran cambiar su vida pero no saben como hacerlo.

Generalmente no se les ocurre consultar a un psicólogo porque no ven de qué modo podría ayudarlos. Y, sin embargo, estar insatisfecho y querer cambiar puede ser el mejor motivo para realizar una psicoterapia. Son esas personas, con esos conflictos, las que mejor provecho sacan de ella.

¿CUÁNDO CONSULTAR A UN PSICÓLOGO O A UN PSIQUIATRA?

septiembre 27th, 2016|

Existe en España (no es así en otros países de Europa y del mundo) un prejuicio muy extendido por el que se supone que las personas que consultan a un psicólogo o a un psiquiatra están “locas”.

Cuando tenemos un malestar físico consultamos al médico, y para pocos esta consulta es motivo de vergüenza. ¿Por qué cuando padecemos un malestar psicológico o emocional no aceptamos consultar a especialistas en la mente con la misma naturalidad con la que consultamos a especialistas en el cuerpo?

Es cierto que no es suficiente motivo para consultar tener un problema vital. La mejor motivación para realizar la consulta es querer resolverlo.

Mucha gente experimenta la sensación de estar perdiendo el control sobre su propia vida, pero no acuden a consultas psicológicas por diferentes motivos.

-Vergüenza de contar sus problemas a un extraño. Psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de salud mental no somos jueces. Si hemos elegido estas profesiones es para ayudar a las personas, no para juzgarlas. ¿Acaso uno debe avergonzarse por padecer un malestar intestinal? ¿Por qué debería ser de otra manera con otros malestares que no son necesariamente orgánicos pero que no dependen de nuestra voluntad?

– Vergüenza de lo que otros puedan pensar si consultan. Por lo que ya hemos dicho eso sólo debería producir vergüenza en quienes juzgan sin conocimientos. Pero tampoco es necesario informar a todo el mundo que uno visita a un psiquiatra o un psicólogo, no porque sea malo sino porque puede ser una de tantas cosas que preferimos mantener en reserva.

  • Vergüenza por no poder apañarse solos. Este es el inconveniente más común. Dichos populares españoles como “cada palo sostiene su vela” parecen sostener un ideal de autosuficiencia que no es ni siquiera coherente con la condición humana. Los seres humanos vivimos en relación permanente con otros. Tiene tanto mérito ayudar a alguien como dejarse ayudar. Sufrir en soledad no parece ser la mejor respuesta.
  • Una expectativa desmedida en que los problemas se resolverán con el tiempo. ¿Cuánto tiempo? Muchas personas han tomado conciencia de que necesitan ayuda pero la postergan siempre para “más adelante” porque éste no es “el mejor momento”. Cuando toman conciencia descubren que han desperdiciado un tiempo de vida realmente valioso. Cuando uno tiene una dificultad que no ha logrado resolver solo, el mejor momento es ahora.
  • Razones económicas: Desgraciadamente la seguridad social no cuenta con los recursos necesarios para poder ofrecer atención psicoterapéutica a todas las personas que la necesitan ni con la urgencia o la frecuencia con que la necesitan. Los seguros médicos también ponen muchas restricciones a la atención psicológica. Y las consultas privadas lógicamente tienen un costo (aunque puede no ser tan alto como mucha gente supone). Hay efectivamente personas a las que la precariedad de su situación económica les impide acceder a una consulta privada y es de lamentar que la seguridad social no pueda ofrecérsela. Pero otras personas que creen que no pueden permitírselo no reflexionan sobre en cuántas cosas prescindibles gastan sus ingresos.
  • Malas experiencias previas. Hay personas, incluso con problemas graves, que no han tenido experiencias psicoterapéuticas satisfactorias y, sin haber resuelto sus problemas, se resisten a volver a consultar. Cada persona debe encontrar la disciplina y el profesional que más se adecúe a sí mismo. Una experiencia poco exitosa no significa que todas vayan a serlo.

¿Es mejor consultar a un psicólogo o a un psiquiatra?

Psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas y psicoterapeutas trabajamos para la salud mental de las personas. Pero los enfoques no son los mismos.

Los psiquiatras trabajamos con recursos neuroquímicos que actuan sobre los neurotransmisores cerebrales mediante la prescripción de medicamentos que pueden aliviar los síntomas del paciente, pero no curarlos.

