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17 – Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H)

/17 - Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H)

¿ESTÁN LOS PADRES SUFICIENTEMENTE INFORMADOS SOBRE LA MEDICACIÓN PARA EL TDAH?

marzo 1st, 2017|

Versión resumida de la publicación de NO GRACIAS, organización civil independiente por la transparencia, la integridad y la equidad en las políticas de salud, la asistencia sanitaria y la investigación biomédica.

Peter Gøtzsche, danés, doctor en medicina, Master of Science en Biología y Química, dedica un capítulo entero al TDAH en su recientemente publicado Medicamentos que matan.

¿Cuántos padres conocen estos datos?


“Tan pronto como se etiqueta a los niños de enfermos, todos se quitan responsabilidades de encima..
hemos decidido como sociedad que es demasiado complicado cambiar nuestros sistemas educativos así que hemos preferido cambiar el cerebro de los niños. Esto es muy cruel… el TDAH no es una explicación sino solo un nombre que le hemos dado a un conjunto de síntomas”

“Los medicamentos para el TDAH son estimulantes”, y la mayoría de ellos derivados de “las anfetaminas”.

“Los estimulantes (…) pueden producir dependencia y las personas” (jóvenes y adultas) “diagnosticadas de TDAH que son tratadas con medicamentos pueden acabar abusando” de ellos.

Pueden también tener efectos negativos sobre “el interés social, con apatía e indiferencia”. “Muchos niños -en algunos estudios- pueden acabar desarrollando depresión y comportamientos compulsivos.

Pueden elevar la tensión arterial y/o la frecuencia cardíaca, por lo que hay que hacer un seguimiento médico con vigilancia de la tensión y el ritmo cardíaco, sobre todo en presencia de antecedentes familiares.

Otros efectos secundarios posibles (que figuran el los prospectos de esos medicamentos como “muy frecuentes”, es decir: al menos 1 de cada 10 niños tratados): el insomnio o las cefaleas. Frecuentes (del 1 al 10% de los pacientes) son, entre otros: los tics (sobre todo con metilfenidato), trastornos afectivos, alucinaciones, reacciones psicóticas y maníacas”.

Por eso están contraindicados en caso de enfermedad cardíaca o sospecha de síntomas psicóticos, tanto en niños como en adultos, entre otras contra-indicaciones.

La Agencia Española del Medicamento recomienda realizar un examen cardiovascular y psiquiátrico previo al tratamiento con metilfenidato (Rubifén, Concerta, Medikinet, Equasym) o anfetaminas (Elvanse), además de un seguimiento durante el mismo, monitorizar el peso y altura de los pacientes en edad de crecimiento y, muy importante, evaluar la continuidad del tratamiento al menos una vez al año.

Con respecto a la atomoxetina (Strattera), ha puesto el foco en la seguridad cardiovascular.

En todos los casos se deben realizar controles de tensión arterial y frecuencia cardíaca, añadiendo electrocardiograma o consulta en Cardiología en aquellos pacientes con factores de riesgo cardiovascular (sobre todo historia familiar de muerte súbita e historia personal de arritmia congénita o cardiopatía congénita).

Por eso en Persona-Psi sólo recurrimos a la medicación cuando es absolutamente necesaria y sugerimos acompañarla siempre con una psicoterapia, para que el uso de medicación no se cronifique.

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2016

octubre 10th, 2016|

1 de cada 5 españoles (20%) ha padecido, padece o padecerá algún trastorno mental diagnosticado (hay muchos más sin diagnosticar porque no han consultado)

En el momento actual 1 de cada 10 españoles (10%) tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico, psicológico o psicoterapéutico.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que 1 de cada 4 personas (25%) tiene un trastorno mental actual en el mundo*. Si las cifras en España son menores puede ser porque la salud mental de la población española es mejor, o porque los españoles consultan menos.

Pese a la frecuencia del padecimiento de trastornos mentales, más o menos severos, todavía en España no se aceptan estos trastornos con la misma naturalidad que otras enfermedades. Muchas personas que los padecen se dan múltiples excusas para no consultar. Quienes consultan muchas veces lo ocultan a familiares, amigos y conocidos como si de una vergüenza se tratara. Pareciera que reconocer que uno tiene problemas psíquicos o psicológicos y solicitar ayuda profesional implicara un estigma. Como si quienes padecen de sí mismos fueran “apestados” y no personas valiosas que requieren ayuda en algún momento de sus vidas.

Como sostiene el movimiento social asociativo Salud Mental España en su campaña con motivo del día mundial de la salud mental:“nadie elige tener un problema de salud mental, encontrarse mal o sufrir”. “Es cuestión de informarse, charlar, escuchar y apoyarse mutuamente”, dice González Zapico, presidente de esta confederación.

Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado en más de 100 países, no está de más reflexionar sobre esta falta de visibilidad de las personas afectadas de algún problema mental o psicológico y los prejuicios que les dificultan acceder a la atención profesional que necesitan. Hoy y todos los días.

*La información ha sido recogida del periódico digital lainformacion.com

La psicoterapia y la medicación en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia

octubre 8th, 2016|

Existen diversos medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA o TDAH).

Fármacos estimulantes como el metilfenidato (Rubifén, Concerta, Medikinet, Equasym, Medicebran o metilfenidato genérico) y la dexanfetamina (Elvanse), este último sujeto a control adicional para verificar su seguridad.

Fármacos no estimulantes: Antidepresivos como la atomoxetina (Stratera) que se utiliza cuando no se quiere recurrir a un estimulante. Neurolépticos como la risperidona (Risperdal o risperidona genérica) utilizados por sus efectos como tranquilizantes mayores. La risperidona (o Risperdal) actúa sobre la impulsividad y la hiperactividad por su efecto sedante, pero no así sobre el déficit de atención que puede incluso empeorar como consecuencia del embotamiento y la somnolencia que puede producir. Últimamente también se están utilizando en algunos países ciertos antihipertensivos.

Aunque algunos neurólogos y psiquiatras indican la medicación de inicio, como primer línea de tratamiento, no nos parece adecuado generalizar. Cada caso y cada niño merecen un análisis individual.

Admitiendo que en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad intervengan factores del neurodesarrollo, no podemos limitar nuestro conocimiento a sus bases neurológicas ni el tratamiento a agentes neuroquímicos (medicación).

Aun cuando se recurra a los fármacos, éstos sólo deben ser un complemento de un trabajo psicoterapéutico para ayudar al niño o niña (y a su familia) a conseguir una mejor gestión de sus dificultades que, partiendo de sus singularidades, favorezca un mejor desempeño escolar y en sus relaciones familiares y sociales, que muchas veces se ven afectadas.

Es conveniente, siempre que sea posible, una comunicación fluida del psicoterapeuta con el centro educativo y con el psiquiatra (en caso de que se esté medicando al niño) .

El diagnóstico de “TDAH” no implica una enfermedad mental, sirve para nombrar a un conjunto de síntomas (mayor actividad física que la habitual a su edad, impulsividad y/o dificultad para poder mantener la atención de forma continuada, son los fundamentales) que nos señalan que algo no va bien en el niño. Pero esta etiqueta y su clasificación como trastorno del neurodesarrollo no pueden ser excluyentes ni hacernos renunciar a entender los aspectos emocionales del niño o niña que también intervienen en su desempeño. ¿Cómo se siente?, ¿qué lo hace sufrir?, ¿qué situaciones individuales, familiares, escolares y sociales le generan malestar?

Muchas veces el padre o la madre también han padecido en su infancia (o continuan padeciendo) dificultades de atención o exceso de inquietud e impulsividad, aunque nunca haya sido diagnosticado. Algunos de estos padres reaccionan a los problemas de sus hijos con sentimientos de culpa y exceso de angustia. Otros, por lo contrario, les quitan importancia: “Yo era igual, y ya ves…”, sin considerar que su hijo o hija es un sujeto diferente y su evolución también puede serlo.

Sea o no éste el caso, la intervención con la familia tiene gran importancia para facilitar la comprensión del funcionamiento familiar, la comunicación en la familia, la regulación emocional y otros aspectos del vínculo paterno – filial, y mejorarlos.

Algunos padres tienen la expectativa de que las dificultades de atención de su hija o hijo puedan solucionarse con una pastilla, pero la experiencia nos demuestra que no es así, que la medicación puede atenuar temporalmente algunos síntomas, pero no cura. La buena gestión de las emociones es mucho más compleja que la química.

Encuesta a familias sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

septiembre 14th, 2016|

OCU (Organización de Consumidores y Usuarios de España) ha realizado una encuesta a 736 familias con hijos entre 6 y 17 años, para analizar su experiencia en relación con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La dificultad del diagnóstico o el abuso de los psicofármacos son alguna de las principales conclusiones de este estudio cuyos resultados se han publicado en el número 126 de la revista OCU-Salud correspondiente al mes de junio.

De ellas 135 tenían hijos a los que se les ha diagnosticado TDAH en alguna ocasión. El objetivo del estudio era conocer la experiencia de las familias, cómo habían llegado hasta el diagnóstico definitivo, qué tipo de tratamientos siguen, en especial el uso de psicofármacos, el apoyo que reciben por parte de los centros educativos y los gastos que conlleva convivir con esta enfermedad.

