Decíamos en otro artículo en esta misma web (”¿Qué es el Trastorno Obsesivo Compulsivo?”) que los manuales diagnósticos distinguen dos trastornos obsesivos: un trastorno ansioso y un trastorno de la personalidad (también llamado Trastorno Anancástico de la Personalidad). Comenzaremos por este Trastorno de Personalidad:

Trastorno Obsesivo Compulsivo de La Personalidad

Las personalidades obsesivas son, en principio, fáciles de reconocer. Todos conocemos a alguien (o nosotros mismos) excesivamente preocupado por las reglas, el orden o el control. Alguien al que le cuesta expresar sus emociones. Perseverante, obstinado, preocupado por detalles, exageradamente crítico consigo mismo y con los demás y, al mismo tiempo, dubitativo.

En principio, estos rasgos de personalidad no son malos, pueden incluso usarse para mejorar la eficacia laboral o en los estudios (si se elige una actividad adecuada a la propia persona), y pueden favorecer la estabilidad en la pareja. Así nos encontramos con muchos obsesivos exitosos profesionalmente, con familias “bien constituidas” y una vida satisfactoria (dentro de los límites que a todos nos impone la realidad).

Pero, lamentablemente, en la mayoría de los casos no es así. La obsesividad suele afectar a la eficiencia en el trabajo, la alteración de normas o hábitos produce ansiedad (y, muchas veces, agresividad), las relaciones de parejas y con amigos pueden estar perturbadas por lo que ellos (pareja o amigos) consideran frialdad afectiva y manías. Y aún cuando son exitosos, los obsesivos casi siempre se sienten insatisfechos con sus logros, tanto profesionales como personales, y, lo que es peor, les es difícil experimentar placer, ya que la obsesividad no descansa ni en tiempo de ocio.

Esto es lo que nos parece más importante, más que cualquier definición diagnóstica sintomática (que ahora pasaremos a ver), porque de lo que se trata es de evitar el exceso de sufrimiento por causas psicológicas. Si una persona funciona “satisfactoriamente”, no requiere de nuestra intervención. Si hay exceso de sufrimiento, es preferible buscar ayuda que someterse a un padecimiento tan excesivo como innecesario.

Si las características de su propia “personalidad” producen este sufrimiento, no dudemos que estamos ante lo que la psiquiatría clásica llamaba Neurosis y lo que los manuales diagnósticos actuales llaman Trastorno de Personalidad, aunque para ello requieran el cumplimiento de ciertos criterios (siempre a juicio del profesional).

 

Criterios Diagnósticos de Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad

 

Seguiremos los criterios diagnósticos del DSM IV (Manual Diagnóstico de la Asociación de Psiquiatría Americana), aunque usando nuestras propias palabras y acompañándolos de ejemplos comunes, para hacerlos más fácilmente comprensible:

“Una persona con una excesiva preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental sobre sí mismo y sus relaciones con los otros” (la personalidad obsesiva que definíamos antes), “con al menos 4 de los siguientes síntomas” (que serían los que autorizan a hablar de Trastorno y no sólo de características de la personalidad):

 

1. Preocupación por los detalles, las normas, las listas, el orden, la organización o los horarios, hasta el punto de perder de vista el objeto principal de la actividad (p. ej.: repasar una y otra vez una tarea ya terminada para comprobar posibles errores)
2. Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas por quedarse pendiente de detalles (p. ej.: un estudiante que “pierde el tiempo” pasando los apuntes “en limpio” en lugar de concentrarse en el estudio, o una vendedora que ofrece tantas alternativas al cliente que lo lía y ya no compra nada). Nota: una personalidad narcisista también es perfeccionista, pero suele quedar conforme con sus logros, mientras que al obsesivo toda perfección le parece insuficiente.
3. Dedicación excesiva al trabajo en perjuicio de las actividades de ocio y las amistades (p. ej:, postergar indefinidamente una salida con amigos; sensación de estar “perdiendo el tiempo” en una actividad no productiva, aunque podría ser placentera; planificar meticulosamente una actividad cuyo objetivo supuesto es pasárselo bien).
4. Terquedad, escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores (p. ej.: respeto obsesivo a las normas o a la autoridad).
5. Incapacidad para tirar objetos inútiles, incluso cuando no tienen un valor sentimental (lo que puede dar lugar a fuertes discusiones si quien los tira es su pareja o un familiar).
6. Resistencia a delegar tareas o trabajo en otros, a no ser que éstos se sometan a su manera de hacer las cosas (p. ej.: rechazar ayuda que podría ser útil, incapacidad para aceptar otros puntos de vista o, como dice el ICD, “resistencia poco razonable a dejar a los demás hacer lo que tienen que hacer”).
7. Estilo avaro en los gastos propios y de los otros (el dinero es algo que hay que acumular en previsión de posibles catástrofes futuras).
8. Rigidez y obstinación. A lo que añadiríamos ira contenida, especialmente cuando le llevan la contraria (cuando falla la contención, puede dar lugar a estallidos desproporcionados, incluso para el propio sujeto).

El ICD (Manual Diagnóstico de la Organización Mundial de la Salud) coincide en la mayoría de criterios, pero incorpora otros que nos parecen fundamentales:

 

a) Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda inseguridad personal (ver “Los obsesivos, esos grandes incomprendidos”, en esta misma web).
Esta indecisión puede ser un síntoma de severos efectos inhibitorios. Algunos profesionales la llamamos procastinación (del inglés, procrastination: postergación o dilación), para designar la tendencia obsesiva a “postergar para nunca” una tarea necesaria, una declaración amorosa o un simple llamado telefónico.