Los psicoterapeutas trabajamos, con distintos métodos y técnicas, con la palabra y el diálogo. En psicoterapia se procesan y las vivencias subjetivas, la personalidad, la conducta, las ideas adquiridas sobre sí mismo y el mundo (muchas veces erróneas), la autoestima, las relaciones interpersonales y la historia de la persona con sus experiencias vitales, traumáticas o no; con la escucha activa de un psicoterapeuta capacitado para orientar al paciente en la elaboración y resolución de sus conflictos, siempre en función de lo que él o ella quieran hacer con su vida.. El objetivo de una psicoterapia es que el paciente pueda realizar en sí mismo y en su entorno los cambios que él necesita, conforme a sus deseos, para disfrutar más de la vida y sufrir menos.

Estas dos recursos pueden usarse en forma exclusiva (sólo uno de ellos) o simultáneamente. Pero, salvo por problemas puntuales y acotados en el tiempo, no es conveniente recurrir sólo a los fármacos porque no son inocuos y no es bueno depender de la medicación toda la vida.

Es elección de cada uno a qué recursos recurre, o no utilizar ninguno. Pero lo importante es que sea fruto de una elección y no de la resignación o la vergüenza ante dificultades que producen sufrimiento y tienen tratamiento.

Depresión vacacional

septiembre 19th, 2016|

¿Has regresado de vacaciones? ¿Te lo has pasado mal? ¿Has sentido hastío, aburrimiento, angustia, tristeza, ansiedad, estrés o desazón? ¿Te has sentido deprimido en vacaciones? ¿En lugar de descansar del estrés las vacaciones te han estresado? En ese caso has padecido una depresión vacacional, también llamada, no sin humor, la “depresión de la tumbona”.
Las vacaciones son para disfrutar. Trabajamos todo el año esperando que lleguen, no sólo para descansar, sino fundamentalmente para gozar. Esta exigencia de disfrute puede producir el efecto contrario. ¿Por qué?
-Expectativas demasiado altas que no pueden alcanzarse. Si nuestro propio Superyó (imagen ideal que uno se hace de sí mismo y de lo que debe ser y hacer, que inconscientemente nos fuerza a tratar de alcanzarla) nos demanda unas vacaciones ideales de puro placer y, además, los otros y los medios de comunicación nos presionan en el mismo sentido, es muy probable que las vacaciones reales nos decepcionen y nos frustren.

-Tensiones familiares o sociales. Hemos ido a la playa, por ejemplo. Los niños han sido una continua demanda. Se despiertan (y nos despiertan) temprano. Hay que vestirlos, llevarlos a la playa, controlarlos, prepararles la comida y darles de comer, regresar a la playa con toda la parafernalia, jugar con ellos, regresar a casa, bañarlos, etc.; y al otro día volver a empezar. No ha habido tregua ni descanso.
O hemos veraneado en pareja. Pero no nos hemos puesto de acuerdo en casi nada. Cuando uno quería hacer una cosa al otro le apetecía otra. Discusiones, mal humor, caras largas.
O hemos veraneado con familia o amigos y la compañía nos siempre nos ha resultado agradable.
O hemos hecho un tour muy interesante, pero con sus ritmos que no fueron los nuestros, sus horarios, su permanente hacer y deshacer maletas…
En fin, que no hemos disfrutado.
-Soledad. Nos pasamos todo el año rodeados de personas (en el trabajo, el estudio, las actividades sociales, deportivas o sociales). Compañía que no siempre hemos elegido y que a veces nos agobia. Esperábamos las vacaciones para disfrutar de la soledad y cuando nos quedamos solos (en Madrid o en un viaje) nos hemos aburrido.
-No pudimos desconectar. Y los problemas y preocupaciones del trabajo, el estudio o la vida familiar han viajado con nosotros amargándonos la estancia.
-Encontrarnos a nosotros mismo. El estudio, el trabajo (incluido el hogareño, que puede ser el más agotador), las obligaciones, nos presionan todo el año. Y cuando por fin podemos hacer una pausa no sabemos qué hacer con ella. Las vacaciones siempre son cortas, pero las horas a veces son muy largas.
Por éstas y muchas causas puede padecerse una depresión vacacional.
¿Qué hacer entonces?
Lo mejor para salir de una depresión es analizar sus causas. Indagar qué nos ha producido apatía, ansiedad o tristeza y reflexionar sobre ello para poder ponerle remedio.
Puede ser preferible realizar (en lugar de las vacaciones tradicionales o además de ellas) minivacaciones. Escapadas de una semana o un fin de semana al menos cada dos meses a lo largo del año. De este modo todas las expectativas no se concentran en un único período vacacional. Pero no siempre es posible.
También es necesario encontrar cómo cambiar el modo de vida para disfrutar más durante el año. Muchas veces este propósito nos parece imposible, y a veces lo es. Pero en la mayoría de los casos tenemos una excesiva certeza en la imposibilidad del cambio porque no somos capaces de hacerlo solos.
Muchas veces regresar a las obligaciones cotidianas puede ser casi un alivio. Pero generalmente nuestra frustración vacacional aumenta el peso de la vuelta a la casa, el trabajo o el estudio. Si ya de vuelta a tu ritmo habitual de vida continuas deprimido puede que la depresión vacacional se haya prolongado en una depresión post-vacacional.
Es normal que así ocurra. Pero si pasadas dos o tres semanas del regreso la depresión no mejora, consulte con un psicólogo para que le ayude a superar esta depresión y a enfrentar sus periodos vacacionales de otra manera de ahora en adelante.