Es bastante frecuente achacar los problemas de comportamiento (niños revoltosos, con problemas para concentrarse, comportarse o controlar su impulsividad) a este trastorno. Un 25% de las familias ha tenido sospechas de que su hijo padecía TDAH y sin embargo solo el 9% de los niños en España ha llegado a confirmar su diagnóstico.

Las razones que llevaron a los padres a sospechar son diversas: el 73% de los padres notaron ciertos síntomas en su hijo, un 33% recibió la alerta del colegio y un 24% de un profesional sanitario. Entre aquellos que consultaron con un médico, en el 56% de los casos se diagnosticó TDAH, mientras que para el 33% se llegó a la conclusión de que no había ninguna patología y en 1 de cada 10 casos salió a la luz un problema de salud diferente al TDAH. El 52% de los padres que recibieron un diagnóstico de TDAH pidió una segunda opinión; en el 17% de los casos no se confirmó el citado diagnóstico.

En relación al tratamiento de los niños y adolescentes con este tipo de trastorno, OCU señala que la opción mayoritaria es la farmacológica. El 88% ha tomado medicación para el TDAH (fundamentalmente Metilfenidato) en alguna ocasión. Otro dato preocupante es que a pesar de no haber evidencia científica sobre el beneficio de la medicación a largo plazo, un 52% de las familias ha prolongado su uso más allá de los 3 años. Aunque 9 de cada 10 padres reconocen que la medicación ayudó a sus hijos a mejorar su comportamiento, también se deja entrever preocupación por sus efectos adversos; entre otros, más de la mitad de los niños presentaron pérdida de peso y apetito y el 34% sufrió insomnio.

OCU señala que otros enfoques terapéuticos no están tan extendidos. La psicoterapia ha sido seguida solo por el 32% de las familias afectadas por TDAH, y únicamente el 26% la ha combinado con medicación.

Otro de los aspectos relevantes para OCU es el papel que llevan a cabo los centros escolares y que a tenor de las respuestas de los encuestados resulta claramente insuficiente. Una mayoría de familias, el 53%, considera que su hijo no recibe ningún tipo de apoyo por parte del centro educativo. Esta situación ha motivado a un 16% de las familias con un hijo afectado por TDAH a cambiar a su hijo de colegio en alguna ocasión para intentar mejorar la atención que reciben.

Déficit de atención en niños y adolescentes ¿una enfermedad?

junio 9th, 2016|

En salud mental es muy difícil distinguir conductas normales y conductas patológicas. Los límites no son tan claros como en otras especialidades médicas.

No atender en clase no basta para diagnosticar un trastorno mental o neurológico. Pese a ello muchos docentes derivan a los padres al neurólogo por esta causa.

Por supuesto que lidiar en una clase con cerca de 30 alumnos (o más) no es sencillo y, consecuentemente, si un alumno se sale de la norma, le cuesta mantenerse quieto y callado prestando atención a la clase durante un tiempo prolongado (lo que no sabemos ni siquiera si es sano) y perturba el normal desenvolvimiento de la clase más que otros, es comprensible que el docente prefiera que lo mediquen para tranquilizarlo.

Los test desarrollados para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), en ausencia de otras patologías, sólo pueden confirmar esa presunción diagnóstica ya que se han diseñado para detectar dificultades de atención, impulsividad e inquietud; que es lo que ya percibió el docente o los mismos padres.

Pero cuando se le indica una medicación ¿se hace en beneficio del niño o para aliviar la carga de sus padres y docentes? Porque muchas veces estos síntomas dificultan más la vida de padres y docentes que la del niño.

Riesgos y Beneficios de la medicación para el TDAH (metilfenidato y otros estimulantes)

El metilfenidato, que es la medicación habitualmente indicada para el llamado TDAH, bajo cualquiera de sus nombres comerciales (Rubifen, Concerta, Medikinet, Ritalina) y otras drogas también usadas para este problema son derivados anfetamínicos. Decir que son inocuos es faltar a la verdad. Como casi todos los medicamentos pueden producir efectos adversos: pérdida de apetito, perturbación del sueño y estado de embotamiento entre los más frecuentes. Pero también vértigo, dolor de cabeza, náuseas, nerviosismo, palpitaciones, reacciones cutáneas, alteraciones de la presión arterial, dependencia de tipo anfetamínico, disminución del umbral de convulsiones, entre otros. No estamos exagerando, sólo leemos los prospectos.