 

e) Limitación para expresar emociones.?

h) Irrupción no deseada e insistente de pensamientos o impulsos (obsesiones y compulsiones).

 

No deja de ser llamativo que en el DSM no figuren los dos síntomas que dan nombre al trastorno: las obsesiones y las compulsiones. Esto es así porque los psiquiatras americanos han preferido reservarlos para un trastorno de ansiedad, el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

 

Trastorno Obsesivo Compulsivo de La Personalidad (TOC)

 

Las obsesiones son ideas, deseos, o preocupaciones que no se pueden apartar de la mente, y que suelen producir ansiedad. Son pensamientos que invaden la conciencia, imponiéndose a la voluntad de quien los padece, al que pueden parecerle absurdos, opuestos a sus deseos o, incluso, provocarle rechazo (po
r ejemplo, un niño al que se le impone la idea de que su madre, enferma o no, va a morir). El sujeto intenta resistirse a estos pensamientos ignorándolos o tratando de suprimirlos mediante un acto de voluntad, un pensamiento opuesto o un gesto.

Las compulsiones son comportamientos o pensamientos que se repiten y que pueden aliviar temporalmente la ansiedad. Son actos o conductas destinadas a provocar un suceso que se desea o a prevenir uno que se teme (siguiendo con el ejemplo anterior, el niño comenzó a sentir la necesidad de tocar determinados objetos, “mis dedos parecían atraídos por un impulso irresistible”. Con el tiempo esta persona descubrió que eran actos mágicos destinados a evitar la muerte de la madre, pero no siempre es tan sencillo descifrar el sentido de un acto compulsivo).

La actividad compulsiva no está ligada coherentemente al efecto que se propone producir (no diríamos lo mismo de un acto mágico realizado con el mismo fin en determinada tribu porque, en este caso, sería coherente con un conjunto de creencias compartidas; ni del acto trivial de “tocar madera” que responde a una superstición común, aun cuando se haga sin autentica convicción).

El acto es realizado compulsivamente, por lo que, sobre todo al principio, uno puede desear resistirse, aunque es probable que, con el tiempo, se acostumbre y experimente alivio al realizarlo. La persona siente subjetivamente que el acto es absurdo (no necesariamente en niños pequeños), y tampoco le proporciona placer, pero sí un alivio de ansiedad por descarga de tensión.

Estas obsesiones y compulsiones producen malestar y suelen interferir en la vida.

 

¿Dos Trastornos?

 

Cuando se presentan obsesiones y compulsiones claramente definidas, los manuales nos indican diagnosticar T.O.C. No es por tanto difícil diferenciar ambos trastornos, y así lo entienden la mayoría de los profesionales. Por ejemplo: la compulsión a acumular objetos puede presentarse en ambos trastornos, pero no es lo mismo una “manía” (indicio de un Trastorno de Personalidad) que cuando esta acumulación de objetos inútiles llega a dificultar circular por la casa (lo que nos hará sospechar la presencia de un TOC). Siendo una diferenciación relativamente fácil de establecer, no podemos dejar de señalar que establece sólo una diferencia cuantitativa. ¿Implica también una diferencia cualitativa?.

Si obsesiones y compulsiones sólo se presentan en uno de los trastornos, ¿por qué llamar al trastorno de personalidad “Obsesivo Compulsivo”?. ¿No será porque los profesionales encargados de realizar los manuales diagnósticos reconocen un parentesco, una afinidad entre ambos trastornos, pese a mencionar síntomas diferentes en cada uno de ellos?

Para complicar más las cosas, los mismos manuales nos dicen que, si se cumplen los criterios para ambos trastornos, hay que diagnosticar los dos. En la práctica es frecuente que un Trastorno de Personalidad como el que hemos definido, más tarde o más temprano, puede llegar a desarrollar obsesiones y compulsiones inequívocas, con lo que debemos diagnosticar un TOC, sin que por ello el trastorno de personalidad haya desaparecido. Por otro lado, la mayoría de quienes padecen un TOC tienen características de personalidad obsesivo compulsivas.

Más significativo aún, los antidepresivos que tienen cierta eficacia en uno de los trastornos (siempre relativa y dependiendo de la persona), suelen ser igualmente eficaces en el otro.

Tampoco hay diferencias significativas en el encuadre de la mayoría de las psicoterapias (probablemente con la excepción de ciertas terapias conductuales).

¿No es más lógico, entonces, pensar a los Trastornos obsesivos como un continuo que se extiende desde las personalidades afectadas por “una excesiva preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control” hasta las personas seriamente incapacitadas por sus obsesiones y compulsiones, reconociendo una extensa variedad de tonos intermedios?. Todas ellas requieren atención en la medida en que todas padecen por causas psíquicas.

Caemos entonces en la cuenta de que ese amplio espectro era precisamente lo que englobaba la psiquiatría clásica bajo la denominación común de Neurosis Obsesiva y lo continua guiando la práctica de muchos profesionales. Pero eso será tema de un próximo artículo.

Luis Teszkiewicz
Dra. Marina Averbach

Este artículo ha sido redactado por profesionales con más de 25 años de experiencia en el sector de psicología y psiquiatría. Tenemos gabinetes en Majadahonda y Madrid Centro. Si tienes más dudas o deseas consultarnos algo llámanos al 607 99 67 02 o escríbenos a info@persona-psi.com