Encuesta a familias sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

septiembre 14th, 2016|

OCU (Organización de Consumidores y Usuarios de España) ha realizado una encuesta a 736 familias con hijos entre 6 y 17 años, para analizar su experiencia en relación con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La dificultad del diagnóstico o el abuso de los psicofármacos son alguna de las principales conclusiones de este estudio cuyos resultados se han publicado en el número 126 de la revista OCU-Salud correspondiente al mes de junio.

De ellas 135 tenían hijos a los que se les ha diagnosticado TDAH en alguna ocasión. El objetivo del estudio era conocer la experiencia de las familias, cómo habían llegado hasta el diagnóstico definitivo, qué tipo de tratamientos siguen, en especial el uso de psicofármacos, el apoyo que reciben por parte de los centros educativos y los gastos que conlleva convivir con esta enfermedad.

Es bastante frecuente achacar los problemas de comportamiento (niños revoltosos, con problemas para concentrarse, comportarse o controlar su impulsividad) a este trastorno. Un 25% de las familias ha tenido sospechas de que su hijo padecía TDAH y sin embargo solo el 9% de los niños en España ha llegado a confirmar su diagnóstico.

Las razones que llevaron a los padres a sospechar son diversas: el 73% de los padres notaron ciertos síntomas en su hijo, un 33% recibió la alerta del colegio y un 24% de un profesional sanitario. Entre aquellos que consultaron con un médico, en el 56% de los casos se diagnosticó TDAH, mientras que para el 33% se llegó a la conclusión de que no había ninguna patología y en 1 de cada 10 casos salió a la luz un problema de salud diferente al TDAH. El 52% de los padres que recibieron un diagnóstico de TDAH pidió una segunda opinión; en el 17% de los casos no se confirmó el citado diagnóstico.

En relación al tratamiento de los niños y adolescentes con este tipo de trastorno, OCU señala que la opción mayoritaria es la farmacológica. El 88% ha tomado medicación para el TDAH (fundamentalmente Metilfenidato) en alguna ocasión. Otro dato preocupante es que a pesar de no haber evidencia científica sobre el beneficio de la medicación a largo plazo, un 52% de las familias ha prolongado su uso más allá de los 3 años. Aunque 9 de cada 10 padres reconocen que la medicación ayudó a sus hijos a mejorar su comportamiento, también se deja entrever preocupación por sus efectos adversos; entre otros, más de la mitad de los niños presentaron pérdida de peso y apetito y el 34% sufrió insomnio.

OCU señala que otros enfoques terapéuticos no están tan extendidos. La psicoterapia ha sido seguida solo por el 32% de las familias afectadas por TDAH, y únicamente el 26% la ha combinado con medicación.

Otro de los aspectos relevantes para OCU es el papel que llevan a cabo los centros escolares y que a tenor de las respuestas de los encuestados resulta claramente insuficiente. Una mayoría de familias, el 53%, considera que su hijo no recibe ningún tipo de apoyo por parte del centro educativo. Esta situación ha motivado a un 16% de las familias con un hijo afectado por TDAH a cambiar a su hijo de colegio en alguna ocasión para intentar mejorar la atención que reciben.