Como con cualquier otro medicamento es necesario evaluar riesgos y beneficios. Pero lo cierto es que en la mayoría de los casos producen una mejoría sintomática de corta duración (unos meses) para perder con el tiempo su eficacia. ¿Por qué entonces hay niños, adolescentes y jóvenes que los toman durante años, en algunos casos con efectos secundarios indeseados, sin beneficios observables?

Déficit de atención e hiperactividad, ¿una nueva epidemia?

En los últimos 15 o 20 años los problemas de déficit de atención e hiperactividad (sobre todo en la escuela) han aumentado exponencialmente. No es razonable suponer que asistimos a una epidemia de veloz incremento de trastornos del neurodesarrollo (como los califica el DSM). ¿Acaso no hubo siempre niños distraídos e inquietos? Si ahora son cada vez más debemos suponer que algo se está descomponiendo en la educación y la sociedad más que en el cerebro del niño.

Otra causa, nada sorprendente, del incremento en el diagnóstico de estas patologías es que se han descubierto y comercializado sustancias que supuestamente las curan (en general no lo hacen, pregunten si no a padres y docentes que hayan hecho la experiencia). Diagnosticar a los niños con dificultades para adaptarse a las exigencias académicas (tan exigentes que lo sorprendente es que no haya más niños con este diagnóstico, aunque los habrá, seguro) es un modo de permitirles a las familias acceder a estas medicaciones por medio de la Seguridad Social y a exiguas ayudas estatales.

Hace 30 años era habitual que se les pegara a los niños que no rendían de acuerdo a las expectativas o perturbaban la clase o la vida familiar. Hoy, cada vez más, se los médica. Hemos progresado, pero no es suficiente.

¿Hay alternativas a la medicación?

Por supuesto que las hay. Un psicoterapeuta se supone que está capacitado para escuchar a un niño, trabajar con él, ayudarlo a encontrar la mejor manera de vivir su vida con sus singularidades, orientarlo y, a la vez, ayudar a los padres.

Como complemento de la medicación, o como sustitución de ella, el trabajo mediante la palabra puede ser más eficaz a largo plazo, y evitar el uso de medicación o reducir la duración del tratamiento médico en casos de Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad.

TDA y TDAH. ¿Es la infancia una enfermedad mental?

marzo 8th, 2016|

Trastorno de déficit de atención, hiperactividad, trastorno negativista desafiante, trastornos de aprendizaje y conducta… y hasta 15 diagnósticos más. Desde hace años asistimos a una proliferación de diagnósticos psiquiátricos en la infancia y en la adolescencia y, consecuentemente de la prescripción de medicación.

¿Qué beneficios y qué perjuicios producen estos cambios? ¿Qué consecuencias tienen para el niño, su familia, la escuela y la sociedad? ¿Estamos ocultando otros problemas?

Hablaremos sobre esto con Luis Teszkiewicz, psicoterapeuta de niños y adolescentes de nuestra localidad, Enrique González Duro, psiquiatra, profesor universitario, historiador y escritos con 33 títulos publicados; y Mercedes Babío, del Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica de Pozuelo.

TRAUMA y MÉTODO EMDR

febrero 8th, 2016|

La palabra trauma en griego significa “herida”. El trauma al que nos referimos es una “herida psicológica” que puede ser provocada por diversas situaciones.

La importancia de las causas del trauma no determina la calidad del daño que éste produce. Hay personas que han sobrellevado con bastante entereza psicológica y emocional grandes catástrofes y otras que parecen sucumbir ante traumas de menor envergadura aparente. Porque los efectos de los traumas dependen de cada persona, de su historia y entorno afectivo, del momento en que se hayan producido y de su reiteración a lo largo del tiempo.

UN APUNTE SOBRE SU ORIGEN

En 1987 la psicóloga Francine Shapiro descubrió que ciertos movimientos oculares reducían la angustia producida por pensamientos negativos. Inició entonces una investigación con sujetos traumatizados que concluyeron comprobando que el EMDR reducía de manera significativa los síntomas del Trastorno por Estrés Post Traumático.

En 1994 recibió el Premio a la Destacada Consecución Científica en Psicología otorgado por la Asociación Californiana de Psicología por este método terapéutico.

Desde entonces la práctica EMDR no ha dejado de extenderse a diversos países (especialmente anglosajones) y los más amplios problemas psicológicos: duelos, fobias, trastornos de ansiedad, depresión, TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), Trastornos alimentarios (anorexia y bulimia), trastornos somatomorfos (fibromialgia, cefaleas y otros trastornos psicosomáticos), adicciones, dificultades psicológicas en personas adoptadas, trastornos de conducta, TDA (trastorno por déficit de atención), TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).

¿CÓMO SE TRABAJA EN EMDR?

El abordaje empleado en EMDR se focaliza en tres aspectos:

  • 1) experiencias desagradables de la vida temprana
  • 2) experiencias estresantes del presente
  • 3) pensamientos y comportamientos deseados para el futuro

Psicoterapeuta y paciente conjuntamente identifican un problema específico, el más acuciante, en el que se focaliza el tratamiento. El paciente describe el acontecimiento traumático y es ayudado por el terapeuta a seleccionar los aspectos más significativos y angustiantes del acontecimiento.

El psicólogo o psiquiatra adiestra al paciente a realizar  determinados movimientos oculares rápidos u otra estimulación cerebral bilateral. Mientras los realiza afluyen a su conciencia otros aspectos del recuerdo traumático (algunos aparentemente ya olvidados, pero que continúan ejerciendo un efecto negativo desde el subconsciente) u otros recuerdos. El psicoterapeuta guía el procedimiento para asegurarse que el paciente esté procesando adecuadamente.

La estimulación cerebral bilateral puede ser:

  • a) Visual:el paciente mueve los ojos de un lado al otro guiado por el terapeuta
  • b) Auditiva:el paciente escucha sonidos alternados en ambos oídos
  • c) Kinestésica:el psicoterapeuta golpetea suavemente y en forma alternada sobre las manos o los hombros del paciente.

Una vez localizado el estímulo más adecuado a cada paciente, este estímulo  facilita la conexión entre los dos hemisferios cerebrales permitiendo un nuevo procesamiento de la información almacenada y produciendo la disminución de la carga emocional que acompaña al recuerdo traumático.

El psicoterapeuta guía clínicamente el proceso y orienta hacia la dirección que debe seguir la intervención para ser eficaz. La meta es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático  llevándolo a lo que la Dra. Francine Shapiro llama una “resolución adaptativa”:

  • a) una reducción de los síntomas
  • b) un cambio en las creencias
  • c) la posibilidad de funcionar mejor en la vida cotidiana.

RECONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS DEL EMDR

  • EMDR ha sido reconocida como abordaje eficaz para el TEPT (trastorno de estrés postraumático) por la APA (Asociación Americana de Psicología)
  • Los departamentos de Saluddel Reino Unido, Irlanda del Norte, Holanda, Francia han declarado al EMDR como abordaje de elección para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático
  • El NICE(Instituto Nacional para la Excelencia Clínica) de Gran Bretaña declara al EMDR como uno de los tratamientos de elección con apoyo empírico para el TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático) en adultos.
  • SAMHSA (administración de servicios de uso de sustancias y salud mental) y NREPP (registro nacional de programas y prácticas basados en evidencia) citan a EMDR como una práctica basada en la evidencia para el tratamiento del TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático), la ansiedad y la depresión.
  • LA OMS(Organización Mundial de la Salud) reconoce el impacto mundial de EMDR indicando que este tratamiento psicológico debe ser considerado “para adultos con trastorno de estrés postraumático (TEPT)”

 

Todos los niños tienen talento

noviembre 16th, 2015|

Eduardo Azumendi. El Diario 06/11/2015

“La educación debe estar por encima de todos los gobiernos y de las ideologías”. Esa es una de las máximas de César Bona, que cree que cada niño es un universo y que todos son extraordinarios, con un talento especial. Tan solo es cuestión de descubrirlo y sacarlo. Esa es la principal misión de un maestro, según Bona, quien ha desgranado en una conferencia en Vitoria las claves de su libro “La nueva educación. Los retos y desafíos de un maestro de hoy”.

Para Bona, ser maestro no implica encajonar a los alumnos dentro de un plan de estudios y obligar a seguir los contenidos que puede establecer el currículo educativo de una manera inflexible. “Los educadores deben adaptarse a los niños y no al revés. Hay que motivarles y estimular su creatividad para que hagan que este mundo sea mejor. Los niños no son solo los adultos del mañana: son habitantes del presente. Subestimamos constantemente a los niños y su creatividad, pero todos tienen un talento; solo hay que saber abrir la puerta para que lo saquen. Y ahí es donde intervenimos los maestros, viendo lo que los demás son incapaces de ver”.