DEPRESIÓN POSVACACIONAL

agosto 21st, 2016|

Ha finalizado el verano ¿Has regresado de vacaciones, debes incorporarte a tu trabajo y experimentas cansancio generalizado, fatiga, insomnio, dolores musculares, falta o aumento de apetito, o falta de concentración, o esto le acontece a uno de tus hijos al reincorporarse al colegio? ¿Sientes irritabilidad, tristeza, falta de interés, nerviosismo…? En estos tiempos en los que a todo malestar le ponemos nombre, tú, o tu hijo, padecéis un síndrome posvacacional.

Un síndrome involucra a un conjunto de síntomas que suelen presentarse asociados, síntomas que pueden responder a la misma enfermedad o tener causas diferentes en personas también diferentes.

Hace unos años se presentó en nuestra consulta un almirante afectado hasta las lágrimas por la obligación de reincorporarse a filas. Experiencia sorprendente porque uno no asocia en principio este síndrome con un Almirante de Marina, pero que demuestra que, aunque no lo experimenten todas las personas en la misma situación, nadie está exento de sufrirlo.

Algo es común a todas las personas que sí padecen este síntoma: no están contentos con la vida que han elegido o a la que se han visto forzados.

Pero la cuestión que nos ocupa es: ¿Tiene tratamiento la depresión posvacacional?

Medidas preventivas:

Se aconseja no apurar las vacaciones hasta el último día. Dejarse un colchón de días entre el regreso y la incorporación a la disciplina cotidiana. Pero son tan cortas las vacaciones que muchas personas prefieren renunciar a este recaudo.

También es conveniente reservarse tiempo y planificar actividades de ocio recreativas en la primera semana de incorporación al trabajo, o planificar un corto viaje ilusionante, aunque sea un fin de semana, no más allá del primer mes de la reincorporación para autoproporcionarse una ilusión y una expectativa en esos difíciles días.

¿Qué hacer cuando el síndrome postvacacional ya se ha presentado?

Una de las primeras medidas es no fijarse objetivos ambiciosos en esos primeros días (una semana), sino objetivos de estudio o laborales de sencilla concreción a corto plazo. Ten en cuenta que según diversos estudios laborales, un 35% de las personas demoran una semana en alcanzar un pleno rendimiento acorde a sus capacidades habituales (capacidades que se encuentran mermadas en esos momentos). Algunas personas pueden tardar más de un mes.

Si la depresión postvacacional se prolonga durante más de dos o tres semanas es conveniente consultar antes de que el estado depresivo se fije y se haga difícil de erradicar, en cuyo caso la vuelta al cole o al trabajo podría estar actuando como desencadenantes de una depresión larvada.

Psicólogos, psicoterapeutas, psicoanalistas y psiquiatras tenemos recursos, no sólo para ayudarte a hacer la «reentrée» más llevadera, sino también para reorganizar tu vida de modos que no habías siquiera pensado y que pueden desembocar en un acuerdo más satisfactorio con la vida y sus obligaciones, aunque pueda parecer inaccesible cuando uno está deprimido.

Déficit de atención en niños y adolescentes ¿una enfermedad?

junio 9th, 2016|

En salud mental es muy difícil distinguir conductas normales y conductas patológicas. Los límites no son tan claros como en otras especialidades médicas.

No atender en clase no basta para diagnosticar un trastorno mental o neurológico. Pese a ello muchos docentes derivan a los padres al neurólogo por esta causa.

Por supuesto que lidiar en una clase con cerca de 30 alumnos (o más) no es sencillo y, consecuentemente, si un alumno se sale de la norma, le cuesta mantenerse quieto y callado prestando atención a la clase durante un tiempo prolongado (lo que no sabemos ni siquiera si es sano) y perturba el normal desenvolvimiento de la clase más que otros, es comprensible que el docente prefiera que lo mediquen para tranquilizarlo.

Los test desarrollados para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), en ausencia de otras patologías, sólo pueden confirmar esa presunción diagnóstica ya que se han diseñado para detectar dificultades de atención, impulsividad e inquietud; que es lo que ya percibió el docente o los mismos padres.

Pero cuando se le indica una medicación ¿se hace en beneficio del niño o para aliviar la carga de sus padres y docentes? Porque muchas veces estos síntomas dificultan más la vida de padres y docentes que la del niño.