La característica que debe definir a un maestro (entendido como el educador que enseña a niños desde Primaria hasta la universidad) es, sobre todo, actitud. “El maestro tiene que ser cada día un ejemplo para sus alumnos, debe ofrecer su mejor versión para así obtener lo mejor de los niños. Los profesores tienen que ser los primeros en dar el máximo y no poner como excusa de sus posibles limitaciones al sistema. Los docentes somos los primeros en ponernos límites”.
Valentía, mente abierta, humildad, curiosidad y amar el medio ambiente son los debates recurrentes en educación. “Si se carga a los niños con deberes, ¿con qué motivación van al día siguiente a la escuela?”, se pregunta Bona, quien subraya la idea de que “los niños no tienen opción de dejar los estudios. Por eso tenemos que lograr que les guste ir a la escuela. Si después de un día largo en el colegio, salen y se encuentran con más deberes los estímulos decaen. Debe haber tiempo para todo”.

Por ejemplo, para alguien que debe inspirar para la vida. Yo no hago nada extraordinario en el aula, solo me divierto y aplico el sentido común. Debemos educar en proyectos y experimentar, sin miedo a lo que digan los inspectores” Para Bona, el gran reto de la educación es hacer a los niños “mejores individual y colectivamente”, pero no más competitivos. “Cuando llegas a un colegio conflictivo como maestro tienes dos opciones: o deprimirte o tomar los problemas como retos. Eso es lo que me paso en mi primera experiencia, en un colegio ubicado en un barrio conflictivo de Zaragoza. Todo cambió cuando les propuse a los alumnos que me enseñaran lo que les gustaba lo que sabían hacer. Se convirtieron en maestros del maestro”.

Bona cree que si un maestro cree que algo es bueno para sus alumnos debe hacerlo, “aunque alguien diga lo contrario. Los obstáculos y la incomprensión que se va a encontrar para poner en marcha nuevos proyectos pueden ser muy grandes, pero es fundamental perseverar”. El tema de cuánto tiempo deben dedicar los niños a los deberes es uno de la lectura, pero no impuesta. “La lectura es un placer, pero se ha convertido en una obligación para los niños. Cuando a mí me obligaban a leer un libro y después hablar de él perdía su atractivo”.

Sobre la idea de si hay que pagar a los profesores en función del éxito o el fracaso escolar de los centros, Bona es contundente. “Yo cobraría lo mismo porque lo importante es el factor humano por encima de los números. Da igual la educación que recibas, las buenas notas que saques si no sabes respetar al que tienes a tu lado”.

Sobre los castigos, también tiene claro lo que hay que hacer. “En mis primeros años he castigado a muchos niños como maestro y no ha funcionado; solo ha servido para proyectar mi frustración. Hay que hablar con ellos, empatizar y convencerlos de que pueden ser un ejemplo para los demás”.

http://www.eldiario.es/norte/euskadi/talento-saber-abrir-puerta-saquen_0_449355473.html

TDA: Rubifén, Concerta, Medikinet, en niños

mayo 18th, 2015|

 

Desde los años 30 del siglo pasado se conocen los efectos positivos sobre la hiperactividad de las anfetaminas, pero su uso no se ha generalizado hasta encontrar un derivado con menos efectos adversos: metilfenidato, que es el principio activo de los conocidos Rubifén, Concerta y Medikinet.

Los efectos secundarios son los propios de un estimulante: nerviosismo, insomnio, disminución del apetito, sequedad de boca, taquicardia o pérdida de peso. Estos efectos secundarios suelen desaparecer espontáneamente al poco tiempo, pero no siempre.

También puede causar una ligera desaceleración del crecimiento en niños. Generalmente se recupera una altura normal en la adolescencia.

Por otro lado, al ser un potente estimulante, puede producir adicción en adolescentes y adultos, cuando el uso y abuso de la medicación escapan al control materno y paterno.

También está contraindicado si el niño presenta mucha ansiedad o agitación, porque sus propiedades estimulantes podrían agravarlas.

En resumen, los potenciales efectos adversos no parecen tan graves como para desechar la medicación cuando su uso esté justificado. Pero el Rubifén, como cualquier otro medicamento, no es inocuo ni carece de efectos secundarios, por lo que es el psiquiatra quien debe establecer si los beneficios esperables justifican los riesgos asumidos.

Es el primer psicotrópico cuyo uso se ha generalizado en niños. Esto ha producido un intenso debate en USA, donde muchos médicos han tomado partido a favor o en contra del uso del medicamento. Así, según algunos respetables profesionales el TDA está subdiagnosticado; mientras que, según otros, igualmente respetables, está sobrediagnosticado, cuando no absolutamente injustificado y, consecuentemente, el uso del MFD injustificadamente extendido.

Ciertos estudios en Estados Unidos establecen que hasta un 5% de la población infantil podría padecer este trastorno. Comparando este dato con el hecho de que “sólo” el 2% de los niños están medicados, podríamos deducir un sub-diagnóstico del 3% de la población infantil (partiendo siempre de la idea de que todo niño con ese diagnóstico debe consumir medicación, algo que es discutible).

Si limitamos el estudio a los niños a partir de los 10 años nos encontramos con que el 10% de ellos está siendo medicado, lo que indicaría un sobrediagnóstico en el 50%  de los casos en niños de esa edad.

El diagnóstico y tratamiento farmacológico se están extendiendo en el mundo. Dentro del mundo de habla hispana, España y Argentina se acercan rápidamente a los índices de medicación norteamericanos.

Muchas veces nos basta una entrevista para establecer la simple comprobación empírica de que ese niño, que supuestamente padece un déficit de atención de causa orgánica, ha mantenido su concentración durante los 30’, 40’ o 50’ que dura la entrevista. Sean cuales sean sus dificultades, lo más probable es que sean emocionales y no un TDA. Esos niños podrían haber recibido un tratamiento médico innecesario, algo que en ningún caso es recomendable.

En USA, por recomendación de la Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA), se ha incluido una advertencia en los envases de estos fármacos por su potencial peligrosidad. La FDA ha actuado por la preocupación por los efectos a largo plazo sobre el sistema cardiovascular, dado que se han encontrado cambios menores pero estadísticamente significativos en la presión sanguínea y el ritmo cardiaco. En su recomendación podría también haber influido otra preocupación: la de que docentes y padres presionen a los médicos a indicar la medicación en los casos de niños de difícil manejo, aún cuando no padezcan el trastorno para el que el MFD está indicado. A partir de esta advertencia de la FDA se ha reducido significativamente en USA la prescripción de MFD sin que se hubieran producido nuevos descubrimientos sobre el trastorno ni sobre la medicación.

Conclusiones:

1 – El Trastorno por Déficit de Atención (TDA) o Trastorno Hipercinésico, pese a ser reconocido por la Asociación de Psiquiatría Americana y la Organización Mundial de la Salud, continúa siendo un diagnóstico controvertido por:

a – Pese a haber transcurrido más de un siglo de existencia del diagnóstico no ha llegado a demostrarse su origen orgánico en forma irrefutable.

b – El diagnóstico incluye valoraciones cuantitativas, subjetivamente interpretables

c – El que un niño sea distraído o inquieto, sus síntomas más característicos, puede responder a diversas causas y requerir diferentes tratamientos.

2 –El metilfenidato ha demostrado su eficacia en la reducción de la inquietud motora y el aumento de la atención, la memoria y la capacidad de concentración tanto en niños como en adultos, con diagnóstico de TDA o sin él, por lo que su eficacia no es una prueba diagnóstica.

3 – Por lo tanto parece indicada su prescripción en aquellos casos en que no se hayan conseguido suficientes progresos con otras alternativas terapéuticas basadas en la palabra y el juego

4 – No parece indicado, en cambio, como tratamiento de primera elección.

5 – Tampoco como sustituto del tratamiento terapéutico al que, en todo caso, debe acompañar.

 

El psiquiatra que “descubrió” el TDAH confesó antes de morir que “es una enfermedad ficticia”

mayo 25th, 2013|

http://www.bebesymas.com/

A la psiquiatría hace tiempo que se le ve el plumero. Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada. Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de Pediatría DSM (la biblia de los psiquiatras) y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de la salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.

El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la población alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”.

Los inicios del TDAH

Los primeros intentos por tratar de explicar que había niños con TDAH sucedieron en 1935. Por aquellos tiempos, los médicos habían tratado por primera vez a niños de primaria con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse en lo que se les pedía, bajo el diagnóstico de síndrome post-encefálico. Fue un intento que no cuajó porque claro, la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.

En los años sesenta apareció el protagonista de nuestra historia, Leon Eisenberg, quien volvió a hablar de dicha enfermedad, pero esta vez con otro nombre, “reacción hipercinética de la infancia”. Bajo dicho diagnóstico pudo tratar a alumnos difíciles, probando diferentes psicofármacos con ellos. Empezó con dextroanfetamina y luego utilizó el metilfenidato, droga con la que consiguió su objetivo y que hoy en día prevalece como tratamiento de elección: los niños enérgicos se transformaban en niños dóciles.