Riesgos y Beneficios de la medicación para el TDAH (metilfenidato y otros estimulantes)

El metilfenidato, que es la medicación habitualmente indicada para el llamado TDAH, bajo cualquiera de sus nombres comerciales (Rubifen, Concerta, Medikinet, Ritalina) y otras drogas también usadas para este problema son derivados anfetamínicos. Decir que son inocuos es faltar a la verdad. Como casi todos los medicamentos pueden producir efectos adversos: pérdida de apetito, perturbación del sueño y estado de embotamiento entre los más frecuentes. Pero también vértigo, dolor de cabeza, náuseas, nerviosismo, palpitaciones, reacciones cutáneas, alteraciones de la presión arterial, dependencia de tipo anfetamínico, disminución del umbral de convulsiones, entre otros. No estamos exagerando, sólo leemos los prospectos.

Como con cualquier otro medicamento es necesario evaluar riesgos y beneficios. Pero lo cierto es que en la mayoría de los casos producen una mejoría sintomática de corta duración (unos meses) para perder con el tiempo su eficacia. ¿Por qué entonces hay niños, adolescentes y jóvenes que los toman durante años, en algunos casos con efectos secundarios indeseados, sin beneficios observables?

Déficit de atención e hiperactividad, ¿una nueva epidemia?

En los últimos 15 o 20 años los problemas de déficit de atención e hiperactividad (sobre todo en la escuela) han aumentado exponencialmente. No es razonable suponer que asistimos a una epidemia de veloz incremento de trastornos del neurodesarrollo (como los califica el DSM). ¿Acaso no hubo siempre niños distraídos e inquietos? Si ahora son cada vez más debemos suponer que algo se está descomponiendo en la educación y la sociedad más que en el cerebro del niño.

Otra causa, nada sorprendente, del incremento en el diagnóstico de estas patologías es que se han descubierto y comercializado sustancias que supuestamente las curan (en general no lo hacen, pregunten si no a padres y docentes que hayan hecho la experiencia). Diagnosticar a los niños con dificultades para adaptarse a las exigencias académicas (tan exigentes que lo sorprendente es que no haya más niños con este diagnóstico, aunque los habrá, seguro) es un modo de permitirles a las familias acceder a estas medicaciones por medio de la Seguridad Social y a exiguas ayudas estatales.

Hace 30 años era habitual que se les pegara a los niños que no rendían de acuerdo a las expectativas o perturbaban la clase o la vida familiar. Hoy, cada vez más, se los médica. Hemos progresado, pero no es suficiente.

¿Hay alternativas a la medicación?

Por supuesto que las hay. Un psicoterapeuta se supone que está capacitado para escuchar a un niño, trabajar con él, ayudarlo a encontrar la mejor manera de vivir su vida con sus singularidades, orientarlo y, a la vez, ayudar a los padres.

Como complemento de la medicación, o como sustitución de ella, el trabajo mediante la palabra puede ser más eficaz a largo plazo, y evitar el uso de medicación o reducir la duración del tratamiento médico en casos de Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad.

LA ADICCIÓN A INTERNET Y SU EFECTO EN LA CONDUCTA ADOLESCENTE

mayo 30th, 2016|

Adicción a internet

Uno de los problemas por los que más frecuentemente consultan los padres de hijos adolescentes es la adicción a internet. Se trata de un conflicto de reciente aparición y que cada vez genera más consultas sobre desórdenes en el comportamiento en la adolescencia e incluso infancia.

Poca tolerancia a la frustración
Es difícil generalizar porque cada caso puede ser muy diferente de otros, pero la mayoría de las veces se trata de adolescentes con poca tolerancia a la frustración. Esta baja tolerancia hace que antes las dificultades de la vida cotidiana (en el estudio, el trabajo o la vida social) se inhiban y retraigan socialmente empobreciendo su intercambio con jóvenes de su edad.

Retraimiento social

Este retraimiento suele estar acompañado por una pérdida de interés en el trabajo, los estudios o cualquier otra actividad productiva y necesaria.
Interenet les ofrece sitios de entretenimiento rápido, una actividad sin esperas ni demoras y sin necesidad de exponerse a los otros.

Lo consideramos una adicción cuando se produce un abuso del tiempo empleado en detrimento de otras actividades y una dependencia que se manifiesta en que la privación de estos juegos, aunque sea temporal, produce gran irritación.

Existen dos modalidades principales en las que se puede manifestar esta adicción a internet en adolescentes:

Las amistades virtuales
La mayoría de estos juegos se realizan con un contrincante, por lo que sí se produce un intercambio con otro con el que se comparte al menos algo: el gusto por el mismo juego. Se establece así una relación social que puede incluso llegar a una amistad. Eso sí, a condición de que sea virtual. Son raras las veces en las que se produce un encuentro real, no virtual, con ese partenaire en los juegos.