En el año 1968 se incluyó la “reacción hipercinética de la infancia” en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y desde entonces forma parte de dicho manual, sólo que ahora recibe el conocido nombre de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

El logro de Eisenberg y sus colaboradores fue conseguir que la gente creyera que el TDAH tiene causas genéticas, que es una enfermedad con la que se nace. Él mismo dijo, junto con las palabras en que decía que era una enfermedad inventada, que la idea de que un niño tenga TDAH (entendemos que la idea de que un niño sea muy movido y sea un alumno problemático) desde el nacimiento estaba sobrevalorada. Sin embargo, al conseguir que esto calara en la población y en los padres, el sentimiento de culpa desaparece, los padres se sienten aliviados porque el niño ha nacido así y el tratamiento es menos cuestionable. En 1993 se vendieron en las farmacias alemanas 34 kg de metilfenidato. En el año 2011 se vendieron 1.760 kg.

El conocido psiquiatra, que llegó a hacerse cargo de la gestión del servicio de psiquiatría en el prestigioso Hospital General de Massachusetts en Boston, donde fue reconocido como uno de los más famosos profesionales de la neurología y de la psiquiatría del mundo, decidió confesar la verdad meses antes de morir afectado de un cáncer de próstata, añadiendo que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de determinar las razones psicosociales que pueden producir problemas de conducta. Ver si hay problemas con los padres, si hay discusiones en la familia, si los padres están juntos o separados, si hay problemas con la escuela, si al niño le cuesta adaptarse, por qué le cuesta, etc. A todo esto añadió que, lógicamente, esto lleva un tiempo, un trabajo y acompañado de un suspiro concluyó: “prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido” (a lo que yo añadiría “y mucho más ventajoso para el negocio de la psiquiatría”).

El negocio de la psiquiatría

Como he dicho al principio de la entrada parece que la psiquiatría es un monstruo capaz de llevarse cualquier cosa por delante, con un hambre voraz, que no se detiene y que hará todo lo posible por tratar de conseguir que toda persona sana acabe tomando una u otra medicación para tratar su (no) enfermedad. Se les ve el plumero, y una prueba más de ello es que ya existe la próxima enfermedad que será difundida por toda la infancia: el trastorno bipolar o enfermedad maníaco-depresiva.

Hasta los años noventa era una afección desconocida en los niños. Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, hasta el punto que las visitas por este trastorno se han multiplicado por 40 en menos de diez años, siendo muchos de los “enfermos” niños de dos y tres años.

Uno de los responsables de la llegada del trastorno bipolar a EE.UU. es el psiquiatra Joseph Biederman, que lleva años haciendo estudios y conferencias sobre el tema y que recibió 1,6 millones de dólares entre el año 2000 y el 2007, procedentes de las farmacéuticas que fabricaron los medicamentos para dicho trastorno, al parecer para dedicarlos a seguir investigando la enfermedad.

Pero esto no es todo. Para conocer el alcance real del negocio de la psiquiatría, para ver hasta qué punto se inventan las enfermedades para luego poder dar los fármacos que ya existen, un estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove reveló que, de los 170 miembros del grupo de trabajo del DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), es decir, los que hacen el manual de psiquiatría de referencia mundial, 95 (el 56%) tenía una o más relaciones financieras con las empresas de la Industria Farmacéutica.

¿Existe el TDAH?

 

Yo no sé si existe o no existe (y eso que el que la inventó dice que no), ni tampoco me toca a mí responder a esta pregunta, sin embargo estoy seguro de que son muchos los niños diagnosticados cuyo único pecado ha sido ser demasiado movidos, o ser demasiado insistentes a la hora de demandar de sus padres un poco más de atención. Ya hace más de dos años os ofrecí dos entradas en las que explicaba cómo se diagnostica el TDAH, para que vierais que no existe ninguna prueba diagnóstica de ningún tipo que determine que un niño tiene el mencionado trastorno. Todo se hace en base a la observación y en base al cumplimiento o no de unos criterios o parámetros que los niños normales deben hacer.

Ahora bien, ¿qué es ser normal? Krishnamurti dijo que “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, así que quién sabe, quizás los niños que se rebelan ante el intento de domesticarles, aquellos que no soportan estar sentados escuchando cosas que no les interesan, aquellos que preferirían poder decidir qué hacer en sus vidas en todo momento, aquellos que quieren probarlo todo y no dejarse nada, quizás sean al fin y al cabo los más cuerdos.

No digo que ninguno de estos niños no tengan nada. No digo que no necesiten ayuda, porque es muy probable que muchos de ellos tengan muchos problemas, pero nunca he creído en la existencia de un trastorno que afecte al 10% de los niños y mucho menos he creído en la cura milagrosa del metilfenidato, porque si bien los niños cambian su comportamiento, los problemas que hicieron que el niño funcionara de un modo no aceptado siguen ahí.