Conducta “autista”

Otras veces el joven (o la joven, pero estas conductas son más frecuentes en varones) renunica

incluso a este vínculo social y compite con un rival virtual que le proporciona el mismo programa informático. Esto da lugar a una conducta “autista” en la que el disfrute no se comparte con ningún ser humano aislándose del entorno familiar y social.

Depresión

Si entendemos esto podemos comprender que no se trata sólo de limitar la recurrencia de esta actividad, sino resolver los problemas que la originan: la poca tolerancia a la frustración, la depresión subyacente y el retraimiento en primer lugar. Lo contrario da lugar a conflictos familiares con un ciclo repetitivo de limtaciones (muchas veces necesarias), prohibiciones, discusiones más o menos violentas, rebeldía, enfados.

Los padres son parte del problema. No pueden ser la solución

Muchos padres acuden a nuestra consulta preguntándonos (porque ya se lo preguntan a sí mismos)que pueden hacer ellos, cómo gestionar esta situación. Pero muchas veces el adolescente se encuentra ya en conflicto con sus padres, en una situación en la que no logra separarse (porque permanece en la casa), ni integrarse (porque lo hace encerrado en su cuarto).

Necesidad de recurrir a un profesional

Es entonces cuando es necesario reconocer la propia insuficiencia y acudir a un profesional,un psicólogo especializado en conducta adolescente que ayude a encauzar el comportamiento del joven en cuestión.

UNA NUEVA PSICOTERAPIA PARA EL TLP (Trastorno Límite de la Personalidad)

abril 19th, 2016|

La PSICOTERAPIA FOCALIZADA EN LA TRANSFERENCIA (PFT), una técnica pionera para tratar los Trastornos Límites de la Personalidad (TLP) ha demostrado eficacia aún en personas con las que habían fracasado otros tratamientos.

La PFT es una nueva psicoterapia específica para el TLP aprobada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos. Su práctica, ya generalizada en USA, está extendiéndose en los últimos tiempos a otros países, incluida España.

Los estudios realizados demuestran que reduce significativamente los síntomas característicos del trastorno. También se fortalece la estabilidad emocional y, consecuentemente, mejoran las relaciones personales y se reduce enormemente el sufrimiento de quienes lo padecen, sufrimiento que suele ser muy intenso.

Los mismos estudios establecen que los abandonos de tratamiento (uno de los grandes problemas de los trastornos límites) son menores que con los métodos convencionales.

Las dificultades de las psicoterapias en los Trastornos de Inestabilidad Emocional y los Trastornos Límites de la Personalidad (TLP)

No existe medicación específica para los trastornos de la personalidad. Todos los profesionales de salud mental, psiquiatras y psicólogos, coincidimos en que, acompañado o no por medicación, el tratamiento fundamental es el tratamiento psicoterapéutico. Pero las psicoterapias con las personas que padecen estos trastornos se encuentran con serios problemas.

Algunas de ellas son que las personalidades borderline suelen tener dificultades para expresarse con sinceridad; sentimientos ambivalentes de amor y odio hacia una misma persona, alternancia de sobrevaloración y desprecio, sentimientos que naturalmente se proyectan también sobre el psicoterapeuta y se reproducen en la sesión; y, sobre todo, la frecuente decepción y abandono del tratamiento.

La Psicoterapia Focalizada en la Transferencia tiene en cuenta estos rasgos de personalidad y los hace funcionar como parte del tratamiento. Nosotros somos conscientes de que una persona va a repetir con sus terapeutas las mismas conductas que le dificultan las relaciones con otras personas. Pero precisamente ese hecho natural nos va a permitir conjuntamente a psicoterapeuta y paciente analizar cuáles son las motivaciones y encontrar alternativas, no para cambiar su personalidad, sino para que la ejerza con beneficio para sí misma. Por eso mismo la PFT tiene menos abandonos que otras alternativas psicoterapéuticas.

Otros métodos terapéuticos privilegian la atención a cada síntoma y pretenden re-educar al paciente mediante ejercicios y protocolos, pero de ese modo se fuerza una relación conflictiva con él y se deja de lado la estructura de la personalidad, produciendo muchas veces efectos parciales, estériles, que propician el abandono del tratamiento.